Nación

Viglietti otra vez junto a Benedetti

En más de una ocasión el público se puso de pie para aplaudirle al guitarrista.


“Mario me confesó que le gustaba escribir escuchando música(…) Pero sólo instrumental, la guitarra era su instrumento favorito”, fueron las primeras palabras de Daniel Viglietti, durante el musical en honor a Mario Benedetti.

En una silla, en la tarima del teatro La Huaca del centro de convenciones Atlapa y con el instrumento  predilecto del escritor, esta vez  Viglietti no compartía el escenario con quien antes hacía un solo de guitarras a dos voces.

En tono campechano, pero con cierto matiz de melancolía, el guitarrista inició el musical con anécdotas sobre su compañero, quien falleció hace más de un año.

 

Antes de que los dedos de Viglietti acariciaran las cuerdas de su pareja de tablas, se refirió a los años 60’, cuando era compañero de Benedetti en un semanario de su natal Uruguay.

Luego sus ágiles manos hicieron que las notas invadieran el recinto.  Cantó la versión original de “Cielito”.

Y así entre cada pieza, con tono alegre pero calmo, este músico sacaba de su mente aquellos recuerdos del literato.  Daba la impresión que ser una experiencia tan personal entre él y su amigo, donde el público era sólo eso, mero espectador.

 

Recordó el exilio, también a Soledad Barret  -esa amiga que tenían en común- a quien ambos le compusieron, uno un poema, el otro la música.  Esa creación se tituló “La muerte de Soledad”.

Benedetti siempre lo sorprendía con una nueva muestra de inspiración y él procuraba proporcionarle la melodía.

En medio de remembranzas el espectáculo continúo.  Entre veces se escuchaba la voz de fallecido poeta recitando algunos de sus versos.  Sí, la magia de la tecnología hizo el encuentro más íntimo.  Un año después de la muerte del escritor ahí estaban las dos voces juntas nuevamente.

 

Para Viglietti, la relación que Mario tenía con el género canción quedó confirmada cuando giró la colección “A viva voz”.  El autor compuso para distintos trovadores, en la que también lo incluyó a él,  pero para nombrar su álbum le preguntó cómo quería llamarla.  Como el guitarrista tenía plena confianza en la capacidad de su compañero prosista le dijo que el nombre quedaba a disposición suya.  Y Benedetti eligió “Ana Clara”.

Al son de exquisitos tonos se dejaron escuchar reminiscencias del “Che”, críticas a la dictadura, entre otros llamados sociales.

Aquellas frases tan de Benedetti, hoy en voz de su acompañante musical, que con mucho humor dejaban ver su inconformidad con ciertas tendencias nacionales.

 

Esa nostalgia revuelta con regodeo, dejaron claro que los muertos se mueren cuando las personas las olvidan.  En el caso de Mario Benedetti hay mucho que evocar, asegurando así su perpetuidad literaria.


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594541
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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