No hay lugar para el descanso


La candidata presidencial saltaba sobre zanjas repletas de aguas negras, mientras su sonrisa y su mirada se dirigían a quienes la medían, entre socarrones e incrédulos, como preguntándose si sería capaz de darse un baño de pueblo sin claudicar.
Allá, en Brooklincito, en el Circuito 8-7, Mireya Moscoso caminaba tan rápido como sus piernas y los obstáculos se lo permitían, dando la mano, saludando con una sonrisa, repartiendo botones y vasos alusivos a su campaña presidencial.
La ropa tendida en los improvisados tendederos arropaban su cara mientras pasaba guardando el equilibrio sobre las angostas veredas, bajo las cuales se acumulaban las aguas negras a falta de un alcantarillado sanitario.
La pobreza mostraba su mejor cara a la candidata que busca sentarse en la silla presidencial precisamente para combatirla. Ambas contendientes se medían y trataban de salir airosas. La candidata simulaba no sentir el hedor de las letrinas ni de las aguas sucias. La pobreza se empeñaba en mostrarle todo lo que podía.
Entretanto, la gente dueña de esa pobreza luchaba por imponerse y lograr saludar a "su" Mireya, de la cual también se sentía dueña. Al llegar no le permitían siquiera bajarse del carro. Cuando lo hizo, a duras penas podía caminar.
Y así empezó su gira de aquel día de mediados de semana. Besos, abrazos, apretones de manos y por qué no decirlo, miradas excépticas la recibieron en esa comunidad, una de las más pobres de la capital.
Ella llegó con una comitiva que cargaba gran cantidad de banderas de la alianza Unión por Panamá, banderas que no podían ser levantadas muy alto porque así como los techos de las pequeñas viviendas eran de bajos, así mismo los cables eléctricos carcomidos por el tiempo surcaban a ras de cada techo las estrechas veredas.
Un megáfono difundía la voz de locutor de uno de los acompañantes de la candidata y su comitiva en la cual participaban los candidatos a legisladores de la alianza en ese circuito, así como el aspirante a alcalde Miguel Antonio Bernal.
"¡Mireya presidente!, ¡Bernal alcalde!", se escuchaba sin cesar al tiempo que sus simpatizantes se acercaban a ambos. También saludaban a los aspirantes a legisladores.
De repente, alguien muy conocido, con botones de Mireya en su camisa, le entrega un sombrero "pintao" a Mireya Moscoso. Es un obsequio que siempre quiso darle. Ella lo recibe agradecida.
Lo extraño es que quien entrega el regalo es un candidato a legislador por uno de los partidos oficialistas. Bueno, no todo es lo que parece ser.
Se trata del hermano gemelo de Felipe Cano, actual alcalde de San Miguelito. Su nombre es Miguel y se encarga de especificarlo muy bien, porque según dice, toda la familia apoya a Mireya, a excepción de Felipe.
Hecha la aclaración, sigue el recorrido. La candidata se acerca a una de las humildes viviendas y saluda a una mujer. Detrás de ella sale una joven embarazada y otra señora entrada en años. Todas la saludan y le muestran su simpatía.
La mayor dijo sentirse contenta porque visitó la casa de su hija "que está esperando cigüeña". Ella vino a acompañarla, pues vive en el interior. Allá no ha ido Mireya, dice. "Yo quería verla", señala sonriente, como alguien a quien se le cumple un deseo. También la otra señora sonríe satisfecha. Una de ellas dijo llamarse Luz y la otra Epifania.
Y Mireya sigue su recorrido repartiendo abanicos, vasos, botones y demás, al tiempo que saluda en las puertas de los cuartos donde literalmente "no entra el sol, que el sol es aristocrático", muchos de ellos montados sobre pilotes como para burlar el agua sucia.
La candidata se desvía por una de las estrechas veredas porque al parecer reconoció a alguien y quiere darle la mano. Así fue. Se trataba de una señora de avanzada edad, que se sostenía con un bastón pues le había dado un derrame según dijo. Se trataba de Mercedes González quien aseguró que conocía a la candidata desde hace mucho tiempo. Esta le recomendó ejercitarse y cuidarse.
Al salir del área, Mireya entró a la casa del papá de Manuel de Jesús Abrego, quien en ese momento se encontraba de visita.
Después de Brooklincito, la candidata presidencial se dirigió a Llano Bonito, en Curundú. Otra vez las banderas la rodeaban y la gente la esperaba. Ella saludaba y sonreía.
Incluso lo hizo cuando un pequeño grupo de jóvenes la recibió con camisetas del candidato Alberto Vallarino. Las enarbolaban mientras decían que votarían por él. Ella sonrió y siguió su camino. Al mismo tiempo, alguien gritaba "huele a muerto", en referencia al candidato de Acción Opositora.
Aquí el recorrido fue corto y hasta poco entusiasta. La candidata hizo un alto para dar declaraciones sobre un hecho que esa mañana le había alegrado el día: la encuesta de un diario local le daba una ligera ventaja sobre su más cercano adversario político, Martín Torrijos.
"Mis encuestas siguen siendo de carne y hueso", decía una y otra vez, aunque a todas luces más convencida.
La gira continuó hacia Perejil. En este lugar Mireya demostró que tiene especial preferencia por la tercera edad, la misma que la prefiere a ella en las intenciones de voto.
Se acercaba cada vez a saludar a la edad de oro con especial deferencia. Esa deferencia era recíproca. Tanto es así que en un balcón una señora, coronada su cabeza de canas y su espalda ya no tan recta, colocaba más afiches, sacaba abanicos y todo cuanto había sobre su candidata para colocarlo y tener todo su balcón "decorado" cuando la candidata pasara. Así fue. Su emoción era evidente.
Y Mireya continuaba. No se veía cansada, aunque sí sudada su camisa de rayas negras que combinaba con pantalón negro y zapatillas deportivas. La gorra tapaba gran parte de su cabello ya mojado por el sudor. Eran más de las 3:30 de la tarde. El sol brillaba en todo su esplendor.
Sus acompañantes tomaban agua y refrescos. Ella no. Seguía sin parar, sin descansar ni por un segundo. Es más, caminaba rápido mientras saludaba. Cuando se detenía era por momentos para estrechar manos, dar abrazos y recibir besos. Y seguía, a pie, con pasos largos, mientras su comitiva luchaba por seguirle el ritmo.
Los periodistas la entrevistaban una y otra vez caminando a su lado. De hecho, este medio la entrevistaría una vez culminada la gira. No fue así. Fue necesario hacer la entrevista mientras ella caminaba. Había que seguir su ritmo. No había vuelta atrás.
Al conversar con


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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