Nación

Vivir con una enfermedad silenciosa


Desde su nacimiento hasta los siete años, la vida de Kasandra Alba transcurría normalmente como la de cualquier otra niña de su edad. Pero esa tranquilidad se vería alterada al descubrirse que padecía una de las enfermedades más crueles que hay: la diabetes tipo I.
Su madre, Eufania De Gracia, recuerda los primeros síntomas de la enfermedad. Kasandra fue perdiendo peso, su sed era constante, así como sus ganas de orinar. Ante esto, ella y su esposo Marco Alba, buscaron ayuda médica, pero los galenos no daban con la enfermedad y la niña cada vez empeoraba.
Luego de muchas visitas al médico y que incluso entrara en estado de coma por casi 25 días, un doctor del Complejo Hospitalario de la Caja de Seguro Social mandó que se le hiciera un examen de glicemia en donde se determinó que tenía niveles de azúcar superiores a los 500 mg/dl.
Como cualquier otra familia que recibe una noticia como esta, empezaron a identificar de dónde provenía esa predisposición a la diabetes en Kasandra, así se determinó que en la familia de Eufania había parientes por parte de su padre que padecían la enfermedad.
Luego seguiría la explicación, qué cuidados se tenían que tener, cómo inyectarle la insulina y en qué áreas. Todo ese proceso fue un entrenamiento para los esposos Alba - De Gracia, quienes también contaban con dos pequeños gemelos de dos años, que hoy a sus once años, afortunadamente, no se les ha detectado la enfermedad.
El Dr. Jesús Grimaldo atendió el caso de Kasandra y recomendó a la familia un sicólogo, porque el enfrentarse a esa realidad era un paso muy difícil. "Fue un golpe muy fuerte para nosotros, porque creíamos que esto sólo le sucedía a los adultos y personas obesas" destacó Eufania.
Los hábitos alimenticios cambiaron radicalmente. Una nutricionista les indicó qué cantidad de calorías debería consumir la niña. Obviamente, que por su situación económica en la casa no se podía hacer dos comidas distintas, así que todos adoptaron la dieta de Kasandra.
Desde esos días hasta el presente, Kasandra tiene que medir diariamente sus niveles de azúcar en un reflectómetro y cuatro veces al día inyectarse insulina.
Para los padres de Kasandra lo más difícil es tener que inyectarla diariamente. "Es duro agarrar una aguja y que tu propia hija te cuestione ¿mamá por qué yo? Eso te hace vivir momentos muy difíciles", dijo su madre.
Tanto hija como madre se atienden con la misma sicóloga. En el caso de Eufania, porque aún no se resigna a pensar que a pesar de que desde los dos años le dio pecho a su hija para protegerla de cualquier enfermedad, nunca se imaginó que una enfermedad como la diabetes le arrebataría la salud que siempre añoró para su hija.
Mientras que para Kasandra lo más difícil es tener que decirle no a muchas cosas que le gustaría comer, como las golosinas, para su padre, Marco lo es precisamente comprender por qué lo hace, incluso a escondidas de ellos, para luego ponerlos en corredera.
Todos estos años de lucha contra la enfermedad les han enseñado a identificar cuándo se puede presentar una crisis. "Si sus ojos se ponen más pequeños, si su temperamento cambia y se vuelve enojada, sabemos que tiene el azúcar alta", sentenció Eufania.
Pero en su afán por mantener la dieta de la niña, Marco recuerda que un día el azúcar se le bajó y le dio una hipoglicemia. Según su opinión, los especialistas se concentraron en explicar sobre los niveles altos y se les olvidó advertirles sobre los niveles bajos. Así los padres de Kasandra han aprendido, como ellos mismos señalan "a punta de golpes".
Kasandra ha tenido tres recaídas, la primera cuando se le descubrió la enfermedad a los siete años. La segunda fue a los once años y la última hace tan sólo una semana que estuvo en observación porque sus niveles de azúcar eran de 659 mg/dl. Una fuerte infección le descompensó su azúcar, le causó fuertes dolores de cabeza y fiebre.
Para lograr una mayor responsabilidad en su hija, Eufania ha recurrido a métodos no muy ortodoxos, como llevarla al hospital a observar cómo un tío murió por una insuficiencia renal a causa de una diabetes mal cuidada.
Pero pareciera que esos métodos han dado resultados, Kasandra ahora no oculta su enfermedad, ya se lo ha hecho saber a sus profesores y compañeros de clase, a quienes incluso instruye sobre qué es la diabetes.
Su consejo para otros niños y jóvenes que padecen de esa enfermedad es que cuiden su boca y que siempre se controlen porque "los resultados de no hacerlo son muy graves".
El mayor problema que la familia ha encontrado es cuando no hay insulina ni jeringuillas en la CSS. Las jeringuillas que usualmente dan son muy gruesas y dejan huecos en la piel, por ello la familia ha recurrido a comprar la "ultra fine" que tiene la aguja más delgada.
Cuando no hay en la CSS, la familia invierte B/. 36.00 en insulina, B/. 13.00 en una caja de 100 jeringuillas y B/. 50.00 en cinta reactiva. Esta última obtenida en Estados Unidos gracias al apoyo del gerente de compras de Riba Smith donde laboran Eufania y Marco.
Eufania señala que gracias a Dios tiene jefes muy comprensivos que la han apoyado en los momentos difíciles permitiéndole estar con su hija cuando se han presentado las crisis.
Pero los Alba - De Gracia en medio de su problema han sabido compartir lo poco que tienen con los demás. Así todas las navidades compran turrones y alimentos recomendados para los diabéticos y Kasandra se encarga de regalarlos a los pacientes del Hospital Santo Tomás.
El hecho de que la enfermedad haya aparecido en un miembro de la familia es una especie de plan que Dios tiene para con ellos, de poder ayudar a familias que se inician en este difícil vía crucis que es convivir con la diabetes.
Kasandra estudia el II año A en el Colegio Gastón Faraudo P. y ayer cumplió sus quince primaveras, siendo más consciente y responsable de su enfermedad. Para ella mil Felicidades y bendiciones.
Hay dos tipos de diabetes (tipo I y tipo II). La más común es el tipo II que representa el 90% de los diabéticos y que es usual en personas adultas, aunque últimamente por factores alimenticios se presenta en niños de 15 años; mientras que la diabetes tipo I (insulino dependiente), se presenta generalmente en los niños, advirtió el endocrinólogo, José Montenegro.
Montenegro señaló que la herencia que pueda presentarse en un familiar con diabetes tipo II, no incide en la presencia de diabetes tipo I, ni viceversa. Por lo tanto, la predisposición para una y para la otra es muy distinta.
En cuanto a la diabetes tipo I, la herencia sí cuenta, pero en menor grado. El especialista puso como ejemplo que si uno de los padres padecen de diabetes tipo I, la probabilidad de que uno de los hijos padezca de la enfermedad está entre el 4 al 8%. Por otro lado, si los padres no tienen la enfermedad esto no quiere decir que sus descendientes no la padezca.
Lo que sucede en la diabetes tipo I es que el sistema inmunológico desencadena un ataque de producción de anticuerpos contra las células beta o células productoras de insulina del páncreas.
Este ataque se desencadena en parte por una predisposición hereditaria, pero a ello se le agrega un factor desencadenante. Entre esos factores los más comunes son las infecciones virales. El endocrinólogo dijo que hay víruses que tienen predilección por atacar las células beta del páncreas.
Hay otros que desencadenan reacciones contra esos víruses, que incluso tiene estructuras similares a las células beta, y eso hace que el sistema inmunológico del cuerpo en vez de atacar el virus, ataque a las células beta. A esto se le conoce como enfermedad autoinmune.
Dentro de los víruses conocidos y que se relacionan con el desarrollo de la diabetes tipo I están: el Coxakie tipo B y el virus de la papera (parotiditis), entre otros.
El promedio de aparición de estos virus está entre la pubertad, es decir, de 12 a 14 años, pero puede ser tan temprano como a los tres meses o tan tarde como a los 30 años, señaló Montenegro.
Por otro lado, destacó que hay un grado de predisposición en el uso de leche de vaca en niños menores de seis meses de edad, cuando su sistema inmunológico es inmaduro y tienen antecedentes en la familia.
El médico recomendó que en el caso de tener antecedentes familiares con diabetes tipo I, las madres alimenten a sus hijos con leche materna o con leche maternizada (de origen de soya).

Cuando la diabetes tipo I se presenta el cuadro clínico es tan aparatoso que se reconocerá.
Montenegro señaló que a este cuadro clínico se le conoce como hiperglicemia y tiene como síntomas: Presencia de mucha sed (el niño pide tomar líquidos constantemente), el niño orina con mucha frecuencia en grandes cantidades (comienza a mojar la cama cuando ya habían dejado de hacerlo), pierden peso de manera inexplicable, se ve muy cansado y en algunos casos se puede dar un aumento importante en el apetito. En estos casos el doctor Montenegro recomendó llevar al niño a un médico lo antes posibles.
En casos extremos, los niños caen en un cuadro conocido como Cetoacidosis diabética, que se caracteriza por: El aumento de los síntomas anteriores, ocurre un estado de deshidratación, náuseas, vómitos, pérdida del apetito, respiración muy rápida y profunda, deterioro y pérdida de la conciencia, y grado de somnolencia, estupor e incluso un estado de coma. En estos casos hay que acudir inmediatamente a un cuarto de urgencias.
La diabetes es una enfermedad que no se cura, pero sí se logra controlar. Se habla de diabetes cuando la persona tiene niveles de glucosa en sangre de 126 mg/dl o más (en estado de ayuno) o de 200 mg/dl o más (si se ha ingerido alimentos).
  • Alimentación: Un especialista en nutrición indicará cómo adecuar el número de calorías diarias a su edad, talla y peso.

    • El 50% de esas calorías deberán provenir de los carbohidratos (arroz, maíz y papas), un 20% de las proteínas (carnes) y un 30% de las grasas (contenidas en los alimentos).

    • Se evitarán los alimentos fritos y con mucha grasa.

    • No se utilizará azúcar común.

  • Ejercicio: Los niños con diabetes deberán hacer ejercicios con alguna rutina, siempre y cuando su glicemia esté controlada. Si el azúcar está por encima de 200 mg/dl no deben hacer ejercicio.

  • Educación: Padres y familiares deberán ser educados sobre: qué es la diabetes, sus cuidados y su tratamiento.

  • Medicamentos: La diabetes tipo I sólo se trata con insulina en dosis de dos a cuatro veces al día, dependiendo del tipo de diabetes y del paciente (peso, alimentación y actividad física).


La crisis más común es la hipoglicemia (azúcar baja en niveles de 40 mg/dl), producto de que el niño no comió adecuadamente, hizo demasiado ejercicio o se inyectó insulina en exceso.
El paciente de forma rápida suda copiosamente, se dan alteraciones en el estado de conciencia e incluso puede perder el conocimiento, se presenta una sensación de hambre, palpitaciones o taquicardia y temblor en las manos.
Recurrir a un alimento azucarado e introducirlo en la boca del diabético (agua con azúcar, miel, pastilla o jugo); si puede consumir alimentos se le debe dar; si está inconsciente y no puede tragar los alimentos, se deberá utilizar azúcar o miel en los dedos e introducirlo por los carrillos. Posteriormente, cuando recupere la conciencia darle alimentos; se deberá identificar qué causó la hipoglicemia y corregirlo y medir sus niveles de azúcar en un reflectómetro.
La otra crisis es la hiperglicemia (azúcar alta), cuyos síntomas ya fueron enumerados anteriormente.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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