El director ejecutivo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Anthony Lake, asegura que ayudar a los más pobres no sólo es correcto sino más beneficioso económica y socialmente, y subrayó que las cifras generales puede no ser el mejor sistema de medición de la situación de un país.
Lake señaló en entrevista con Efe que aunque Latinoamérica muestra un buen desempeño en la consecución de los Objetivos del Milenio (ODM), las grandes desigualdades hacen que los problemas de los más pobres sean tapados por las cifras de los más beneficiados, algo que Unicef busca solucionar con un enfoque de "equidad".
"Son sorprendentemente fuertes las pruebas de que es más efectivo desde un punto de vista de costo en estrategias nacionales concentrarse en las áreas más pobres, en las zonas más desfavorecidas", dijo Lake, que se encuentra en Panamá en una reunión con representantes de Unicef de la región.
Recordó que "en los países más pobres, con las desigualdades más grandes, por un millón de dólares se salva un 60 por ciento más de vidas de niños concentrándose en las zonas más pobres".
"Es un número muy grande, que es menos grande en países de ingreso medio o con menos desigualdades, aunque incluso en esos países es efectivo con relación al costo concentrarse en esas áreas", agregó el máximo responsable de Unicef.
"No sólo es porque es correcto y porque funciona en términos de costo-beneficio, sino porque es lógico", continuó.
Recordó que en estas áreas en Latinoamérica, especialmente en zonas indígenas o de afro-descendientes, conviven problemas como la deserción escolar -principalmente en educación secundaria- con la batalla contra enfermedades como la polio o el sarampión.
Indicó que la diferencia en Latinoamérica entre medir la marcha del cumplimiento de los Objetivos del Milenio en términos promedio generales (en el ámbito nacional) y de forma "desagregada" (de forma local) es "enorme".
"Creo firmemente que cometemos un error si lo medimos sólo por promedios", dijo con relación a la medición de la situación de los países, al señalar que si en vez de mirar las estadísticas por naciones se hace por regiones o municipios el verde general de los Estados da paso a "puntos rojos por todos lados".
Lake, nombrado al frente de Unicef en mayo, indicó que "Latinoamérica, que esta haciendo tantos progresos maravillosos en términos promedio, es probablemente la zona con mayores desigualdades del mundo".
Destacó que los países estén haciendo "cosas interesantes" como los programas de remesas condicionadas, pero subrayó que "las desigualdades aquí son enormes y no se pueden construir sociedades sanas y economías sanas cuando la sociedad está tan fracturada entre aquellos que son más beneficiados y los más desfavorecidos".
En ese sentido, explicó que Unicef estudia con sus representantes y oficinas nacionales en la región cómo "construir estrategias que puedan ayudar a los gobiernos a abordar estas desigualdades y reenfocarlos en este problema".
Hizo hincapié en que si no se educa a las comunidades más desfavorecidas no se va a resolver el círculo de la pobreza y que la falta de salida para los jóvenes es uno de los motivos para la violencia.
"En muchos de estos países, niños mayores, adolescentes, jóvenes alrededor de los 20 años ni tienen trabajo ni van a la escuela, así que no es sorprendente que los niveles de violencia que hay en Latinoamérica sean mayores que en ninguna otra región", dijo, al subrayar que "hoy 220 niños serán asesinados" víctimas de violencia en América Latina.
Aunque no quiso establecer una lista de prioridades para la región, Lake aseguró que "por la salud de la economía y de la sociedad" se debe trabajar con los niños, que, dijo, "son tan vulnerables a la violencia, al tráfico, al abuso de todas formas horrorosas".
El responsable de Unicef dijo que los Objetivos del Milenio son muy útiles para dar respuesta a problemas relacionados con el desarrollo, pero puntualizó que los desafíos van más allá.
"La vida no se detiene en el 2015", dijo, en relación al año fijado para el cumplimiento de estas metas.