70 millones para Darién
El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias, estuvo el fin de semana pasado en nuestro país, entre otras cosas, para reunirse con los candidatos presidenciales y hacer entrega simbólica de un préstamo para el desarrollo sostenible del Darién por B/.70.4 millones.
De todos los préstamos concedidos por la entidad a Panamá, éste es el de más pintoresco origen. A diferencia de otros, su promoción y autoría estuvo virtualmente a cargo del sacerdote y Obispo de Darién, Monseñor Rómulo Emiliani.
Iglesias había estado muchas veces en Panamá y siempre había oído hablar de Darién, su selva indómita, su imagen agreste y sus padecimientos, todos los cuales ganaban mayor notoriedad cada vez que se alborotaban los problemas con las incursiones de paramilitares y bandoleros colombianos en la región.
Pero quizás lo que más atraía a Iglesias a Darién, es su lejana imagen de un "Macondo" de verdad, como última real reserva botánica y biológica del planeta, con una riqueza ecológica sin par.
Por eso sugirió la visita a Darién hace poco más de un año. Y los funcionarios de Planificación se las arreglaron, poniendo como anfitrión a Monseñor Emiliani.
El traslado se hizo en el cómodo helicóptero presidencial y le acompañaron varios funcionarios locales que se esforzaban por dorar la píldora de una visita que habrían preferido evitar.
El paseo en cayuco por el vasto Tuira y el breve recorrido por la selva virgen debieron dejar en Iglesias una huella imborrable. Nada parecido ha visto jamás sobre la Tierra, y conste que por su cargo conoce prácticamente cada uno de sus rincones.
Pero lo que más le impresionó fueron los diálogos con Emiliani. Se dice exagerado, por supuestos, que luego de asistir a una misa oficiada en plena selva y con participación de gran número de indígenas, Iglesias preguntó al alto prelado dónde está su catedral, a lo que Emiliani contestó lacónicamente, extendiendo ambos brazos a su alrededor: "Está usted en ella".
A su retorno a Washington, Iglesias comunicó su rara experiencia a organismos religiosos y conservacionistas de la capital del mundo. Y unos meses después, Emiliani era condecorado en esa ciudad, por su encomiable trabajo a favor del medioambiente en Darién.
Nuestra más olvidada provincia obtuvo así su primera oportunidad real para salir de la postración, el olvido y la pobreza. Y, mientras tanto, el padre Emiliani, continúa su obra silenciosa en medio de la selva, lejos de las cámaras y los medios noticiosos.
De todos los préstamos concedidos por la entidad a Panamá, éste es el de más pintoresco origen. A diferencia de otros, su promoción y autoría estuvo virtualmente a cargo del sacerdote y Obispo de Darién, Monseñor Rómulo Emiliani.
Iglesias había estado muchas veces en Panamá y siempre había oído hablar de Darién, su selva indómita, su imagen agreste y sus padecimientos, todos los cuales ganaban mayor notoriedad cada vez que se alborotaban los problemas con las incursiones de paramilitares y bandoleros colombianos en la región.
Pero quizás lo que más atraía a Iglesias a Darién, es su lejana imagen de un "Macondo" de verdad, como última real reserva botánica y biológica del planeta, con una riqueza ecológica sin par.
Por eso sugirió la visita a Darién hace poco más de un año. Y los funcionarios de Planificación se las arreglaron, poniendo como anfitrión a Monseñor Emiliani.
El traslado se hizo en el cómodo helicóptero presidencial y le acompañaron varios funcionarios locales que se esforzaban por dorar la píldora de una visita que habrían preferido evitar.
El paseo en cayuco por el vasto Tuira y el breve recorrido por la selva virgen debieron dejar en Iglesias una huella imborrable. Nada parecido ha visto jamás sobre la Tierra, y conste que por su cargo conoce prácticamente cada uno de sus rincones.
Pero lo que más le impresionó fueron los diálogos con Emiliani. Se dice exagerado, por supuestos, que luego de asistir a una misa oficiada en plena selva y con participación de gran número de indígenas, Iglesias preguntó al alto prelado dónde está su catedral, a lo que Emiliani contestó lacónicamente, extendiendo ambos brazos a su alrededor: "Está usted en ella".
A su retorno a Washington, Iglesias comunicó su rara experiencia a organismos religiosos y conservacionistas de la capital del mundo. Y unos meses después, Emiliani era condecorado en esa ciudad, por su encomiable trabajo a favor del medioambiente en Darién.
Nuestra más olvidada provincia obtuvo así su primera oportunidad real para salir de la postración, el olvido y la pobreza. Y, mientras tanto, el padre Emiliani, continúa su obra silenciosa en medio de la selva, lejos de las cámaras y los medios noticiosos.