12 de octubre, reflexión en la memoria de la historia
Cuando por primera vez, los indios de América -dueños del suelo y subsuelo-, vieron a los españoles, dándose el más grande acontecimiento del siglo XVI; llenos de asombro, tomaron a los españoles por ángeles.
Ellos -los españoles- muy felices al ver a nativos pacíficos, que los recibían junto a las reidoras indias completamente en cuero, solo con un cubierto que le cobijaba natura y nada más.
Los marineros del gran navegante, analfabetos unos, mal olientes, glotones y lujuriosos otros, que componían la chusma llegada de Puerto Palos, también hablaban entre ellos de su asombro, porque las tierras descubiertas no eran ni indias, ni Japón, ni China; no pertenecían en grado alguno al Asia legendaria. Se trataba de un continente nuevo, cuyo habitantes no aparecían en la Biblia europea, produciéndose un conflicto teológico, que fue solucionado cuando la autoridad incuestionable del Papa Pablo III, sancionó en 1537, que los habitantes de América tenían alma.
Con esta explicación lógica, los habitantes de América necesariamente tenían que proceder del viejo mundo, en otra era, con otros barcos y otra cultura. Entonces, el origen de los indios fue la gran polémica de los intelectuales europeos de aquella época.
Muchas teorías existieron y existen de que en América pisaron antes de la llegada del gran navegante, según los autores, egipcios, chinos, vikingos, etruscos, bretones, galeses y hasta los famosos templarios. Todo con el intento de sonar y hacer sonar, con el deseo de incorporar a la historia del mundo una maravilla más.
Hoy, a 507 años del descubrimiento, de conquista y colonización, América Hispana, América India, existe orgullosa de sus orígenes sin hacer áuditos que alimenten odios y rencores.
Lo que nos toca ahora es proponer una interculturalidad, justa, respetuosa, donde la equidad supere el denigrado modelo colonial que persiste después de 200 años de conquistada la independencia y autodeterminación.
Solo con una interculturalidad verdadera, superaremos el modelo colonial y también al liberalismo económico, que en nombre de la libertad de mercados manipula financieramente las necesidades de los pueblos, con el pretendido "slogan" vivamos en democracia, cuyos resultados empeoran la existencia misma de las grandes mayorías condenándolas a la pobreza crónica y a la desesperanza sin tener una segunda oportunidad sobre la Tierra.
Quiero anticipar que no defiendo ninguna tesis, que no la desecho tampoco, la expongo simplemente en un abrir de bocas, e ir al paladar de la degustación política y sacarle una reflexión: Evitemos la hora de los hornos, para poder ver la luz.
Ellos -los españoles- muy felices al ver a nativos pacíficos, que los recibían junto a las reidoras indias completamente en cuero, solo con un cubierto que le cobijaba natura y nada más.
Los marineros del gran navegante, analfabetos unos, mal olientes, glotones y lujuriosos otros, que componían la chusma llegada de Puerto Palos, también hablaban entre ellos de su asombro, porque las tierras descubiertas no eran ni indias, ni Japón, ni China; no pertenecían en grado alguno al Asia legendaria. Se trataba de un continente nuevo, cuyo habitantes no aparecían en la Biblia europea, produciéndose un conflicto teológico, que fue solucionado cuando la autoridad incuestionable del Papa Pablo III, sancionó en 1537, que los habitantes de América tenían alma.
Con esta explicación lógica, los habitantes de América necesariamente tenían que proceder del viejo mundo, en otra era, con otros barcos y otra cultura. Entonces, el origen de los indios fue la gran polémica de los intelectuales europeos de aquella época.
Muchas teorías existieron y existen de que en América pisaron antes de la llegada del gran navegante, según los autores, egipcios, chinos, vikingos, etruscos, bretones, galeses y hasta los famosos templarios. Todo con el intento de sonar y hacer sonar, con el deseo de incorporar a la historia del mundo una maravilla más.
Hoy, a 507 años del descubrimiento, de conquista y colonización, América Hispana, América India, existe orgullosa de sus orígenes sin hacer áuditos que alimenten odios y rencores.
Lo que nos toca ahora es proponer una interculturalidad, justa, respetuosa, donde la equidad supere el denigrado modelo colonial que persiste después de 200 años de conquistada la independencia y autodeterminación.
Solo con una interculturalidad verdadera, superaremos el modelo colonial y también al liberalismo económico, que en nombre de la libertad de mercados manipula financieramente las necesidades de los pueblos, con el pretendido "slogan" vivamos en democracia, cuyos resultados empeoran la existencia misma de las grandes mayorías condenándolas a la pobreza crónica y a la desesperanza sin tener una segunda oportunidad sobre la Tierra.
Quiero anticipar que no defiendo ninguna tesis, que no la desecho tampoco, la expongo simplemente en un abrir de bocas, e ir al paladar de la degustación política y sacarle una reflexión: Evitemos la hora de los hornos, para poder ver la luz.