A 300 horas de la hora 0
Faltan escasas dos semanas para las elecciones generales del 2 de mayo que le darán al país el primer presidente del nuevo milenio.
Ha sido esta una campaña muy larga, tal vez demasiado larga, para un pueblo inquieto como el nuestro, ya que viene dando ciertas muestras de cansancio y hasta de apatía.
Nos involucramos en un referéndum que buscaba modificar algunos artículos de nuestra legislación electoral. El No a dichas reformas triunfó abrumadoramente. Fue un año entero en el cual se expusieron ampliamente todos los argumentos en pro y contra. En ese ejercicio político la violencia y dialéctica alejada de la moderación no tuvieron cabida. Demostraron gran madurez y civilidad. Los perdedores aceptaron con prontitud y hasta con elegancia su derrota. Inmediatamente se iniciaron las primarias presidenciales, las cuales según las legislaciones en materia electoral eran obligantes para escoger el candidato presidencial de cada partido. El PRD fue más allá. Por disposiciones internas celebró primarias para todos los puestos, dando un ejemplo de una democracia funcional a todos los niveles y que las bases de los partidos la exigirán a sus dirigentes en las próximas elecciones. Inmediatamente después, sin ningún respiro se dio inicio a la campaña política para la renovación de los poderes. Se formaron las ternas, se integraron alianzas y comenzó una lucha intensa por parte de los distintos grupos para tratar de alcanzar el triunfo en las elecciones del 2 de mayo. Hay que señalar, con satisfacción patriótica, que hasta el día de hoy la campaña política se ha desarrollado dentro de un clima de respeto, tolerancia y de análisis objetivo de los distintos planes de gobierno. Las referencias personales han estado marginadas, salvo 2 ó 3 casos que han sido muy criticados y que más han perjudicado a quienes las han propiciado que a quienes iban dirigidas. Son los mismos dirigentes que nunca cambiarán. Siempre son ofensivos y viscerales en sus expresiones. No lo pueden remediar, está en la amargura de su naturaleza. La campaña en sí se ha centralizado por la discusión sobre la privatización del IDAAN, por la falta de los debates presidenciales y por las distintas opciones que presentan las alianzas para combatir el desempleo.
Si bien estas campañas se han caracterizado por la madurez política en que han estado enmarcados, ha sido, en términos económicos, muy costosa. Largos meses, prácticamente 20, de permanente e intensa actividad política ha requerido cuantiosos desembolsos. Me atrevo a afirmar que del referéndum a las primarias y a la campaña general se han gastado por parte de los partidos, del Estado (Partido Electoral) y de los propios candidatos a puestos de elección cerca de 100 millones de balboas. Solo las manifestaciones multitudinarias que se han hecho y que se harán en los próximos días cuestan alrededor de B/.10.00 por persona. Los cierres de campaña en la Plaza 5 de Mayo le costará, esa sola actividad, más de medio millón de balboas a cada grupo. Por supuesto que muchos negarán esta afirmación mía porque todos los candidatos piensan que reconocer estos gastos implicaría aceptar de su parte una falta de popularidad.
La popularidad y el costo de las campañas no tienen absolutamente nada que ver una con otra. El movilizar simpatizantes, sobre todo si se pretende hacerlo a nivel nacional, cuesta transporte, alimentación, gorras, camisetas, refrescos, pancartas, publicidad, etc. Este desembolso, a mi manera de ver, no implica la compra de conciencia sino que más bien son gastos necesarios para darle oportunidad a los copartidarios de una alianza de escuchar a sus candidatos y exteriorizarle su respaldo. La presencia numerosa de sus simpatizantes, sin duda alguna, motiva al abanderado.
Esos millones que algunos piensan que es un despilfarro fortalece la economía al poner en circulación dinero que va a parar a distintos sectores de nuestra sociedad, en muchos casos a los más necesitados.
Confiamos que en los 13 días que faltan para el 2 de mayo, solo son 312 horas, continuaremos haciendo una campaña limpia, de altura, sin agravios, que prestigie al país ante los ojos del mundo, que verá que somos un país con hombres conscientes de la responsabilidad que tenemos ante la comunidad internacional al asumir las delicadas tareas que tendremos a partir del siglo XXI.
Ha sido esta una campaña muy larga, tal vez demasiado larga, para un pueblo inquieto como el nuestro, ya que viene dando ciertas muestras de cansancio y hasta de apatía.
Nos involucramos en un referéndum que buscaba modificar algunos artículos de nuestra legislación electoral. El No a dichas reformas triunfó abrumadoramente. Fue un año entero en el cual se expusieron ampliamente todos los argumentos en pro y contra. En ese ejercicio político la violencia y dialéctica alejada de la moderación no tuvieron cabida. Demostraron gran madurez y civilidad. Los perdedores aceptaron con prontitud y hasta con elegancia su derrota. Inmediatamente se iniciaron las primarias presidenciales, las cuales según las legislaciones en materia electoral eran obligantes para escoger el candidato presidencial de cada partido. El PRD fue más allá. Por disposiciones internas celebró primarias para todos los puestos, dando un ejemplo de una democracia funcional a todos los niveles y que las bases de los partidos la exigirán a sus dirigentes en las próximas elecciones. Inmediatamente después, sin ningún respiro se dio inicio a la campaña política para la renovación de los poderes. Se formaron las ternas, se integraron alianzas y comenzó una lucha intensa por parte de los distintos grupos para tratar de alcanzar el triunfo en las elecciones del 2 de mayo. Hay que señalar, con satisfacción patriótica, que hasta el día de hoy la campaña política se ha desarrollado dentro de un clima de respeto, tolerancia y de análisis objetivo de los distintos planes de gobierno. Las referencias personales han estado marginadas, salvo 2 ó 3 casos que han sido muy criticados y que más han perjudicado a quienes las han propiciado que a quienes iban dirigidas. Son los mismos dirigentes que nunca cambiarán. Siempre son ofensivos y viscerales en sus expresiones. No lo pueden remediar, está en la amargura de su naturaleza. La campaña en sí se ha centralizado por la discusión sobre la privatización del IDAAN, por la falta de los debates presidenciales y por las distintas opciones que presentan las alianzas para combatir el desempleo.
Si bien estas campañas se han caracterizado por la madurez política en que han estado enmarcados, ha sido, en términos económicos, muy costosa. Largos meses, prácticamente 20, de permanente e intensa actividad política ha requerido cuantiosos desembolsos. Me atrevo a afirmar que del referéndum a las primarias y a la campaña general se han gastado por parte de los partidos, del Estado (Partido Electoral) y de los propios candidatos a puestos de elección cerca de 100 millones de balboas. Solo las manifestaciones multitudinarias que se han hecho y que se harán en los próximos días cuestan alrededor de B/.10.00 por persona. Los cierres de campaña en la Plaza 5 de Mayo le costará, esa sola actividad, más de medio millón de balboas a cada grupo. Por supuesto que muchos negarán esta afirmación mía porque todos los candidatos piensan que reconocer estos gastos implicaría aceptar de su parte una falta de popularidad.
La popularidad y el costo de las campañas no tienen absolutamente nada que ver una con otra. El movilizar simpatizantes, sobre todo si se pretende hacerlo a nivel nacional, cuesta transporte, alimentación, gorras, camisetas, refrescos, pancartas, publicidad, etc. Este desembolso, a mi manera de ver, no implica la compra de conciencia sino que más bien son gastos necesarios para darle oportunidad a los copartidarios de una alianza de escuchar a sus candidatos y exteriorizarle su respaldo. La presencia numerosa de sus simpatizantes, sin duda alguna, motiva al abanderado.
Esos millones que algunos piensan que es un despilfarro fortalece la economía al poner en circulación dinero que va a parar a distintos sectores de nuestra sociedad, en muchos casos a los más necesitados.
Confiamos que en los 13 días que faltan para el 2 de mayo, solo son 312 horas, continuaremos haciendo una campaña limpia, de altura, sin agravios, que prestigie al país ante los ojos del mundo, que verá que somos un país con hombres conscientes de la responsabilidad que tenemos ante la comunidad internacional al asumir las delicadas tareas que tendremos a partir del siglo XXI.