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3 de octubre de 1989: 20 años después


En mi lucha contra la dictadura, la madrugada del 16 de marzo de 1988 guarda un espacio especial. Esa madrugada, poco antes de las 5, recibí una llamada inusual. Media hora después mi primo Dicky Domínguez (q.e.p.d.) pasaba a buscarme; supe que se trataba de un intento de los militares para deponer a Noriega. Dicky lo confirmó mediante su relación con Chema Toral, entonces carnal de Fernando Quezada. La semilla que habíamos estado abonando empezaba a germinar.

Buscamos a Toral y fuimos al Puente de las Américas donde Fernando ejercitaba. Mis tareas para ese día: avisarle al Doctor Arias Calderón, al Nuncio Laboa y a los dirigentes de la Cruzada Civilista que a las 7 de la mañana unos oficiales arrestarían a Noriega en la Avenida A, quien supuestamente dormía allí. De inmediato cumplí con el encargo.

El Capitán Moisés Giroldi, jefe de plaza ese día, a pesar de que inicialmente los apoyó, impidió que el golpe prosperara y los implicados fueron a dar a la cárcel. Sufrieron las torturas ordenadas por Noriega: el Teniente Coronel Macías, casi queda ciego; los Mayores Quezada, Valdonedo, Fundora (q.e.p.d.) Benítez, Samudio, Villalaz, quien logró escapar, Arjona, González, Serrano y otros oficiales y sub oficiales. Eso sí, sentenció Noriega: “el próximo que se atreva lo mato”.

La situación interna dentro de las Fuerzas de Defensa se fue agravando después de la fallida intentona de marzo porque se rumoraba que muchos que no fueron detenidos estaban de acuerdo. El Jefe ya no confiaba en nadie y hasta se decía que cubanos e israelitas le ayudaban en su seguridad. Noriega creó una especie de Estado Mayor paralelo al no confiar en los encargados regulares de esos cargos.

Unos meses después, en la madrugada del 3 de octubre, Noriega llegó a ser arrestado, irónicamente, por el mismo Giroldi, ascendido a Mayor por su anterior hazaña. El poder de persuasión de Noriega logró convencer a Giroldi del mal que significaba entregarlo a los militares gringos, como supuestamente estaba previsto. Giroldi confió en su compadre y lo liberó. Dominada la nueva insurrección, todos los implicados –los mayores Arza, Bonilla, Concepción, Muñoz, Concepción, Ortega y Tejada- fueron arrestados y llevados a la base área de Albrook, donde al mejor estilo de la revolución cubana fueron todos asesinados; a Giroldi lo mataron en Tinajitas al día siguiente, de dieciséis tiros de ametralladora. A Julio, Sandoval y Lorenzo Drake, los mataron en el Cuartel Central.

A veinte años de esta horrible matanza, todavía esperamos la disculpa de los que en esos momentos de la dictadura todavía apoyaban a Noriega y que hoy se pasean por nuestras calles reclamando los derechos de la democracia que en ese momento le negaban a los panameños.

gcochez@covad.net

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