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&#191Hasta cuándo las "coimas"?


Alguien en una oportunidad comentó - luego de la defenestración en 1989 de mal recordado régimen militar norieguista y en ocasión de la reorganización de la fuerza de policía, iniciada en aquel entonces por el recién instaurado gobierno de Guillermo Endara:- que no se podía hacer de un mal soldado un buen policía.
La apertura de la Academia de Policía en 1990, conllevó la convocatoria de jóvenes, hombres y mujeres, cuyo objetivo era crear una remozada y "descontaminada" fuerza policial con una visión de servicio y abnegación, muy diferente a la que con anterioridad existía.
El reclutamiento de bachilleres con la adecuada y requerida formación académica y su incorporación, unos a aquel centro de formación inmediatamente, y otros enviados a seguir estudios en países del continente como Venezuela, Colombia, Argentina, etc., trajo consigo en parte, la realización de los proyectos trazados en aquella materia por el gobierno de Endara.
Sin embargo, a pesar de todo el esfuerzo, la depuración de la nueva denominada Fuerza Pública no fue absoluta, quedando enquistados en esta novel institución, algunos remanentes del viejo y anacrónico sistema militaroide que se enseñoreó con mayor profusión en los años `80.
A pesar de la mística instituida en la reciente organización sobre el nuevo modelo de policía, amigo y servidor de la comunidad, que reclamaba la colectividad panameña, mucho de aquel residuo castrense que usufructuó las canonjías de sus superiores o las "coimas" oportunas de algunos sectores de nuestra sociedad y de los cuales actualmente han sido despojados, intentan y hasta han logrado inculcarles a sus nóveles colegas, aquellos males, feos e indeseables vicios que una vez aprendieron y practicaron, encontrándose que muchos de éstos los rechazan y prefieren cumplir con respeto y honestidad su función profesional.
La más notoria de estas anacrónicas prácticas de "coimear", se han dado en el D.N.T.T.T., cuando muchos conductores incurrimos imprudentemente, por indistintas razones de fuerza mayor, en violaciones a las leyes de tránsito, recibiendo la debida sanción.
Recientemente, me sucedió que en ruta a mi lugar de trabajo desde mi residencia en Santiago de Veraguas, vía Interamericana y consciente de que si no apuraba el paso llegaría tarde, aceleré la marcha del vehículo rebasando a otro conductor, sin percatarme (por lo borrosa de la franja amarilla discontinua) que cruzaba la línea de no pasar. Ello lo advirtió un agente de tránsito quien haciéndose una seña me conminó a ir a la cuneta, cosa que hice inmediatamente. Al acercarse al agente, ya me había apeado del auto y caminé hacia él. Me señaló la infracción, yo la acepté y luego de un breve diálogo terminó diciéndome que "ello lo podríamos arreglar allí para evitarme contratiempos". Lo entendí como una "insinuación coimera", agregándole que le agradecía su interés de evitarme inconvenientes, pero que me extendiera la boleta por la infracción incurrida, cosa que efectivamente y sin agregar nada más hizo.
Por razones obvias no daré su nombre, mas sí su número de Inspector que es 8835, con el objeto de que este señor sea investigado y que por el rango de Sargento Primero que ostenta, me hace pensar que su antigüedad lo ubica como perteneciente a la satrapía norieguista.
Conceptúo, que es deber de estos funcionarios públicos, dado lo delicado de su tarea, honrar su institución, y a sus superiores jerárquicos, ser más vigilantes de sus actuaciones y sancionar enérgicamente a los que son sorprendidos incurriendo en tales delitos.

101 años de Panamá América

 
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