"Abierto al comercio mundial"
"Abiertos al comercio mundial" ("Funnel for the word commecer"), rezaba la inscripción , registrada en las matrículas de los automóviles y vehículos de la ex zona del Canal de Panamá, administrada por los norteamericanos. Ese mandato lo interiorizamos tan efectivamente, que hoy día nos aprestamos a destinar multimillonarias sumas de dinero para "modernizar" y ampliar la vía interoceánica para el usufructo del comercio internacional, colocándola según dicen en un rango de Primer Mundo.
Sin embargo, las pautas de circulación vial férreamente establecidas y de riguroso cumplimiento en la ex zona del Canal, así como el monitoreo de la velocidad, la seguridad y el adecuado funcionamiento de los vehículos, no dejó su impronta en nosotros como era menester.
Nuestro transporte interno, en cuya modernización no invertimos, suele acusar además de abandono, evidente deterioro y tal grado de inseguridad, que transportamos a nuestras gentes como si fueran ganado que van para el matadero, situación propia de un país de cuarto mundo. De allí lo ocurrido con "el autobús de la muerte".
Si bien es cierto, la presencia de los norteamericanos en nuestro suelo fue motivo de conflictos y fisuras, también lo es (Albert Memmi) que la influencia del colonizador tiene sus efectos en la cultura y personalidad del colonizado; al punto que muchos de nuestros patrones de comportamientos están marcados por la cultura norteamericana.
Pero no siempre los rasgos culturales que convendrían incorporar fueron los logrados, por lo que es una lástima que aquellos patrones de comportamiento vial como los señalados anteriormente no sean de los asimilados en el intercambio cultural. De otro modo nuestras instituciones gubernamentales garantizarían la seguridad y el bienestar de los ciudadanos, tomando las medidas oportunas e imponiendo con la norma y la ley, el orden en la conducción del servicio público.
El fatídico accidente en que perdieran la vida 18 personas (niños y adultos), y en la que se traumatizaran otra veintena, pudo deberse a desperfectos mecánicos del autobús siniestrado pero coloca de relieve el descuido, desinterés y desidia de las autoridades competentes para imponer a la flota del transporte público, medidas de protección al usuario; las mismas que hubiesen podido evitar la irreparable pérdida de vidas humanas, en un cuadro tan dantesco como el ocurrido en la avenida Martín Sosa, el 23 de octubre pasado.
¿Cómo es que el autobús en cuestión carecía de puertas de desahogo traseras ni paralelas? ¿Cómo es que estos conductores no reciben los entrenamiento básicos para determinar que ante un escape de humo y olor a quemado la primera medida es detener la máquina y desalojar el autobús?
A menudo encontramos autos y buses que a simple vista denotan su inhabilidad para funcionar adecuadamente. Con ejes traseros cayéndoseles, llantas lisas o desprendiéndose; parabrisas vueltos añicos o sin ellos; tubos de escape ensordecedores, pero exhibiendo un revisado del año y la matrícula respectiva.
Con frecuencia presenciamos la violación constante y desmedida de las normas del tránsito por conductores del transporte selectivo y colectivo en las narices de los agentes del tránsito, pero éstos optan por mirar para otro lado. Muchas veces la rutina de estos funcionarios se concentra en pararse como espantapájaros a señalar el avance o detención de los automóviles.
Dada la magnitud de la tragedia, no sólo el director del ATTT debió ser removido de su puesto, sino también el subdirector por la falta de idoneidad demostrada en el cargo; sin embargo, resulta que los muertos son del pueblo, que los llore el pueblo.
María Elena Ortega, quien vive en Villa María, explica que la única opción que tiene para su casa es viajar en la parte trasera de un pick up como si se tratara de una vaca o un puerco.
Ortega señala que esa es la única alternativa de transporte, y explica que cada vez que se monta en esos carros lo hace con temor, porque no le brindan de seguridad a los usuarios.
Panamá América trató de entrevistar a Mirna de Alemán, jefa encargada de Servicios de Transporte Público de la ATTT desde el 30 de octubre pasado, sin embargo, la oficina de Relaciones Públicas de la entidad, informó que nadie más podía dar entrevistas si no se trataba de Severino Mejía, nuevo director de la institución.
Sin embargo, las pautas de circulación vial férreamente establecidas y de riguroso cumplimiento en la ex zona del Canal, así como el monitoreo de la velocidad, la seguridad y el adecuado funcionamiento de los vehículos, no dejó su impronta en nosotros como era menester.
Nuestro transporte interno, en cuya modernización no invertimos, suele acusar además de abandono, evidente deterioro y tal grado de inseguridad, que transportamos a nuestras gentes como si fueran ganado que van para el matadero, situación propia de un país de cuarto mundo. De allí lo ocurrido con "el autobús de la muerte".
Si bien es cierto, la presencia de los norteamericanos en nuestro suelo fue motivo de conflictos y fisuras, también lo es (Albert Memmi) que la influencia del colonizador tiene sus efectos en la cultura y personalidad del colonizado; al punto que muchos de nuestros patrones de comportamientos están marcados por la cultura norteamericana.
Pero no siempre los rasgos culturales que convendrían incorporar fueron los logrados, por lo que es una lástima que aquellos patrones de comportamiento vial como los señalados anteriormente no sean de los asimilados en el intercambio cultural. De otro modo nuestras instituciones gubernamentales garantizarían la seguridad y el bienestar de los ciudadanos, tomando las medidas oportunas e imponiendo con la norma y la ley, el orden en la conducción del servicio público.
El fatídico accidente en que perdieran la vida 18 personas (niños y adultos), y en la que se traumatizaran otra veintena, pudo deberse a desperfectos mecánicos del autobús siniestrado pero coloca de relieve el descuido, desinterés y desidia de las autoridades competentes para imponer a la flota del transporte público, medidas de protección al usuario; las mismas que hubiesen podido evitar la irreparable pérdida de vidas humanas, en un cuadro tan dantesco como el ocurrido en la avenida Martín Sosa, el 23 de octubre pasado.
¿Cómo es que el autobús en cuestión carecía de puertas de desahogo traseras ni paralelas? ¿Cómo es que estos conductores no reciben los entrenamiento básicos para determinar que ante un escape de humo y olor a quemado la primera medida es detener la máquina y desalojar el autobús?
A menudo encontramos autos y buses que a simple vista denotan su inhabilidad para funcionar adecuadamente. Con ejes traseros cayéndoseles, llantas lisas o desprendiéndose; parabrisas vueltos añicos o sin ellos; tubos de escape ensordecedores, pero exhibiendo un revisado del año y la matrícula respectiva.
Con frecuencia presenciamos la violación constante y desmedida de las normas del tránsito por conductores del transporte selectivo y colectivo en las narices de los agentes del tránsito, pero éstos optan por mirar para otro lado. Muchas veces la rutina de estos funcionarios se concentra en pararse como espantapájaros a señalar el avance o detención de los automóviles.
Dada la magnitud de la tragedia, no sólo el director del ATTT debió ser removido de su puesto, sino también el subdirector por la falta de idoneidad demostrada en el cargo; sin embargo, resulta que los muertos son del pueblo, que los llore el pueblo.
María Elena Ortega, quien vive en Villa María, explica que la única opción que tiene para su casa es viajar en la parte trasera de un pick up como si se tratara de una vaca o un puerco.
Ortega señala que esa es la única alternativa de transporte, y explica que cada vez que se monta en esos carros lo hace con temor, porque no le brindan de seguridad a los usuarios.
Panamá América trató de entrevistar a Mirna de Alemán, jefa encargada de Servicios de Transporte Público de la ATTT desde el 30 de octubre pasado, sin embargo, la oficina de Relaciones Públicas de la entidad, informó que nadie más podía dar entrevistas si no se trataba de Severino Mejía, nuevo director de la institución.