Brasilia- La visita del general retirado Barry McCaffrey a Brasil la última semana pasó casi desapercibida y sin contratiempos, comparado con los grandes titulares y el clima de tensión que generó en otros países del continente, especialmente en Argentina.
Contrario a las agudas advertencias sobre la crisis colombiana que expresó durante su estadía en Perú y Ecuador, el jefe de la campaña antidrogas del presidente Bill Clinton trató de restarle dramatismo a una gira que algunos periódicos interpretaron como preludio a una posible acción militar de Estados Unidos para evitar que el crítico país andino caiga en poder de la guerrilla y el narcotráfico.
Para el alivio de la diplomacia brasilera, que no participa de ese tipo de alarma en sus relaciones con Colombia, McCaffrey fue "discreto y moderado" en sus entrevistas con el presidente Fernando Henrique Cardoso y el canciller Luiz Felipe Lampreia, fuentes oficiales informaron al enviado de El Panamá América.
Por otra parte, un portavoz de la embajada de Estados Unidos manifestó, "El general McCaffrey vino más bien a escuchar que a reiterar sus puntos de vista de cómo se debe conducir la campaña continental contra la amenaza del narcotráfico.
"En lo que respecta a la lucha regional antidrogas, " señaló el funcionario, "el general enfatizó una vez más que el reto del narcotráfico y el contrabando de armas ha aumentado desde el momento en que se cerró la base de Howard en Panamá, por lo que se ha vuelto necesario considerar nuevas estrategias para rellenar ese hueco".
Este es el mismo argumento que McCaffrey viene esgrimiendo desde hace casi un año tras el fracaso de las negociaciones con el gobierno panameño del presidente Ernesto Pérez Balladares y del día a la mañana Estados Unidos, cumpliendo con el Tratado Torrijos Carter para la devolución del Canal y las bases militares a Panamá, para conseguir más fondos del Congreso y mayor colaboración del Pentágono para la lucha antidrogas."
Por otro lado, el portavoz se apresuro a añadir que el gobierno de Washington "no tiene ni la más remota intención de presionar a Colombia para que encuentre una solución militar" a la lucha con la insurgencia y con el consumo y tráfico de drogas ilícitas.
Y sobre Colombia, el general subrayó una vez más de que este no era un problema inventado de Estados Unidos, sino que le corresponde a toda la región apoyar los esfuerzos de Pastrana por contener las guerrillas y el narcotráfico, especialmente en el difícil y frustrante proceso de paz.
Nada de la "ponderada presentación" de McCaffrey a los líderes brasileños fue interpretado como una injerencia en los asuntos nacionales de Colombia ni como presión al gobierno de Brasil para que participe en una "acción multilateral" como lo vienen sugiriendo los periódicos argentinos, dijo la fuente.
Cierto que antes de llegar a Brasilia el general en retiro había mantenido que "es claro que el problema se desborda de las fronteras de Colombia".
Lo sorprendente es que en Brasil, país que comparte una frontera de 1,600 kilómetros con Colombia, mantiene una actitud desapasionada y discreta frente a los problemas internos del país vecino.
Por cierto, ni el gobierno ni el público brasilero parecen compartir la agitación que se ha creado durante los últimos meses cuando ciertos órganos de prensa, desde Miami hasta Buenos Aires, comenzaron a especular de que Estados Unidos estaría preparando una intervención militar contra las FARC y los grandes centros del narcotráfico, con un claro aval del presidente argentino Carlos S. Menem.
Al contrario, tanto en los círculos diplomáticos como entre observadores académicos consideran que a crisis institucional que se perfila en Venezuela podría llegar a ser más grave aún que la situación que enfrenta Pastrana, cuyo país todavía tiene una estructura política y social dedicada a soluciones democráticas, a la vez que el jefe de Estado colombiano no ha demostrado ninguno de los síntomas autoritarios que parecen caracterizar a su homólogo venezolano, Hugo Chávez.
Por otro lado, en la vecina Argentina, la visita del "zar antidrogas" dejó una estela de rencores políticos. Tratando ser "políticamente correcto" y escrupulosamente imparcial en su citas en Buenos Aires, a dos meses de las elecciones presidenciales, McCaffrey se entrevistó con los candidatos de la Alianza y del duhaldismo, además de Menem.
El resultado fue un pequeño escándalo político, pues ambos repudiaron las críticas de Menem al proceso de paz que su homólogo, Andrés Pastrana, se comprometió a desarrollar con las FARC así como con las reiteradas ofertas de Menem de enviar tropas argentinas a la región.