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22 años después


Se cumplen en este mes de junio 22 años del inicio de ese gran movimiento nacional que se denominó CRUZADA CIVILISTA NACIONAL. La casi total unidad nacional que produjo giró en torno al rescate, por métodos no violentos, de la democracia, la justicia y la libertad para el país, que vivía ya los años finales del gobierno militar, en medio de una profunda crisis de gobernabilidad, de violación de derechos humanos, corrupción en grado sumo, desconocimiento de todas las libertades básicas del pueblo panameño y de el más grande enfrentamiento social de finales de siglo.

El trágico, pero esperado, final de esa grave crisis política, cambió radicalmente el rumbo de nuestra historia. El gobierno electo abrumadoramente en 1989 inició un proceso de reconstrucción nacional en medio de enormes limitaciones económicas, total aislamiento internacional, con un país ocupado militarmente y con toda la institucionalidad, o lo poco que quedaba de ella, casi inexistente. Y se hizo mucho. Existió de parte del pueblo en forma mayoritaria, el respaldo expreso al Gobierno Endara para acometer esa gran tarea. El haber vivido toda esa parte de la historia en primera fila me permite hoy manifestar que habían grandes expectativas, inmensas diría yo, para dar pasos concretos hacia la construcción de un nuevo Estado. La oportunidad fue dorada, pero también es importante ponderar a la distancia la importancia que se le dio a la estabilización política del país y a la reconstrucción de sus instituciones, partiendo de lo que se tenía, y no de la gran expectativa que significaba para el querer de muchos un borrón y cuenta nueva, realidad que ni luego de 22 años la creo que hubiera sido realizable. Razones muchas, espacio para sustentarlas, poco.

No obstante ese duro y traumático episodio, en el que muchos dejaron vidas, bienes y derechos en el camino, hoy renace otra oportunidad. A mi juicio, es el otro momento para dar pasos reales, ahora bajo circunstancias muy favorables y distintas a las de entonces, para darnos ese proyecto nacional del Siglo 21 que inicie la construcción de un nuevo Estado, moderno, incluyente, transparente y serio que recoja las actuales expectativas y las conduzca en el tiempo, estoy seguro que más allá de cinco años, hacia tan caro ideal. El mandato dado al presidente Martinelli, no sólo es de cambio, sino que debemos aprovecharlo para construir ese Estado que debiera ser, como dije, un proyecto que nos una en el tiempo hasta lograrlo a plenitud. Es fundamental la suma de voluntades y de acuerdos para empinarse sobre diferencias pequeñas y avanzar como Nación. Creo que se impone. La responsabilidad de hacerlo bien, el gran compromiso. Coincido en que es ésta, quizás, la última oportunidad no traumática.

Como ayer, y con mucha más experiencia, me toca vivir esta etapa en primera fila. Las responsabilidades encomendadas a mi persona son enormes. Me compromete, y mucho, ese sentimiento de apoyo y confianza que recibo de muchas partes que aspiran a que todos, desde el nuevo gobierno, lo hagamos bien. Nada más.

Volver a servirle y a sacrificarme por el país como lo hice en esos duros tiempos me resulta un gran reto. Pueden tener la confianza que hacia allá irán todos mis esfuerzos y del equipo que me tocará liderar.

101 años de Panamá América

 
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