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'a1A verificar nuestros puentes!



Tras lo acontecido con el derrumbe del puente sobre el río Mississippi, en Minneapolis, Estados Unidos, bien haría el Gobierno Nacional, el actual y los que le sucedan, disponer que el Ministerio de Obras Públicas adopte un mecanismo de verificación del estado del inventario de puentes nacionales.
El problema no es nuevo. Este medio y otros han publicado diversos reportajes en el pasado reciente, aludiendo al pésimo estado de algunos puentes. Siempre las autoridades han tildado de exageradas las advertencias y han procedido con una que otra mano de pintura y arreglo superficial, obviando estudios más profundos.
El problema es sencillo y harto conocido. Los metales y demás materiales se agotan como resultado de un proceso natural por el mero paso del tiempo. Si a ello sumamos su uso intensivo, tenemos la receta perfecta para que de un momento a otro, sin mayor explicación ni advertencia, alguno se haga pedazos, como el de Minneapolis.
"En todas partes se cuecen habas", reza el refrán. Y si en Estados Unidos reconocen que un alto porcentaje de sus puentes están en mal estado, pese a su consabida vocación por el mantenimiento continuo de sus obras de infraestructura, entonces, los panameños -que no conocemos el signado de esa palabra- estamos en serios problemas.
En cuanto a este diario, como lo hicimos la última vez con el paso elevado vehicular de Pedregal, estaremos alertas e insistiendo en la necesidad que se supervise y dé mantenimiento preventivo a los puentes nacionales. Ojalá no nos amanezca un día una tragedia colosal, como la de nuestros amigos del Norte y aprendamos la lección en cabeza propia, ya que parece que no podemos hacerlo en la ajena.
FA: Es posible que grupos de delincuentes colombianos, terroristas y narcotraficantes pretendan camuflarse en otros países, y a veces lo logran temporalmente, pero al final terminan siendo atrapados, como ha ocurrido en el pasado con terroristas y delincuentes colombianos en países vecinos. Hay casos conocidos, como la captura de Simón Trinidad, en Ecuador, de Rodrigo Granda, en Venezuela, y otros que no han tenido tanta divulgación.
PA: Panamá y Colombia mantienen un litigio que ha llegado a la OMC por las restricciones que ha impuesto Colombia a mercancía proveniente de la Zona Libre de Colon. ¿Cómo cree que termine esta diferencia?
FA: La solución real es que haya un control efectivo del Gobierno panameño sobre la salida de mercancía del puerto libre de Colón hacia Colombia. En la medida en que haya un control efectivo, nosotros no tendremos que recurrir a ninguna medida restrictiva. Hemos observado durante el último año que mucha de la mercancía que sale de Colón viene con subfacturación, viene con contrabando técnico. Encontramos que vendían la mercancía a Colombia con unos certificados de embarque y cuando se hacen las investigaciones, son modificadas, es un tema que perjudica mucho a nuestra economía.
Nosotros estamos plenamente abiertos a la mercancía panameña, impulsamos la integración comercial entre los dos países, pero necesitamos que con la mercancía que sale específicamente de la Zona Libre haya más control, para garantizar que no hay contrabando técnico y que no hay lavado de dinero.
PA: ¿En qué medida se da el lavado de dinero?
FA: Se produce lavado de dinero porque se envía mercancía con precios inferiores a los valores reales de compra. Si un producto se compra por un dólar en China y se trae a Colombia como si hubiera costado 50 centavos, simplemente es porque está financiado por el narcotráfico. El lavado de dinero que se ejerce a través de ese tipo de importaciones es muy perjudicial para la economía.
PA: ¿Se sabe que el dinero es del narcotráfico?
FA: Sí, pero no quiero decir que todas las importaciones que salen de la Zona Libre de Colón tienen ese origen.
PA: ¿Son empresas de los carteles de la droga?
FA: Seguramente son empresas montadas por carteles o por grupos particulares de narcotraficantes, incluyendo allí a las FARC, que también son narcotraficantes.
Si un producto se compra por un dólar en China y se trae a Colombia como si hubiera costado 50 centavos, simplemente es porque está financiado por el narcotráfico.
Fernando Araújo sabe lo que es estar secuestrado. Estuvo casi siete años en poder del Frente 37 de las FARC. Fue durante un bombardeo aéreo en medio del operativo militar montado para su rescate, que logró escabullirse de los dos guerrilleros que lo custodiaban en un campamento en Los Montes de María, en Bolívar.
"Yo me dije: o escapo ahora, o me matan". "Me arrojé al suelo y arrastrándome entre la maleza, matas de todo tipo de espinas, logré tomar distancia de dos guerrilleros que me custodiaban". "Tuve suerte de que Papá Dios me guió y me sacó por el caminito correcto, primero arrastrándome y luego corriendo", narró Araujo luego de huir el viernes 5 de enero de 2007.
Vagó por la espesa selva hambriento, sediento y con frío durante siete días. "No podía permitirme perder el valor". "Decidí explorar un nuevo camino, cogí una nueva cañada, y aunque casi estaba muerto de hambre y de sed, se me iluminó la mente y vi un cactus redondo, igual al que en alguna oportunidad había visto comer a los guerrilleros, logré abrirlo, me tomé el agua del interior y empecé a comerlo".
Esa planta salvó de morir de hambre al ahora canciller. "Ese mismo día en la noche, dormí con el cactus a mi lado y cada vez que me angustiaba, me comía un pedacito".
A sus 51 años de edad, caminó por la espesura hasta llegar al pueblo de San Agustín, en donde entró en contacto con la Policía y con su libertad. Araújo fue secuestrado el 4 de diciembre del 2000 mientras corría por el balneario de Bocagrande, en su natal Cartagena.
En un llamado de atención al pueblo panameño, Araújo aseguró que las FARC mantienen a niños, ancianos y mujeres secuestrados en jaulas de alambres de púas en medio de la selva, a la intemperie, expuestos a malos tratos, amarrados a árboles, encadenados unos a otros del cuello, con mala alimentación, presionados sicológicamente e incomunicados.

101 años de Panamá América

 
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