Dos niños iraquíes, que yacen desamparados en un hospital con sus vientres sangrando por las heridas de metralla, fueron mostrados ayer como muestra de que gente inocente también es víctima de los bombardeos estadounidenses y británicos. Omar y Saad, miembros de una familia de 12 personas, fueron admitidos en el hospital de Yarmouk, ubicado al oeste de Bagdad.
Los funcionarios iraquíes dijeron que tres personas murieron y 200 resultaron heridas durante las incursiones nocturnas del viernes, en las que según los militares estadounidenses los blancos estaban seleccionados para evitar daños a no combatientes.