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100% libres de humo


Me complace señalar que Panamá, con la Ley 13 del 2008, está a la vanguardia de la región. Sin embargo, la mera aprobación de la Ley no es suficiente, ya que todavía falta que se expida su reglamentación y que ésta sea cónsona con la Ley que pretende desarrollar. Y, además, sobre todo, la verdadera prueba estará en la ejecución y cumplimiento de lo aprobado por la Asamblea Nacional.

En la Asamblea, aprobamos ambientes 100% libres de humo en todas las oficinas públicas y privadas a nivel nacional; en los lugares cerrados donde hay concurrencia de personas (por ejemplo, restaurantes, bares, discotecas, casinos y otros negocios similares); en los transportes públicos y terminales; en los espacios abiertos o cerrados, públicos o privados, en los que se practique deporte; entre otros sitios. Así mismo se prohibió totalmente la publicidad, promoción o patrocinio del tabaco, sea de manera directa, indirecta o subliminal. Y se tomaron varias otras iniciativas, todas en la dirección de controlar el consumo del tabaco y sus efectos dañinos sobre los seres humanos.

En Panamá, según cifras que se dieron durante el debate, murieron 12,664 panameños en un período de cinco años por enfermedades vinculadas al tabaco. Ni hablar de los miles de panameños, fumadores de primera o segunda mano, que sufren enfermedades respiratorias, cardiovasculares o algún tipo de cáncer como consecuencia, directa o indirecta, de este vicio. Para lograr que estas cifras alarmantes disminuyan y proteger la salud de todos los panameños y panameñas, todos tenemos que comprometernos en convertirnos en fiscalizadores permanentes del cumplimiento de la Ley 13. No es responsabilidad exclusiva del Ministerio de Salud, ente encargado oficialmente de la fiscalización, pues lo que está en juego es la salud de todos.

En el foro regional quedó en evidencia que la industria tabacalera es muy recursiva y siempre trata de encontrar la manera de dar la vuelta a la legislación que se aprueba para controlarla. Y cuando no tienen argumentos para burlar la Ley, la violan abiertamente y sin asco con la aquiescencia de las autoridades. Por ello, insisto, la sociedad civil tiene que convertirse en la principal garante del cumplimiento de la Ley. No duden en denunciar cuando alguien fuma en algún lugar prohibido, cuando vean alguna publicidad de alguna marca de tabaco o cuando observen que se venden cigarrillos en paquetes que violen la ley panameña (el 50% de ambos lados del paquete debe tener una advertencia sanitaria con un pictograma y también debe decir que está destinado a la venta en Panamá).

Finalmente, me preocupa que el Gobierno Nacional no haya destinado un real de los millones que gasta mensualmente en publicidad, para promover la Ley 13 y que la gente conozca su contenido. La mayor divulgación posible es necesaria y conveniente. Hago el llamado respetuoso al Ministerio de Salud para que se corrija esta omisión y se emplee recurso y esfuerzo en la promoción de la Ley. Entre más se conozca, mayor cumplimiento habrá y más vidas se salvarán.

101 años de Panamá América

 
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