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&#191Gobierno de unidad nacional?


Nuestra Constitución Nacional al referirse al Estado panameño, en el artículo 1 dice textualmente lo siguiente: "La Nación panameña está organizada en Estado soberano e independiente, cuya denominación es República de Panamá. Su gobierno es unitario, republicano, democrático y representativo". Es decir, somos un país democrático, aunque no lo revelamos.
¿Puede existir democracia, o sea, igualdad política con desigualdad social? Personalmente no lo creemos. Podemos decir que somos un país con aspiraciones democráticas o en vías de ser demócratas. Creemos que si la mayoría de la población panameña vive en un estado económico pavoroso y el sistema económico imperante, contrario a lo que establece la Constitución Nacional, es excluyente de las grandes mayorías bajo ninguna circunstancia podemos decir que vivimos en democracia.
La desigualdad social brutal y creciente existente pone en peligro el desarrollo y conservación de nuestras instituciones democráticas. Requerimos de una economía que saque a las mayorías del desastroso estado económico en que se encuentran sumidas gracias a la ineficiencia de los gobiernos. Somos conscientes que no podemos desaparecer la pobreza, pero sí podemos hacer la lucha por lograr que los desfavorecidos sean los menos.
Leíamos en días pasados un comentario en uno de los "Newsgroup" de Internet, los "Sociedad y Cultura", que textualmente decían "¿Qué sentido puede tener para las grandes mayorías lograr y sostener una igualdad ante las urnas, cada dos, cuatro o cinco años, si la desigualdad material cotidiana ha creado una comunidad nacional polarizada, injusta en extremo, donde la humillación se traduce en el resentimento, pues las enormes ganancias de unos -los muy pocos- están directamente relacionadas con la marginalidad creciente, es decir las pérdidas relativas o absolutas, de los otros, las mayorías?".
Y es que el proyecto económico que este gobierno decidió poner en práctica, por encima de los intereses nacionales, a instancia de las IFIS con la decisión y anuencia de las elites gobernantes (PRD, Solidaridad, Liberal Nacional, etc.) ha acabado con la dignidad de las grandes mayorías transformadoras en instrumento de una minoría que es la que más tiene. En Panamá tenemos un gobierno, una presidencia que parece refractaria a las rectificaciones. Parece que consideran un menoscabo hacerlo, lo que los empequeñece.
Está claro que el presente gobierno a empellones ha establecido los arreglos económicos neoliberales que hoy se encuentran agotados. La crisis económica que vive el país, la marginación de las clases populares y la media, la corrupción pública que cada vez se acentúa más hasta dar la impresión de ser imbatible, de acuerdo a lo que dan cuenta los medios, reclaman un reconocimiento y urgente acción de fondo de los ciudadanos y ello tiene que ser en las urnas en 1999. Casualmente eso significa la democracia política, la equivalencia del poder de decisión de los ciudadanos en el momento de expresarse en las urnas.
Los orientadores de opinión deben hacer ver al electorado la problemática. Debe crearse un electorado reflexivo para lo que es menester informarlo. Es preciso crear un electorado más consciente políticamente. Solamente un electorado reflexivo podrá ser definido y acabar con el actual estado de cosas. Un futuro democrático sólo podrá alcanzarse con la condición de contar con un elector que sepa claramente distinguir la opción política por la cual votará y para ello es menester, por supuesto, mucha divulgación e información. Deben organizarse amplios debates políticos para transformar un electorado cautivo en uno definido políticamente. Votar con definición ayudaría a encontrar los rumbos extraviados. Los políticos, más que estar preocupados en alianzas, soluciones efímeras, deben procurar definiciones.
Una oposición toda dividida, carente de ofrecimiento y capacidad para afrontar los problemas nacionales que esperan solución, en nada está contribuyendo a la orientación del electorado. Ante esta situación, quizás ha llegado el momento de que surja una tercera fuerza o quizás un gobierno de unidad nacional, con gente de todos los partidos (gobierno y oposición), que desean sumarse y conformen un fuerte bloque que ofrezca y defina ante la ciudadanía su propuesta de gobierno con coherentes fórmulas de solución a los problemas nacionales. Quién lo liderice no importa. Lo que interesa son sus proyectos y ejecutorias.

101 años de Panamá América

 
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