2006, el año de la generación perdida
Los muchachos que este año obtendrán su diploma que los acredita como bachilleres, y aquellos que están terminando en esta misma fecha sus carreras técnicas, son hijos de las huelgas de docentes. La del 2006 no es la única, ni siquiera es la que peores consecuencias tiene. Es sólo la más resonante o simbólica, por haber tenido lugar en un año de trascendencia histórica por la decisión que los panameños tomarán en torno a su Canal. De los años noventa a la fecha, el estudiantado ha tenido que sufrir las consecuencias de por lo menos diez huelgas educativas, lo que provoca sospechas sobre la calidad de la preparación académica de los jóvenes que en los próximos meses culminarán su período de enseñanza media.
Pero el panorama es más sombrío. El estudiantado panameño ya de por sí viene mal formado. El sistema de enseñanza, y sus planes obsoletos, no están a la altura del tercer milenio que vivimos. Nuestros muchachos y muchachas están siendo instruidos mediante parámetros que tienen no menos de cuarenta años de atraso. Si a eso se suma el período de huelgas docentes que han tenido como escenario este pequeño y pobre país en los últimos quince años, el resultado no es para nada halagador.
En estas circunstancias, las decenas de miles de estudiantes que salen este año de las escuelas secundarias no son otra cosa que una generación paralizada en su intelecto y su creatividad, es decir..., una bomba de tiempo. No sería de extrañar que esta muchachada tarde que temprano se convierta en un problema social, pues en lugar de mano de obra calificada, podrían tornarse en un estorbo para el desarrollo nacional e, inevitablemente, queden en las filas de los pobres de solemnidad.
Un sistema educativo anacrónico, que desde la primaria muestra sus carencias; la serie de huelgas que en los últimos dieciséis años ha detenido el proceso de enseñanza-aprendizaje, de por sí cacofónico e inútil; la pésima calidad de la mayoría del cuerpo de maestros y profesores, quienes, siendo optimistas, a duras penas se leen un libro al año: todas estas son variables que de manera inevitable nos hace pensar que la del 2006 será una generación perdida.
Pero el panorama es más sombrío. El estudiantado panameño ya de por sí viene mal formado. El sistema de enseñanza, y sus planes obsoletos, no están a la altura del tercer milenio que vivimos. Nuestros muchachos y muchachas están siendo instruidos mediante parámetros que tienen no menos de cuarenta años de atraso. Si a eso se suma el período de huelgas docentes que han tenido como escenario este pequeño y pobre país en los últimos quince años, el resultado no es para nada halagador.
En estas circunstancias, las decenas de miles de estudiantes que salen este año de las escuelas secundarias no son otra cosa que una generación paralizada en su intelecto y su creatividad, es decir..., una bomba de tiempo. No sería de extrañar que esta muchachada tarde que temprano se convierta en un problema social, pues en lugar de mano de obra calificada, podrían tornarse en un estorbo para el desarrollo nacional e, inevitablemente, queden en las filas de los pobres de solemnidad.
Un sistema educativo anacrónico, que desde la primaria muestra sus carencias; la serie de huelgas que en los últimos dieciséis años ha detenido el proceso de enseñanza-aprendizaje, de por sí cacofónico e inútil; la pésima calidad de la mayoría del cuerpo de maestros y profesores, quienes, siendo optimistas, a duras penas se leen un libro al año: todas estas son variables que de manera inevitable nos hace pensar que la del 2006 será una generación perdida.