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Abrieron los ojos


Altamente peligrosa una fiera herida, acomete furiosamente desesperada. Igualmente ocurre al autoritario Chávez, enloquecido por los millones de firmas recolectadas por la oposición para solicitar la revocación de su mandato presidencial.
Hasta hace poco, la sociedad democrática luchaba en solitario. Chávez vertía ingentes recursos en dólares en cabildeos y costosas asesorías de relaciones públicas, financiaba movimientos indigenistas desde México hasta la Patagonia, a los piqueteros argentinos, jugaba con las limitaciones económicas de los países del CARICOM y se valía de intelectuales de la izquierda exquisita para que vendieran su revolución.
La dignidad militar, hoy ausente, rechazó en los años 60 las pretensiones invasoras del castrocomunismo. Lo que queda de ella se ha entregado sin sonrojo al atávico dictador, quien vengó así lo que no consiguió con las armas cubanas ni la guerrilla venezolana. El golpista Chávez, fracasado como militar, logró que una sociedad suicida lo eligiera presidente; hoy, sin embargo, le adversa con furia. Se repitió así el error que tanto ha dañado a la América Latina. Chávez está desnudo ante el mundo. Hoy lo eluden. El presidente Lula ha marcado distancia y la izquierda europea, enemiga de las dictadura del continente pero tolerante con las de América, también se lo está sacudiendo. Se suman a los millones de venezolanos que han desertado de la locura y que, sintiéndose engañados, abandonaron el barco mientras la sociedad democrática crecía.
Aquél que hablaba de una tal democracia participativa, de haber instaurado ""la mejor"" constitución del mundo, el que acabaría con la pobreza, con la corrupción y reivindicaría a la nación, terminó en fiasco, como su guía y maestro. Hoy el demócrata no quiere, y por supuesto, ya declarado revolucionario, ni cree en elecciones. Acusa a sus adversarios de fascistas y golpistas, pero curiosamente son éstos los que exigen un referendo no para derrocar a Chávez, sino para que se someta a la voluntad popular y si la mayoría quiere que continúe como presidente, seguirá siendo presidente. Sería un segundo suicidio y nadie se suicida dos veces. Dos prestigiosas organizaciones europeas, la Sociedad Internacional para los Derechos Humanos y la Fundación Sajárov, que cuentan con cuatro premios Nobel, emitieron un cáustico documento en el cual califican como ""oleada de crímenes"" al régimen que devasta una población civil desarmada que, portando banderas, ha tenido el valor de enfrentarse a fuerzas militares y grupos paramilitares pertrechados con armamentos de guerra, que dispara perdigones a quemarropa y emplea vehículos no para disuasión de una protesta civil, sino para la guerra.
Los intelectuales europeos acusan a Chávez y su gobierno de emplear argumentos mendaces y subterfugios, como hicieron Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini, Mao y Castro para perpetuarse en el poder y crear dinastías de verdugos.
Cruzando el charco, intelectuales americanos ""se olían"" que detrás de la carta de Chávez se escondía un autócrata ambicioso. Hasta el Nobel García Márquez, fiel aún al dictador cubano, comentó en 1999 que le había estremecido ""la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podría pasar a la historia como un déspota más"". Se refería a Hugo Chávez.
No deja de sorprenderme que un número de humanistas hayan mantenido admiración y apoyo por un hombre sanguinario como Fidel Castro. Quizá unos respondan a su sentimiento visceral antiestadounidense; otros, como la izquierda exquisita, lo hagan por lo pintoresco de los dictadores latinoamericanos. Chávez está arrinconado, es un tramposo y sigue recurriendo a artimañas para impedir que se realice el referendo revocatorio valiéndose de los tres hombres, profesores universitarios ellos, que lo representan en el Consejo Electoral. Su desesperación es inocultable y le importa un bledo el costo humano y para el país que signifique su tozudez, como tampoco le importó la destrucción de la industria petrolera cuando confesara públicamente que él había provocado esa crisis. Por tercera vez condena a los venezolanos a una masacre: 11 de abril de 1992, 6 de diciembre de 2002 y 27 de febrero de 2004. No podrá evadir la justicia, ni la terrestre ni la divina. Es su destino.
* Periodista venezolano, coordinador general editorial del Bloque DEARMAS.
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101 años de Panamá América

 
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