Cinco dueños de quioscos situados a un costado del sitio donde se precipitó el SAN 100, enfrentan una nueva situación económica para esta semana.
En la esquina de calle Q y la Avenida Central, está el puesto de ventas de Diego González, dedicado a la venta de comestibles, refrescos y llamadas telefónicas, entre otra variedad de productos.
"Necesito cinco mil dólares para reabrir el negocio", manifestó este vendedor, que estuvo sin una fuente de sustento fijo durante cuatro meses, que se cumplen hoy.
A pesar de ello, González no se detuvo y tomó parte de acarreos hacia la provincia de Darién.
Según sus cifras, el negocio llamado buhonería, le representa ganancias por 2 mil 400 balboas mensuales.
Al hacer un balance de la ayuda brindada por el Gobierno Nacional, estimó que fueron 400 balboas entre cheques y bonos de comida, lo recibido durante la clausura temporal de su micro empresa.
Pero no sólo el financiamiento para reabrir los negocios es la preocupación de los vendedores, sino también los tres meses de electricidad, agua e impuestos.
A ello se suma la corrosión de los techos y el espacio reducido para transitar, dado que una mampara de alambre de ciclón les separa de la base del edificio impactado.
González, como otra decena de vendedores de Calidonia, jamás pensaron que sería una aeronave la encargada de interrumpir la vida económica del sector, en la hora más trágica del presente año.
La tarde del 29 de mayo, el helicóptero SAN 100 se precipitó sobre el almacén Banana Price con sus doce ocupantes.
Allí perdieron la vida once personas miembros delos cuerpos policiales de Chile y Panamá, mientras regresaban de una gira de trabajo en Colón.
Sólo el copiloto, Hernaldo Carrasco, del Servicio Aéreo Nacional, sobrevivió al impacto de la nave, que estaba en servicio desde la década de 1970.
Por otra parte, los vendedores esperan que se defina la indemnización que será pagada por la aseguradora a los afectados.