La Justicia de Argentina se negó hoy a liberar a Carlos Robledo Puch, considerado el mayor asesino de la historia criminal del país, que lleva 36 años en la cárcel después de cometer, entre otros delitos, 11 homicidios y una violación, informaron fuentes judiciales.
La Cámara Penal de San Isidro dictó la medida al asegurar que el "Ángel negro", uno de los apodos que en su día le puso la prensa, nunca demostró en la cárcel interés por estudiar o trabajar, y carecerá de contención fuera del penal.
El tribunal también ordenó a Robledo Puch, de 57 años, que se someta a un tratamiento psicológico.
El reo, que tiene en su haber 11 homicidios, 17 robos, una violación y dos secuestros, había pedido en mayo último al Servicio Penitenciario Bonaerense que le concediera la libertad condicional, con el argumento de que hacía ocho años que estaba en condiciones de solicitar ese beneficio.
Desde entonces nuevas pericias psiquiátricas arrojaron resultados negativos para Robledo Puch y determinaron que desde el 2001 sufre "brotes psicóticos y tiene una personalidad perversa y agresividad contenida".
Carlos Robledo Puch fue condenado a reclusión perpetua en 1980. La Justicia le concedió como cumplidos los 25 años de cárcel en 1995 y, con ese cómputo, en julio del 2000 quedó habilitado para pedir la condicional.
El "Ángel negro" nació el 22 de enero de 1952 en la localidad bonaerense de Olivos. De familia con recursos, había estudiado piano, inglés y alemán.
Antes de cumplir 20 años ya había asesinado a 11 personas, lo que llevó a la prensa de la época a calificarle también de "Bestia humana" y "Muñeco maldito".
El último de los crímenes de Robledo Puch es recordado tanto por su ferocidad como por el error que le valió la detención.
Tras entrar en una ferretería para robar en la madrugada del 3 de febrero de 1972 y de matar al vigilante del local, discutió con su cómplice y también lo asesinó de un balazo.
Después quemó la cara y las manos de su secuaz con un soplete para evitar que lo identificaran, pero olvidó sacarle los documentos de identidad. El nombre de Héctor Somoza llevó directamente hasta Robledo Puch, destacan las crónicas de la época.
En julio de 1973, se escapó de la cárcel, pero dos días después fue encontrado y apresado en un bar.
En el penal bonaerense de Sierra Chica, donde está, todavía se recuerda uno de los brotes psicóticos que padeció en 2001: se disfrazó con unas gafas y una capa, y quemó un taller diciendo que era Batman.
También han quedado en la memoria colectiva algunas de las frases que dijo durante el juicio.
Al recordar el primero de sus crímenes, cometido en marzo de 1971 cuando asaltó una discoteca, se mencionó que Robledo había matado a dos guardaespaldas mientras dormían. "¿Qué querían, que los despertara?", dijo él.
"Esto fue un circo romano. Algún día voy a salir y los voy a matar a todos", fueron sus últimas palabras ante el tribunal de la localidad bonaerense de San Isidro que lo condenó.