2009, marcado por la violencia
Las cifras de la violencia revelan una realidad inocultable que el panameño percibe en el miedo que siente al salir a la calle. En general la percepción es hoy mayor, pese a que América Latina ha estado habituada a la violencia desde la conquista hasta las guerras de liberación, pasando por las dictaduras del cono sur, las guerrillas de los ochenta, la represión estatal moderna contra la delincuencia organizada y otras formas de violencia.
Una sensación que tiene mucho más de verdad que de mito urbano, inclusive para el gobierno del presidente Martinelli, quien se comprometió a dar respuestas eficaces desde el primer día de su mandato. Pese a las promesas de cambio, el 2009 terminará tal como empezó: amenazado por la delincuencia y el crimen organizado.
Entre los especialistas está claro que hay factores determinantes que conducen al incremento de la violencia urbana hoy día en la ciudad de Panamá, tales como el desmonte del Estado benefactor, los inapropiados ahorros fiscales de la agenda social, la migración interna descontrolada, la economía informal y precaria de los cordones de pobreza, la niñez desprotegida y, quizás la peor de todas, la corrupción y la impunidad por el negocio del narcotráfico que se manifiesta con igual intensidad en todas las esferas sociales. Todos ellos constituyen la genealogía de los sucesivos fracasos gubernamentales para encarar la inseguridad ciudadana.