¿Exposiciones, debates o concursos de oratoria?
"Allá en mis años mozos y, perdonen la distancia...", se realizaban verdaderos concursos de oratoria, entendiendo esta última, como "el arte de hablar con elocuencia, de deleitar, de persuadir y de conmover, por medio de la palabra hablada".
Reconozco, con pena, que nunca alcancé los primeros lugares al participar en varios concursos de oratoria. ¡No era mi "fuerte"!. Años después, cuando era estudiante de medicina, fui testigo de la siguiente
experiencia inolvidable. Al final de un semestre, tuvimos que hacer una exposición, ante el profesor de la materia, acerca de lo que habíamos hecho y también acerca de cómo le daríamos seguimiento a lo iniciado.
Uno de mis condiscípulos que se caracterizaba por no ser muy elocuente, pero que sí había caminado (en aquella época no teníamos auto propio) y sí había
trabajado, mereció ser calificado, por el profesor, con una "C". Otro de ellos, a quien nosotros conocíamos íntimamente, tenía una facilidad de palabra que le daría envidia a cualquier aspirante a ser electo en un cargo
público. Pero tenía un grave problema: era mentiroso.
Sin embargo, tal como ustedes sospechan, su exposición, cargada de afirmaciones de cosas que no había hecho y de promesas que, nosotros sabíamos que no cumpliría, fue calificado con una "A". ¡La vida se encargó de fracasarlo!
Aunque no soy muy aficionado a eso que llaman "el deporte del boxeo", estoy enterado que hay púgiles que son muy diestros en el boxeo "afuera". Lo hacen con tal estilo y elegancia que acumulan los suficientes puntos como para ser declarados ganadores por "decisión unánime".
Otros, son maestros en la pelea "adentro". Allí se aprovechan para "amarrar", para dar golpes bajos y codazos etc., con lo cual anulan la actuación del contendor.
Un enfrentamiento boxístico no es más que eso: un debate, una contienda, una lucha, un combate. Es una controversia entre dos o más personas para ver quién impresiona más al jurado. Cada boxeador buscará y encontrará aquel terreno y estilo que le es más favorable para "marcar puntos".
¿Qué necesitamos los panameños? Exposiciones, debates o concursos de oratoria. Está, cada uno de los candidatos, obligado a "pelear" en su terreno o en aquel que favorece al contendor.
¿De qué nos sirve a los electores? votar por el que habla "más bonito", por el que tiene "mejor imagen", por el que ganaría un concurso de oratoria, si al final resulta ser un gran mentiroso.
Muchas personas tienen la distorsionada y equivocada percepción de que la intención de voto debe decidirse en un concurso de oratoria o en un debate.
No tengo nada contra los debates pero... si ello fuera así, es bueno que antes de defender esa idea recordemos el pasado reciente cuando veíamos a grandes oradores y poseedores de "imagen" y a los que saben leer
"telepronters". Todavía resuenan en nuestros oídos, expresiones como las siguientes:
"Con estas medidas, vamos a tener un despegue económico" (y fue beneficiado con los resultados de un fraude electrónico).
"El pueblo al poder" (y luego se dedicó a jo...).
"La conversión de las empresas de energía eléctrica, teléfonos y agua... permitiría reincorporar el aporte de la empresa privada para... reducir las tarifas" (¡buen chiste del vacuno!).
"El ejercicio de la administración pública será tan transparente..." (¡otro buen chiste del mismo!).
"A partir de hoy, se acabó con el club de los privilegiados (¡me muero de risa!. Con éste, puede ser admitido a trabajar en "La Capital del Humor").
"No voy a privatizar el IRHE" (y como Ministro de Gobierno a.i., firmó el Decreto Ley No. 10 de 26 de febrero de 1998, por medio del cual se reformó la
Ley No. 6 de 1997 que establecía el marco regulador para la privatización del IRHE).
El artículo 174 de la Constitución vigente, dice que para ser Presidente de la República de Panamá, se requiere:
1. Ser panameño por nacimiento.
2. Haber cumplido 35 años de edad.
¡Y punto!
Reconozco, con pena, que nunca alcancé los primeros lugares al participar en varios concursos de oratoria. ¡No era mi "fuerte"!. Años después, cuando era estudiante de medicina, fui testigo de la siguiente
experiencia inolvidable. Al final de un semestre, tuvimos que hacer una exposición, ante el profesor de la materia, acerca de lo que habíamos hecho y también acerca de cómo le daríamos seguimiento a lo iniciado.
Uno de mis condiscípulos que se caracterizaba por no ser muy elocuente, pero que sí había caminado (en aquella época no teníamos auto propio) y sí había
trabajado, mereció ser calificado, por el profesor, con una "C". Otro de ellos, a quien nosotros conocíamos íntimamente, tenía una facilidad de palabra que le daría envidia a cualquier aspirante a ser electo en un cargo
público. Pero tenía un grave problema: era mentiroso.
Sin embargo, tal como ustedes sospechan, su exposición, cargada de afirmaciones de cosas que no había hecho y de promesas que, nosotros sabíamos que no cumpliría, fue calificado con una "A". ¡La vida se encargó de fracasarlo!
Aunque no soy muy aficionado a eso que llaman "el deporte del boxeo", estoy enterado que hay púgiles que son muy diestros en el boxeo "afuera". Lo hacen con tal estilo y elegancia que acumulan los suficientes puntos como para ser declarados ganadores por "decisión unánime".
Otros, son maestros en la pelea "adentro". Allí se aprovechan para "amarrar", para dar golpes bajos y codazos etc., con lo cual anulan la actuación del contendor.
Un enfrentamiento boxístico no es más que eso: un debate, una contienda, una lucha, un combate. Es una controversia entre dos o más personas para ver quién impresiona más al jurado. Cada boxeador buscará y encontrará aquel terreno y estilo que le es más favorable para "marcar puntos".
¿Qué necesitamos los panameños? Exposiciones, debates o concursos de oratoria. Está, cada uno de los candidatos, obligado a "pelear" en su terreno o en aquel que favorece al contendor.
¿De qué nos sirve a los electores? votar por el que habla "más bonito", por el que tiene "mejor imagen", por el que ganaría un concurso de oratoria, si al final resulta ser un gran mentiroso.
Muchas personas tienen la distorsionada y equivocada percepción de que la intención de voto debe decidirse en un concurso de oratoria o en un debate.
No tengo nada contra los debates pero... si ello fuera así, es bueno que antes de defender esa idea recordemos el pasado reciente cuando veíamos a grandes oradores y poseedores de "imagen" y a los que saben leer
"telepronters". Todavía resuenan en nuestros oídos, expresiones como las siguientes:
"Con estas medidas, vamos a tener un despegue económico" (y fue beneficiado con los resultados de un fraude electrónico).
"El pueblo al poder" (y luego se dedicó a jo...).
"La conversión de las empresas de energía eléctrica, teléfonos y agua... permitiría reincorporar el aporte de la empresa privada para... reducir las tarifas" (¡buen chiste del vacuno!).
"El ejercicio de la administración pública será tan transparente..." (¡otro buen chiste del mismo!).
"A partir de hoy, se acabó con el club de los privilegiados (¡me muero de risa!. Con éste, puede ser admitido a trabajar en "La Capital del Humor").
"No voy a privatizar el IRHE" (y como Ministro de Gobierno a.i., firmó el Decreto Ley No. 10 de 26 de febrero de 1998, por medio del cual se reformó la
Ley No. 6 de 1997 que establecía el marco regulador para la privatización del IRHE).
El artículo 174 de la Constitución vigente, dice que para ser Presidente de la República de Panamá, se requiere:
1. Ser panameño por nacimiento.
2. Haber cumplido 35 años de edad.
¡Y punto!