A 37 años de los mártires del 9 de enero
¡Fue terrible!. El impacto de las balas se sentía por dentro y por fuera del cuerpo. El estallido en las mentes y en las conciencias no se hizo esperar. Todos (as) a la calle, asesinaban con "balas para patos" a nuestros ( as) estudiantes, a nuestros (as) compatriotas. Hace 37 años, la ciudad se tiñó de sangre, se había asestado otro, pero más duro, golpe a la soberanía y a la dignidad de la patria, a la conciencia colectiva.
Los sollozos y los gemidos acompañaban los palos y las piedras con los que el David panameño (a) se enfrentaba al Goliat, al coloso del norte, cuerpo a cuerpo (¿?), cara a cara. La ira, la rabia y la impotencia, se reflejaban en los rostros de los (as) istmeños (as). La contagiosa alegría de esta ciudad de indios(as) negros (as), zambos (as) mulatos (as) y blancos(as), huyó porque de repente se le enluteció el alma y el corazón.
Pasado el momento histórico, aquel en que Ascanio Arosemena se erguió como un gigante para enarbolar nuestra bandera por encima de la tiranía del imperio, la aflicción sobrecogió los corazones. El duelo era doble por la muerte física de los que se inmolaron y por la violación a las entrañas de la patria, misma que inspiró en el poeta José Franco: También "the Canal Zone es una braza ardiendo Patria mía" (Panamá Defendida.) Ese luto, ese dolor se impregnó en la más pequeña célula de la conciencia colectiva, que a partir de entonces y más que antes, se empeñó en buscar otros caminos para la Patria herida, el camino de la liberación de la verdadera independencia política y cultural; un camino sustentado en lo que Diana Morán llamaría "La soberana presencia de la Patria".
Y es que sólo "cuando termine la tristeza, cuando no haya mendigos y haya frutos, cuando sean las horas joyeles de alegría y la leche no falte en los manteles; cuando no se lastime la ternura de las recién paridas madres pobres y los barcos- islas errabundas del pueblo universal lleven la paz, seguiremos creyendo en tu memoria" (Franco, IBIDEM) Pero no terminó la tristeza, el llanto por los mártires de enero se incrementó por la nueva agresión del "89.
Otra vez el estertor de los moribundos, el olor de los cadáveres; otra vez el pueblo con su cuota de sacrificio, la sangre de sus hijos derramada, tras un pretexto legitimado por la prepotencia y egolatría de un dictadorzuelo. Y ya no sólo ardió "The Canal Zone", ardió la ciudad, el país entero. En ese encuentro la mayoría de los patriotas que hicieron frente a los invasores "cuerpo a cuerpo y cara a cara" (? ) no están vivos para contarlo. Hundidos en el anonimato y hasta en la malquerencia, entraron a formar parte de ese ejército de mártires anónimos, los que junto a la mayoría de los panameños (a) se convertirán al final de la jornada en los convidados de piedra frente al banquete de la reversión porque "Aquéllos, los que siempre se opusieron a las luchas panameñas, los que nunca dieron sangre por la zona Canalera, hoy pregonan la justicia de la Patria por herencia...son herencia los balnearios de las playas que le quedan, productivos los negocios bajo vientos que no cesan esas áreas revertidas tienen todas las riquezas de futuros privativos de consorcio que las sueñan" ( J. Franco, Las Areas Revertidas.)
Porque hoy, transcurrido apenas un año y pocos días de la reversión, nos encontramos la celebración de un 9 de enero casi imperceptible, con tres actos montados la asistencia no sobrepasó las 300 personas y eso con la participación de organizaciones populares. Por algo la madre de Ascanio se negó a hablar "para no echar en saco roto sus palabras" y su dolor. Fue notable la ausencia de la primera magistrada estatal en los actos oficiales; sin embargo, eso sí, muy dispuesta a viajar al exterior, tal vez con el séquito acostumbrado. Estos y los (as) de la ARI disfrutan de la riqueza reivindicada por el pueblo y sus mártires para quienes sólo se destina el aumento del combustible, de la canasta básica y de las cuentas de los servicios de teléfono y electricidad (que funcionan peor que nunca).
A propósito de la ARI, está vendiéndolo todo, hasta los árboles, pero no sólo a nacionales, si no que lo diga el poeta José Franco, quien a pesar de dos solicitudes en reglas, no pudo disponer de ninguna de las viviendas a la que aspiraba. No obstante les fueron concedida a una organización particular no nacional. ¡Tamaño despropósito!
El poeta merecía prioridad en esto, como también la madre de Ascanio y de los que ofrendaron su vida. ¡Cosas veredes Sancho!. Un último comentario, para felicitar a El Panamá América, el afiche sobre el 9 de enero fue magistral. Así se hace patria.
Los sollozos y los gemidos acompañaban los palos y las piedras con los que el David panameño (a) se enfrentaba al Goliat, al coloso del norte, cuerpo a cuerpo (¿?), cara a cara. La ira, la rabia y la impotencia, se reflejaban en los rostros de los (as) istmeños (as). La contagiosa alegría de esta ciudad de indios(as) negros (as), zambos (as) mulatos (as) y blancos(as), huyó porque de repente se le enluteció el alma y el corazón.
Pasado el momento histórico, aquel en que Ascanio Arosemena se erguió como un gigante para enarbolar nuestra bandera por encima de la tiranía del imperio, la aflicción sobrecogió los corazones. El duelo era doble por la muerte física de los que se inmolaron y por la violación a las entrañas de la patria, misma que inspiró en el poeta José Franco: También "the Canal Zone es una braza ardiendo Patria mía" (Panamá Defendida.) Ese luto, ese dolor se impregnó en la más pequeña célula de la conciencia colectiva, que a partir de entonces y más que antes, se empeñó en buscar otros caminos para la Patria herida, el camino de la liberación de la verdadera independencia política y cultural; un camino sustentado en lo que Diana Morán llamaría "La soberana presencia de la Patria".
Y es que sólo "cuando termine la tristeza, cuando no haya mendigos y haya frutos, cuando sean las horas joyeles de alegría y la leche no falte en los manteles; cuando no se lastime la ternura de las recién paridas madres pobres y los barcos- islas errabundas del pueblo universal lleven la paz, seguiremos creyendo en tu memoria" (Franco, IBIDEM) Pero no terminó la tristeza, el llanto por los mártires de enero se incrementó por la nueva agresión del "89.
Otra vez el estertor de los moribundos, el olor de los cadáveres; otra vez el pueblo con su cuota de sacrificio, la sangre de sus hijos derramada, tras un pretexto legitimado por la prepotencia y egolatría de un dictadorzuelo. Y ya no sólo ardió "The Canal Zone", ardió la ciudad, el país entero. En ese encuentro la mayoría de los patriotas que hicieron frente a los invasores "cuerpo a cuerpo y cara a cara" (? ) no están vivos para contarlo. Hundidos en el anonimato y hasta en la malquerencia, entraron a formar parte de ese ejército de mártires anónimos, los que junto a la mayoría de los panameños (a) se convertirán al final de la jornada en los convidados de piedra frente al banquete de la reversión porque "Aquéllos, los que siempre se opusieron a las luchas panameñas, los que nunca dieron sangre por la zona Canalera, hoy pregonan la justicia de la Patria por herencia...son herencia los balnearios de las playas que le quedan, productivos los negocios bajo vientos que no cesan esas áreas revertidas tienen todas las riquezas de futuros privativos de consorcio que las sueñan" ( J. Franco, Las Areas Revertidas.)
Porque hoy, transcurrido apenas un año y pocos días de la reversión, nos encontramos la celebración de un 9 de enero casi imperceptible, con tres actos montados la asistencia no sobrepasó las 300 personas y eso con la participación de organizaciones populares. Por algo la madre de Ascanio se negó a hablar "para no echar en saco roto sus palabras" y su dolor. Fue notable la ausencia de la primera magistrada estatal en los actos oficiales; sin embargo, eso sí, muy dispuesta a viajar al exterior, tal vez con el séquito acostumbrado. Estos y los (as) de la ARI disfrutan de la riqueza reivindicada por el pueblo y sus mártires para quienes sólo se destina el aumento del combustible, de la canasta básica y de las cuentas de los servicios de teléfono y electricidad (que funcionan peor que nunca).
A propósito de la ARI, está vendiéndolo todo, hasta los árboles, pero no sólo a nacionales, si no que lo diga el poeta José Franco, quien a pesar de dos solicitudes en reglas, no pudo disponer de ninguna de las viviendas a la que aspiraba. No obstante les fueron concedida a una organización particular no nacional. ¡Tamaño despropósito!
El poeta merecía prioridad en esto, como también la madre de Ascanio y de los que ofrendaron su vida. ¡Cosas veredes Sancho!. Un último comentario, para felicitar a El Panamá América, el afiche sobre el 9 de enero fue magistral. Así se hace patria.