No se dieron las hipótesis alarmistas


La administración Bush había evocado las peores hipótesis, desde el incendio de los pozos de petróleo hasta la utilización de armas químicas. La caída del régimen de Sadam Hussein parece un hecho y ninguna de ellas se concretó hasta el momento.
Las armas de destrucción masiva del régimen iraquí todavía deben ser halladas y aseguradas, declaró ayer el secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld.
“Todavía debemos encontrar y asegurar las armas de destrucción masiva de Irak y controlar las fronteras iraquíes para impedir la evasión de materiales utilizados en las armas de destrucción masiva y la salida del país de los altos responsables del régimen”, declaró.
Además, “debemos encontrar todo lo que podamos sobre la manera en que el régimen adquirió sus capacidades”, agregó el secretario de Defensa.
Poco antes de la guerra e incluso durante los combates, las previsiones catastróficas brotaron de miembros del gobierno, del Pentágono y de varios expertos.
Todos temían tanto una reanudación de la actividad terrorista contra Estados Unidos como un atascamiento del ejército norteamericano en Irak.
Aunque la alerta terrorista continúa “muy elevada”, la perspectiva de una reedición de la guerra de Vietnam ahora parece improbable, a juzgar por los éxitos militares.
Aun la batalla de Bagdad y una inquietante “guerra urbana”, engorrosa y mortífera, se desenvuelve rápidamente y con escasas víctimas.
Los militares habían expresado públicamente sus temores a la Guardia Republicana iraquí, considerada bien armada y bien entrenada, así como a los fedayines, considerados los militares más fieles a Hussein.
La derrota de estos dos grupos armados parece afirmarse con el paso de las horas.
El coronel retirado Mike Turner, integrante del alto mando norteamericano en la Guerra del Golfo de 1991, también había esbozado un escenario catastrófico.
“Durante las primeras horas de nuestro ataque, Sadam disparará misiles Scud contra Israel”, luego “el gobierno israelí de derecha responderá masivamente contra Irak y concretará la pesadilla de la guerra santa”, afirmó Turner a la radio pública NPR.
Esta visión apocalíptica no se concretó en ningún momento; las tropas estadounidenses lograron rápidamente el control del oeste de Irak. Tampoco se vieron cumplidas las profecías de un ataque químico, biológico o radiológico.
A comienzos de febrero, el presidente Bush había evocado el riesgo de que los iraquíes utilizaran un avión sin piloto para diseminar partículas impregnadas del bacilo de ántrax contra las tropas estadounidenses.
Para una diseminación más extensa del virus de la viruela, del bacilo del ántrax y del gas VX, los iraquíes habrían debido utilizar cohetes Ababil o misiles Scud, Al Hussein o Al Samud, según un informe de Anthony Cordesman, del Centro de Estudios Estratégico e Internacional.
Cordesman también evocaba la posibilidad de que los iraquíes hicieran saltar los pozos de petróleo, provocando al mismo tiempo una crisis ecológica de grandes proporciones y una escalada del precio del barril con vastas repercusiones económicas internacionales.


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101 años de Panamá América

 
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