El presidente de EE.UU., Barack Obama, confirmó hoy la dimisión del consejero de Seguridad Nacional, el general James Jones, quien será reemplazado por su hasta ahora "número dos", Tom Donilon.
En un acto en la Rosaleda de la Casa Blanca, Obama indicó que "en los últimos veinte meses, he dependido cada día del consejo y las advertencias" de Jones, quien siempre ha representado una "voz fiable" en las reuniones con líderes extranjeros y las sesiones de trabajo.
El consejero de Seguridad Nacional saliente "no ahorró jamás esfuerzos para mantener la seguridad del pueblo estadounidense" y el país le debe "una enorme deuda de gratitud", según el presidente.
Al frente del Consejo de Seguridad Nacional, el principal organismo en la Casa Blanca para cuestiones de política exterior, Jones ha acometido "una reforma sin precedentes" para adecuarlo al siglo XXI, poniendo el énfasis en desafíos como el cambio climático o la ciberseguridad, agregó Obama.
El sucesor de Jones, Donilon, ya ha trabajado al servicio de tres presidentes y "durante dos años no hay un solo asunto de política exteriores que no haya pasado por su mesa de trabajo", indicó.
El relevo, apuntó Obama, no cambiará la política exterior del país pues se mantienen "amplios desafíos por delante", como la lucha contra la red terrorista Al Qaeda.
Por su parte, Jones se deshizo en elogios hacia su sucesor -sobre quien los rumores apuntaban a una mala relación con su superior-, del que aseguró que su trabajo "no hubiera sido posible sin él", pues ha sido "un extraordinario aliado y una de las personas más trabajadoras que conozco".
La marcha de Jones, muy rumoreada en los últimos tiempos, se suma a la partida de otros altos cargos en la Casa Blanca en las últimas semanas, entre ellos el jefe de Gabinete, Rahm Emanuel, y el presidente del Consejo de Asesores Económicos, Larry Summers.
Durante su estancia en el cargo, el general ha participado en la revisión de la estrategia para la guerra en Afganistán, la firma de un tratado de reducción nuclear con Rusia y el lanzamiento de una nueva etapa más multilateral en las relaciones exteriores de EEUU.
Ex comandante en jefe de la OTAN, durante su etapa en el Consejo de Seguridad Nacional ha sido un firme defensor de la colaboración con los aliados europeos.
Durante sus casi dos años en el puesto, Jones nunca terminó de encajar en el equipo de Obama, en especial entre los asesores que procedían de la campaña electoral.
El general en los laberintos de la Casa Blanca
La marcha del general James Jones como consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, que el presidente Barack Obama anunció hoy, es una dimisión que se vaticinaba casi desde el comienzo.
Jones, un general de cuatro estrellas que como militar llegó a lo más alto -fue mando supremo de la OTAN y jefe de la Infantería de Marina-, nunca encajó en el equipo de la Administración del presidente Obama.
De casi dos metros de estatura, 66 años, pelo rapado y un aire a lo John Wayne, este militar con más de cuarenta años de experiencia a sus espaldas tenía poco en común con un equipo forjado, en su gran mayoría, en Chicago y en dos largos años de campaña electoral.
Jones, que llegó a la Casa Blanca por recomendación del presidente del comité de transición presidencial, John Podesta, nunca llegó a entrar en el círculo de asesores íntimos de Obama pese a ser el máximo responsable de la política exterior en la Casa Blanca.
En más de una ocasión se sintió ninguneado en favor de su segundo, Tom Donilon, el hombre que le sustituirá en el cargo.
Ya desde los primeros tiempos del mandato de Obama circularon en abundancia los rumores sobre una posible marcha de Jones.
Se hablaba entonces del malestar de asesores de una Casa Blanca adicta al trabajo acerca de los hábitos laborales de Jones, quien aseguraba que si un funcionario del Consejo de Seguridad Nacional no había concluido su jornada a las siete y media de la tarde, no estaba bien organizado.
El libro de reciente publicación del periodista Bob Woodward, "Obama's Wars", revela el desdén que sentía Jones hacia los asesores políticos de Obama, a los que calificaba como "el Politburó" o "la Mafia".
Estos comentarios pueden haber acelerado una marcha que Jones ya había indicado a sus colaboradores que tendría lugar antes de que concluyera el año.
Como consejero de Seguridad Nacional, Jones participó directamente en la nueva estrategia para la guerra en Afganistán -que se revisará en diciembre, un proceso en el que el general ya no se implicará-, en las negociaciones para el nuevo tratado de desarme nuclear START con Rusia y en el establecimiento de una nueva etapa más multilateral en las relaciones exteriores de EEUU.
Francoparlante fluido, puso un énfasis especial en la colaboración con los aliados de la OTAN.
En el terreno interno adoptó un perfil discreto y apenas compareció ante los medios.
Su carrera comenzó con su graduación en la Escuela de Instrucción Básica en Quantico (Virginia) en 1967, de donde partió a Vietnam.
Tras asignaciones como enlace de Infantería de Marina con el Senado en 1984, a comienzos de la década de los noventa fue jefe del Estado Mayor para las fuerzas conjuntas europeas en Bosnia- Herzegovina y Macedonia.
En 1999 fue promovido a general de cuatro estrellas y un mes después asumió la jefatura del Cuerpo de Infantería de Marina, cargo que ocupó hasta 2003.
Entre otras innovaciones bajo su mando, este Cuerpo adoptó un programa de artes marciales, con énfasis en las destrezas individuales en operaciones de unidades pequeñas, que sustituyó al sistema de combate en línea de batalla.
En enero de 2003, Jones se hizo cargo del Mando Europeo de la OTAN, con lo que se convirtió en el primer oficial de Infantería de Marina en llegar a la jefatura aliada suprema. Ocupó ese mando hasta diciembre de 2006.
Desde entonces había trabajado en el sector privado. En 2006, la entonces secretaria de Estado, Condoleezza Rice, le ofreció la subsecretaría de su Departamento, cargo que rechazó.
Sí aceptó, en 2008, el cargo de enviado especial de EEUU para la seguridad en Oriente Medio, en cuya capacidad trabajó con israelíes y palestinos para mejorar la seguridad de ambas partes.
Según la Casa Blanca, tras su marcha volverá al sector privado y participará en tareas de asesoramiento, a título informal, en la Administración.