2006: Constituyente
EN ESTOS tiempos, propicia es la ocasión para formular deseos respecto del año que se inicia. Mi deseo ciudadano es lograr la Reforma del Estado a través de una Asamblea Nacional Constituyente. El Art. 314 de la Constitución vigente lo consagra, así que aquellos que deseen malinterpretar este artículo de opinión, los remito al tenor de la norma antes dicha.
Por años fui reacio a la idea de una Constituyente. Pensaba entonces que su implementación podía dar al traste con la institucionalidad democrática y que, en su defecto, podríamos los panameños realizar los cambios propios y necesarios de los tiempos, a través de otros mecanismos de concertación que nos brinda la democracia. Sin embargo, ya para la cercanía de la pasada campaña electoral, el desgaste e inoperancia de muchas instituciones era evidente y, en base a esa realidad, cuando se realizó la recolección de firmas auspiciada por la Iglesia y otros organismos, lo apoyé porque era una vía idónea y civilizada para acordar, diseñar y cambiar el rumbo de la Nación. Curiosamente todos los candidatos fueron y firmaron y luego el hoy Presidente salió diciendo de todo, de manera contradictoria, pero al final demostrando poco apego a la voluntad de cambio que requiere la Nación. En abierta componenda, gobierno saliente y entrante emparcharon la Constitución y de ese parche sólo podemos sacar, y por eso las apoyamos como partido, la reforma relativa a la Constituyente Paralela y la relativa al Canal de Panamá. Sobre las demás dijimos, y el tiempo nos ha dado la razón, que eran cambios cosméticos que, además, han probado hasta el cansancio su inoperancia, sobretodo en los temas inherentes a la grave situación de la Administración de Justicia.
Enfoco la Constituyente como la manera práctica de diseñar entre todos el modelo de nación que deseamos para los próximos tiempos. El sistema ha probado hasta el cansancio su agotamiento. La volunta política necesaria para propiciar los cambios es más discurso y propaganda pagada que realidad. El gobierno actual goza de amplias mayorías en todos los órganos políticos del Estado para impulsar tales cambios, pero se resiste a los mismos y prefiere el status quo y el continuismo de la política tradicional y populista para administrar el país, dando paso a que la acumulación de problemas e inequidades se acentúe. La patria nueva ha resultado ser un gran eufemismo con el cual se ganó una elección, pero se ha transformado en un simple "más de lo mismo" en la realidad práctica. De esto podemos debatir con gusto, sobre todo en los temas que hicieron de sus compromisos de campaña el pilar del triunfo.
El esfuerzo del Foro 2020 fue un ejercicio importante. Creo poder decir que lo medular del replanteamiento del Estado está en sus conclusiones. Está bien repensado el nuevo Estado. De esto también se hizo un compromiso electoral, pero nada más. Ahora es el momento de ejercer la "iniciativa ciudadana" como dice la Constitución vigente y ejercerla y salir a buscar las firmas para darnos una nueva Constitución vía una Constituyente Paralela. La norma como está redactada pone freno a cualquier intento antidemocrático. Plantea su no retroactividad y preserva la vigencia de los funcionarios electos y designados, preocupación que siempre asalta la mente de los desconfiados cuando de constituyente se trata. En fin, no es un golpe de Estado técnico, es darnos entre todos una nueva Constitución que modernice todo el Estado y lo capacite para las nuevas exigencias.
El partido Solidaridad ha solicitado al Tribunal Electoral que reglamente la norma constitucional, a pesar de que está lo suficientemente clara como para ejercer el derecho constitucional consagrado; pero bueno, pensamos que una buena reglamentación suple cualquier vacío y encausa el proceso. Poco se ha oído al respecto, aunque se dice que hay un borrador planteado. Es la oportunidad para llegar a un pacto real de todas las fuerzas políticas y cívicas en torno a un tema que proyectará a un país con más coherencia y continuidad en el tiempo. ¿O es que hay alguien que pueda decir que en estos momentos el país avanza con coherencia o que los problemas más básicos que nos agobian a diario se resuelven con dicha característica? Simplemente se avanza en algunas áreas porque es la tendencia y se estanca en otras porque no hay criterios claros para liderar los cambios que son necesarios. Miren nada más lo que se avanzó de "la verdad absoluta" de la defenestrada Ley 17, al resultado de cinco meses de trabajo arduo alrededor de una mesa de diálogo. Salió una mejor ley, aunque no perfecta. De eso se trata, de mejorar y de avanzar, siempre que se quiera hacer tránsito por la vida política con criterio grande. Estamos a tiempo. Busquemos políticamente en democracia lograr articular un mejor y más moderno Estado, que marque el rumbo a seguir. Abandonemos el método en donde son las crisis las que fuerzan los cambios, porque la improvisación muchas veces se apodera del resultado. Son tiempos para forjar y construir el país grande y moderno, ensayar con lo no fracasado y desterrar las prácticas nocivas de la politiquería, del populismo y la demagogia, responsables muchas veces, las más de las veces diría yo, de los males sociales y políticos de los últimos tiempos.
Seguiremos apoyando la Constituyente como la ruta para cambiar y avanzar en medio de reales acuerdos nacionales. Ojalá lo entiendan y lo vean como algo factible aquellos que no tienen hoy ninguna excusa para no hacer todo lo que prometieron para acceder al poder.
Les deseo un venturoso 2006 con la mayor sinceridad.
Por años fui reacio a la idea de una Constituyente. Pensaba entonces que su implementación podía dar al traste con la institucionalidad democrática y que, en su defecto, podríamos los panameños realizar los cambios propios y necesarios de los tiempos, a través de otros mecanismos de concertación que nos brinda la democracia. Sin embargo, ya para la cercanía de la pasada campaña electoral, el desgaste e inoperancia de muchas instituciones era evidente y, en base a esa realidad, cuando se realizó la recolección de firmas auspiciada por la Iglesia y otros organismos, lo apoyé porque era una vía idónea y civilizada para acordar, diseñar y cambiar el rumbo de la Nación. Curiosamente todos los candidatos fueron y firmaron y luego el hoy Presidente salió diciendo de todo, de manera contradictoria, pero al final demostrando poco apego a la voluntad de cambio que requiere la Nación. En abierta componenda, gobierno saliente y entrante emparcharon la Constitución y de ese parche sólo podemos sacar, y por eso las apoyamos como partido, la reforma relativa a la Constituyente Paralela y la relativa al Canal de Panamá. Sobre las demás dijimos, y el tiempo nos ha dado la razón, que eran cambios cosméticos que, además, han probado hasta el cansancio su inoperancia, sobretodo en los temas inherentes a la grave situación de la Administración de Justicia.
Enfoco la Constituyente como la manera práctica de diseñar entre todos el modelo de nación que deseamos para los próximos tiempos. El sistema ha probado hasta el cansancio su agotamiento. La volunta política necesaria para propiciar los cambios es más discurso y propaganda pagada que realidad. El gobierno actual goza de amplias mayorías en todos los órganos políticos del Estado para impulsar tales cambios, pero se resiste a los mismos y prefiere el status quo y el continuismo de la política tradicional y populista para administrar el país, dando paso a que la acumulación de problemas e inequidades se acentúe. La patria nueva ha resultado ser un gran eufemismo con el cual se ganó una elección, pero se ha transformado en un simple "más de lo mismo" en la realidad práctica. De esto podemos debatir con gusto, sobre todo en los temas que hicieron de sus compromisos de campaña el pilar del triunfo.
El esfuerzo del Foro 2020 fue un ejercicio importante. Creo poder decir que lo medular del replanteamiento del Estado está en sus conclusiones. Está bien repensado el nuevo Estado. De esto también se hizo un compromiso electoral, pero nada más. Ahora es el momento de ejercer la "iniciativa ciudadana" como dice la Constitución vigente y ejercerla y salir a buscar las firmas para darnos una nueva Constitución vía una Constituyente Paralela. La norma como está redactada pone freno a cualquier intento antidemocrático. Plantea su no retroactividad y preserva la vigencia de los funcionarios electos y designados, preocupación que siempre asalta la mente de los desconfiados cuando de constituyente se trata. En fin, no es un golpe de Estado técnico, es darnos entre todos una nueva Constitución que modernice todo el Estado y lo capacite para las nuevas exigencias.
El partido Solidaridad ha solicitado al Tribunal Electoral que reglamente la norma constitucional, a pesar de que está lo suficientemente clara como para ejercer el derecho constitucional consagrado; pero bueno, pensamos que una buena reglamentación suple cualquier vacío y encausa el proceso. Poco se ha oído al respecto, aunque se dice que hay un borrador planteado. Es la oportunidad para llegar a un pacto real de todas las fuerzas políticas y cívicas en torno a un tema que proyectará a un país con más coherencia y continuidad en el tiempo. ¿O es que hay alguien que pueda decir que en estos momentos el país avanza con coherencia o que los problemas más básicos que nos agobian a diario se resuelven con dicha característica? Simplemente se avanza en algunas áreas porque es la tendencia y se estanca en otras porque no hay criterios claros para liderar los cambios que son necesarios. Miren nada más lo que se avanzó de "la verdad absoluta" de la defenestrada Ley 17, al resultado de cinco meses de trabajo arduo alrededor de una mesa de diálogo. Salió una mejor ley, aunque no perfecta. De eso se trata, de mejorar y de avanzar, siempre que se quiera hacer tránsito por la vida política con criterio grande. Estamos a tiempo. Busquemos políticamente en democracia lograr articular un mejor y más moderno Estado, que marque el rumbo a seguir. Abandonemos el método en donde son las crisis las que fuerzan los cambios, porque la improvisación muchas veces se apodera del resultado. Son tiempos para forjar y construir el país grande y moderno, ensayar con lo no fracasado y desterrar las prácticas nocivas de la politiquería, del populismo y la demagogia, responsables muchas veces, las más de las veces diría yo, de los males sociales y políticos de los últimos tiempos.
Seguiremos apoyando la Constituyente como la ruta para cambiar y avanzar en medio de reales acuerdos nacionales. Ojalá lo entiendan y lo vean como algo factible aquellos que no tienen hoy ninguna excusa para no hacer todo lo que prometieron para acceder al poder.
Les deseo un venturoso 2006 con la mayor sinceridad.