¡Qué orgullo es ser padres de niños discapacitados!
He tenido la oportunidad de compartir y convivir con padres, madres y familiares de niños, niñas y jóvenes con discapacidad y con qué orgullo y vehemencia éstos luchan por los deberes y derechos de esta población, bastante maltratada y olvidada por nuestros gobiernos y por la sociedad.
Es admirable ver cómo estos verdaderos padres, porque no son todos a los que se les pueden llamar padres por el solo hecho de haber concebido un ser humano, desean lanzar al mundo mensajes de solidaridad, de aceptación para sus hijos, para dar inicio a cambios de actitudes y de prácticas, como hace énfasis la Presidenta de la Asociación de Padres de Niños con Discapacidad, Rosario de Córdoba, y que de estas transformaciones positivas se logre el progresivo respeto a los derechos humanos de las más de 250 mil personas con discapacidad que existen en nuestro país.
Pero... ¿y qué pasa con los miles y miles de padres y madres de niños, niñas y jóvenes sanos física y mentalmente y que por nuestra carencia afectiva, de cariño, de comprensión, de guía... es decir del maltrato por parte de sus familias, originan problemas emocionales y conductas no deseables ni sanas de convivencia que los obligan a pertenecer a la población de discapacitados sociales?
¿Qué hacemos, nosotros los verdaderos padres, para exigir un alto a los corruptores de menores de edad, para detener esa avalancha de programas y publicidad que induce a nuestros hijos, sanos física y mentalmente, a auto destruirse y enviarlos al despeñadero, a levantar e iniciar campañas contra el maltrato infantil, que es el origen de tanta maldad social, campañas realmente efectivas, que lleguen a los hogares, a los corazones, sin condiciones sociales, culturales ni políticas?
¿Por qué no nos organizamos, así como lo hacen los verdaderos padres de niños y jóvenes con discapacidad y nos atrevemos a enfrentarnos a los que promueven el vicio, ya sea a través del Estado, de los medios de comunicación social, de las escuelas, de las falsas actividades de diversión a nuestra juventud en donde si no hay licor, ni cigarrillos, ni se utilizan términos vulgares y chavacanos, no se disfruta?
Somos sumamente egoístas y muy poco cristianos, si dejamos y permitimos que por no meternos en problemas y dejar las cosas así, nuestros niños, niñas y jóvenes se conviertan en carga social y lo peor aún, por la desesperanza en la atención a sus problemas normales de la edad, algunos hasta se suicidan.
Para mi una sola flor, hace un jardín... una frase que conlleva un profundo y preciosísimo mensaje para que todos los verdaderos padres, lo tomemos como compromiso y deber ante Dios y los hombres, para erradicar toda la maldad que rodea a nuestros niños y jóvenes. Una sola persona vale tanto como para cambiar todo un sistema.
Y de igual forma, como dice Carlos Cuahtémoc, de cada diez hijos de familias anómalas solamente uno consigue deshacerse de la carga de basura y escalar la cima del éxito. Sólo uno lo consigue. Por eso, debemos ofrecer todos nuestros esfuerzos y voluntades para lograr mediante la educación y la unión, sin desmayos ni temores, salvar aunque sea uno por uno de nuestros niños y jóvenes de las garras del maltrato físico y psicólogo. Veamos en otros jóvenes, a nuestros propios hijos y solo Dios nos recompensará. ¿Y si solo Dios nos sonreíra... que más aspiramos?
Y hagamos como los grandes y valerosos padres de niños y jóvenes con discapacidad... porque dar alegría y evitar el maltrato es un sueño que compartimos todos, con o sin discapacidad.
Es admirable ver cómo estos verdaderos padres, porque no son todos a los que se les pueden llamar padres por el solo hecho de haber concebido un ser humano, desean lanzar al mundo mensajes de solidaridad, de aceptación para sus hijos, para dar inicio a cambios de actitudes y de prácticas, como hace énfasis la Presidenta de la Asociación de Padres de Niños con Discapacidad, Rosario de Córdoba, y que de estas transformaciones positivas se logre el progresivo respeto a los derechos humanos de las más de 250 mil personas con discapacidad que existen en nuestro país.
Pero... ¿y qué pasa con los miles y miles de padres y madres de niños, niñas y jóvenes sanos física y mentalmente y que por nuestra carencia afectiva, de cariño, de comprensión, de guía... es decir del maltrato por parte de sus familias, originan problemas emocionales y conductas no deseables ni sanas de convivencia que los obligan a pertenecer a la población de discapacitados sociales?
¿Qué hacemos, nosotros los verdaderos padres, para exigir un alto a los corruptores de menores de edad, para detener esa avalancha de programas y publicidad que induce a nuestros hijos, sanos física y mentalmente, a auto destruirse y enviarlos al despeñadero, a levantar e iniciar campañas contra el maltrato infantil, que es el origen de tanta maldad social, campañas realmente efectivas, que lleguen a los hogares, a los corazones, sin condiciones sociales, culturales ni políticas?
¿Por qué no nos organizamos, así como lo hacen los verdaderos padres de niños y jóvenes con discapacidad y nos atrevemos a enfrentarnos a los que promueven el vicio, ya sea a través del Estado, de los medios de comunicación social, de las escuelas, de las falsas actividades de diversión a nuestra juventud en donde si no hay licor, ni cigarrillos, ni se utilizan términos vulgares y chavacanos, no se disfruta?
Somos sumamente egoístas y muy poco cristianos, si dejamos y permitimos que por no meternos en problemas y dejar las cosas así, nuestros niños, niñas y jóvenes se conviertan en carga social y lo peor aún, por la desesperanza en la atención a sus problemas normales de la edad, algunos hasta se suicidan.
Para mi una sola flor, hace un jardín... una frase que conlleva un profundo y preciosísimo mensaje para que todos los verdaderos padres, lo tomemos como compromiso y deber ante Dios y los hombres, para erradicar toda la maldad que rodea a nuestros niños y jóvenes. Una sola persona vale tanto como para cambiar todo un sistema.
Y de igual forma, como dice Carlos Cuahtémoc, de cada diez hijos de familias anómalas solamente uno consigue deshacerse de la carga de basura y escalar la cima del éxito. Sólo uno lo consigue. Por eso, debemos ofrecer todos nuestros esfuerzos y voluntades para lograr mediante la educación y la unión, sin desmayos ni temores, salvar aunque sea uno por uno de nuestros niños y jóvenes de las garras del maltrato físico y psicólogo. Veamos en otros jóvenes, a nuestros propios hijos y solo Dios nos recompensará. ¿Y si solo Dios nos sonreíra... que más aspiramos?
Y hagamos como los grandes y valerosos padres de niños y jóvenes con discapacidad... porque dar alegría y evitar el maltrato es un sueño que compartimos todos, con o sin discapacidad.