¿Referéndum en diciembre?
"Piensa mal y acertarás", dice el adagio; por eso estimamos que octubre sería el mes más probable para verificar el referéndum popular sobre la reelección. Estimamos entonces que los partidarios del proyecto apostarían a una votación escasa, en pleno invierno, en el que movilizarían todo su minoritario voto afirmativo, contra una concurrencia escasa de la mayoría opositora.
Pero como suele ocurrir, a veces nos quedamos cortos al estimar la capacidad maquiavélicas de quienes en las alturas palaciegas mueven los hilos de todo cuanto ocurre y se decide en la contienda electoral. Es como uno de esos épicos encuentros de boxeo, en el que el campeón escoge cuidadosamente las condiciones que más le favorezcan, imponiendo árbitros, escenario, fecha, medidas del cuadrilátero, el tipo de lona, peso y material de los guantes, y hasta la vigencia de la regla de las tres caídas. En tal situación, si no le gana contundentemente, no hay forma de que pierda.
Ni siquiera es necesario en esta ocasión opinar sobre el tribunal que decidirá los casos de dudas, nos basta con referirnos al día del referéndum, fijado para el 6 de diciembre próximo, a un día de por medio, del de la madre, que es sagrado para los panameños, y en el que centenares de miles de capitalinos se movilizan al interior y viceversa, fuera de sus centros de votación.
De ese modo, al menos un 70% de los votantes estará ese día fuera de su circuito electoral, y por consiguiente, no podrán votar. En tales condiciones, es fácil anticipar, por simple proyección matemática, que el ausentismo así producido pesará más sobre el mayoritario votante opositor a la reelección que sobre el minoritario pero disciplinado votante que la favorece.
El 6 de diciembre de 1998, salvo que los opositores a la reelección mejoren sustancialmente sus dotes organizativos, a la abstención natural provocada por las lluvias, se sumará el impedimento a votar de miles de ciudadanos que estarán ese día fuera de su circuito.
Ese día los gobiernistas organizarán la más grande movilización vehicular de todos los tiempos, procurando echar en las urnas cada uno de su 30% de voto "sí", con el objeto de que la abstención afecte únicamente al mayoritario voto contrario. Si así ocurriera, bastaría tan sólo con una abstención general de 40%, para asegurar un resultado estrecho que por razones obvias, sólo favorecerá a los reeleccionistas.
Por eso, el 6 de diciembre próximo, quienes se queden en casa o se abstengan, estarán votando por cinco años más de lo mismo.
Pero como suele ocurrir, a veces nos quedamos cortos al estimar la capacidad maquiavélicas de quienes en las alturas palaciegas mueven los hilos de todo cuanto ocurre y se decide en la contienda electoral. Es como uno de esos épicos encuentros de boxeo, en el que el campeón escoge cuidadosamente las condiciones que más le favorezcan, imponiendo árbitros, escenario, fecha, medidas del cuadrilátero, el tipo de lona, peso y material de los guantes, y hasta la vigencia de la regla de las tres caídas. En tal situación, si no le gana contundentemente, no hay forma de que pierda.
Ni siquiera es necesario en esta ocasión opinar sobre el tribunal que decidirá los casos de dudas, nos basta con referirnos al día del referéndum, fijado para el 6 de diciembre próximo, a un día de por medio, del de la madre, que es sagrado para los panameños, y en el que centenares de miles de capitalinos se movilizan al interior y viceversa, fuera de sus centros de votación.
De ese modo, al menos un 70% de los votantes estará ese día fuera de su circuito electoral, y por consiguiente, no podrán votar. En tales condiciones, es fácil anticipar, por simple proyección matemática, que el ausentismo así producido pesará más sobre el mayoritario votante opositor a la reelección que sobre el minoritario pero disciplinado votante que la favorece.
El 6 de diciembre de 1998, salvo que los opositores a la reelección mejoren sustancialmente sus dotes organizativos, a la abstención natural provocada por las lluvias, se sumará el impedimento a votar de miles de ciudadanos que estarán ese día fuera de su circuito.
Ese día los gobiernistas organizarán la más grande movilización vehicular de todos los tiempos, procurando echar en las urnas cada uno de su 30% de voto "sí", con el objeto de que la abstención afecte únicamente al mayoritario voto contrario. Si así ocurriera, bastaría tan sólo con una abstención general de 40%, para asegurar un resultado estrecho que por razones obvias, sólo favorecerá a los reeleccionistas.
Por eso, el 6 de diciembre próximo, quienes se queden en casa o se abstengan, estarán votando por cinco años más de lo mismo.