Naciones Unidas.- El interés de Panamá en el rol de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en el mantenimiento de la paz y la defensa de la democracia y los derechos humanos, centrarán el discurso que hoy pronunciará el vicepresidente de Panamá, Arturo Vallarino, ante la Cumbre del Milenio que se celebra en la sede del organismo mundial.
Vallarino llegó ayer en la tarde para sumarse a los 155 jefes de Estado y Gobierno en una concentración de poder sin precedentes en la historia, para expresar el apoyo de la comunidad internacional a la ONU en el umbral del siglo XXI.
Con su presencia, los mandatarios señalan su aprobación al plan de reforma de la ONU y la creación de vías para la globalización de la agenda propuesta por el secretario general del organismo, el africano Kofi Annan.
Confiado de la aprobación universal del documento, Annan espera que con sus 55 años de historia, la ONU logrará en este siglo perpetuarse como la institución básica en la arena internacional.
Sin embargo, algunos organismos, como el "South Center" que representa a países de Latinoamérica, Asia y Africa con oficinas en Ginebra, consideran que el plan tiende a exonerar a los países ricos de sus obligaciones y a cerrar el cada vez más creciente abismo que se viene creando con las naciones más empobrecidas.
Desde ayer comenzaron a llegar la avalancha de reyes, presidentes y primeros ministros que se congregarán en la sede de la ONU en las orillas del East River de Manhattan para dos días de reuniones.
La conferencia requiere además la asistencia de 8.000 policías y 1.300 vehículos para la movilización de la mayor concentración de mandatarios "en la historia humana", según la superlativa retórica empleada por los organizadores de la que se ha dado a llamar Cumbre del Milenio.
"Un centenar de manifestaciones, 1.500 millones de dólares en gastos extraordinarios de seguridad y la madre de todos los atascos de tráfico," informa Pedro Rodríguez, el enviado del matutino madrileño ABC. "Este es el panorama al que se enfrenta la ciudad de Nueva York durante esta semana por servir como sede de la ONU una organización que, como su cuartel general está necesitada de urgentes y carísimas reformas".
Además de copar todos los mejores hoteles en Nueva York y convertir la ciudad en una fortaleza atascada, la Cumbre del Milenio tiene una agenda tan ambiciosa como su récord de asistencia.
Gacias a la previsión del embajador de Panamá ante la ONU, Ramón Morales Quijano, Vallarino se convirtió en uno de los líderes más afortunados, ya que pudo alojarse en el prestigioso hotel Waldorf Astoria, mientras que otros, como el presidente Jorge Batlle, de Uruguay, tuvieron que quedar satisfechos con alojamientos más modestos como son los hoteles de las avenidas Madison y Lexington, también a pocas cuadras de la sede de la ONU.
"Sabía que esta iba a ser una situación caótica", confió Morales al enviado de El Panamá América, "por lo que me anticipé e hice la reserva en enero".
Junto a centenares de reuniones bilaterales y los discursos teóricamente de cinco minutos ante la Asamblea General, los líderes convocados van a participar en una serie de discusiones a puerta cerrada.
Para sorpresa de nadie, el incontenible Hugo Chávez avisó al secretario Kofi Annan que el presidente de Venezuela requeriría de "por lo menos 30 minutos" para dejar su mensaje ante la Cumbre.
De estas reuniones sin protocolo se espera que salga una guía para la reforma de la ONU y acometer retornos sin fronteras como la lucha contra la pobreza, la defensa del medio ambiente o la contención de guerras y conflictos étnicos.
Con una agenda extremadamente ambiciosa, sobre todo y nada, la Cumbre del Milenio se enfrenta antes de comenzar sus sesiones oficiales a numerosas críticas por correr el riesgo de convertirse en otro inútil despilfarro que sólo beneficiará a las selectas tiendas y hoteles de Manhattan. Los propios organizadores reconocen que es muy, muy tentador caer en posiciones de cinismo ante este tipo de despliege faraónico.