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5% de Gobierno, 50% de Transparencia


NO RESULTA fácil comentar sobre los primeros 100 días de un Presidente de la República y de la administración que acaba de iniciar sus gestiones, si queremos hacerlo desde el punto de vista de logros. Representa sólo poco más del 5 % del quinquenio durante el cual les corresponde ejercer su mandato. Sin embargo, sí conviene analizar criterios sobre acciones tomadas por parte del gobernante y de su equipo de trabajo, pues de alguna manera refleja el estilo de gobierno, proyecta lo que podemos esperar para lo que resta del periodo.
Los 100 días reflejan en alguna medida la capacidad y voluntad política del gobierno para adecuar, desarrollar e implementar, ya en la práctica, el plan de gobierno que se vendió con éxito en la época de campaña y, en tal medida, desarrollar e informar sobre las distintas políticas públicas para enfrentar los grandes desafíos del país, hacia la competitividad y el bienestar social de las mayorías, definiendo y comunicando los resultados que se persiguen. Tal hazaña demanda la acción, firmeza y sentido de patria de un líder auténtico, con visión de estadista.
Seguimos pensando que al Presidente de la República le motiva una genuina vocación de servicio y el afán de enfrentar los problemas y hacer las cosas bien. En tal sentido, ha hecho buenas designaciones en varios de los ministerios y entidades autónomas, ha logrado la aprobación de unas reformas constitucionales parciales a la Constitución que son buenas pero incompletas para la modernización del Estado y la lucha contra la corrupción, ha respondido en forma encomiable bajo la impronta de la Primera Dama ante los desastres naturales que se han dado, se tomaron las medidas para que los fondos de la CSS en el BNP generen mayores intereses, aunque aún no es suficiente se ha reducido el gasto público, se ha fortalecido un poco nuestra política exterior y agenda comercial, se han impulsado medidas concretas para que las personas con discapacidad puedan ejercer sus derechos, ha impulsado una política anticorrupción que parece estar permeando el engranaje gubernamental, entre otros aciertos.
Si en algo han fallado es más al hacer, que por no hacer, lo cual es bueno. Pero al hacer se ha errado por el uso no prudente del control político y la falta de consulta ciudadana prometida, por ejemplo -sin el ánimo de restar méritos a las personas en cuestión- en cuanto al nombramiento de una Magistrada en la Corte Suprema de Justicia, del Contralor General de la República, y también por la incertidumbre generada en torno al paquete de reformas fiscales, tributarias y para sanear la situación de la CSS. Se yerra en esto último, al hacer, pues luego de una correcta rendición de cuentas en cuanto a la situación fiscal encontrada, no se da la consulta oportuna y la comunicación coordinada y efectiva en cuanto a la forma concreta como se enfrentará el problema, lo que se traduce en incertidumbre ciudadana.
Los problemas que nos aquejan -heredados si se quiere- son enormes, desde la crisis fiscal, la aberrante situación de la administración de justicia, la caótica seguridad social, el arcaico y politizado sistema transporte público, el alto desempleo y la cruel pobreza y pobreza extrema, entre otros. Las expectativas han sido muy altas. Se han exacerbado debido a la magnitud de los desafíos existentes, y quizá por la voluntad de hacer, lo que les da aún mayor relevancia.
Debido a lo anterior, no se conoce a ciencia cierta -quizá por falta de una comunicación y coordinación efectiva- cómo se enfrentarán situaciones como: el problema del transporte, el fortalecimiento de la industria del turismo, la reducción del tamaño del Estado logrando al mismo tiempo mayor eficiencia en la gestión, la necesaria modernización de la educación, la urgente depuración y adecentamiento de la administración de justicia, la adecuación del régimen laboral, el alto desempleo, los inaceptables índices de pobreza y de pobreza extrema, más allá de paliativos temporales, etc.
Los objetivos de una campaña política por la presidencia del país se inspiran en conceptos que interesan a la generalidad de los asociados y, por ende, tendrán relevancia para éstos al momento de emitir su voto. En tal sentido, la propuesta de "0 corrupción" reunió y sobrepasó todos los elementos de consideración y en efecto se convirtió en el principal "slogan" de campaña que resultó en el triunfo electoral. "0 corrupción" tiene un importante y valioso criterio, entrelazado en el propio "slogan": 100% de transparencia en la gestión gubernamental. Dicho en otra forma, para los empresarios "0 corrupción" equivale a "100% de transparencia". He allí lo que debemos evaluar, en cuanto a los 100 primeros días de gestión de la nueva administración, pues es la corrupción quizá la principal causa de todos los problemas del país y en esa misma medida la transparencia, con respecto a todos los criterios que sustentan las decisiones de la administración pública, es fundamental.
Importantes avances se han dado en la dirección correcta en cuanto a la lucha contra el flagelo de la corrupción: Derogatoria del decreto que reglamentaba la Ley de Transparencia, auditorías en dependencias del Estado, denuncias por supuestos actos de corrupción perpetrados por altos funcionarios públicos, creación de la Secretaría Ejecutiva y el Consejo Nacional de Transparencia contra la Corrupción, revelación del uso dado a las partidas discrecionales por parte de administraciones anteriores e intención de un uso más decente y regulado.
No obstante lo anterior, la designación de personas para ocupar altos cargos como los de Procurador General de la Nación, Procurador de la Administración, Contralor General de la República y Magistrados de la Corte Suprema, debe ser sometida, previa su selección, al considerado escrutinio y evaluación por parte de la sociedad civil, tal como lo propuso la APEDE en un reciente comunicado público, haciéndose eco de las promesas de campaña. Más que la amistad o algún tipo de vinculación con el Presidente o el partido en el poder, en tales designaciones deben prevalecer la comprobada solvencia moral, trayectoria profesional, preparación académica y experiencia puntual para los cargos a los cuales se les designa.
Esos altos niveles de transparencia son los que demostrarán el real compromiso con la "0 corrupción" y las sensibilidades preocupantes de todos los panameños que observan, con cautela, la actual gestión en la administración pública y desean coadyuvar a que la administración sea la más exitosa para el país. Sin la demostración así, de este compromiso, los avances que se han dado serán fútiles, el liderazgo perderá credibilidad y las altas expectativas se convertirán en desesperanza. Este es el mayor reto de un líder, para realmente lograr transformaciones profundas y trascender como un gran estadista.

101 años de Panamá América

 
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