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Abrir el corazón para dar




Médico

Realmente, vivimos en un país privilegiado teniendo tanta gente linda que ayuda en las necesidades de los demás y que, en Panamá, son muchas. Siempre que tocan a una puerta, ésta se abre y permite que otros tengan aunque sea una pequeña gota de lo que ellos poseen.
Cuando el Club 20-30 dijo la cifra de su meta, nadie pensaba que podría alcanzarse, dada la situación económica que vive el país. Dábamos por sentado que las donaciones serían inferiores a las de años anteriores; sin embargo, la realidad fue otra. El pueblo panameño se solidarizó con las necesidades sin importar si el gobierno debe o no participar en la obra y sin considerar si es o no obligación del gobierno hacerlo. Fueron dos días de Teletón, en los cuales el país entero sólo estuvo pendiente de ello.
Dicen que dar es lo más hermoso que existe, porque lo libera a uno de algo que tenemos amarrado a nosotros sin querer soltarlo. Dar algo es como si quitaran un peso de encima; es tan grandiosa la sensación que tenemos cuando damos, que nos acerca más a Dios. Para mí no importa si das lo que te sobra o das parte de lo que tienes. No importa a quién des, pero un granito de arena que parece una roca ha llegado a las personas indicadas y que más está clamando por ellas.
Que si uno es rico, pudiente o pobre, no importa. Lo interesante es lo que llevamos dentro, un corazón grande como lo tienen los panameños; lo que sobresale es el espíritu dadivoso. Si ustedes observan a la gente humilde, limitada en su realidad económica, tienen un sentido de solidaridad humana. Con una tranquilidad increíble aceptan adoptar un niño o niña, le ofrecen el cariño de una familia y lo poco que puedan darle materialmente.
No imaginamos la cantidad de gente que tiene posibilidades, que ayudan a los necesitados; no lo sabemos porque lo hacen silenciosamente. Sin la ayuda de todos, cada uno en lo que pueden donar, coopera con las obras sociales que hacen las organizaciones que ayudan a los pobres. Y fíjense que no digo ONG"s, porque algunas de ellas hacen una labor muy positiva; pero hay muchas que lo hacen para su propio beneficio o para obtener donaciones internacionales que sólo dan a través de estas entidades.
Si alguien compra un boleto de B/. 100.00 en beneficio de los niños de la calle y va a la cena, está cooperando. Cada vez que adquirimos un boleto de rifas de cualquier club cívico o asociación y ayuda en esas obras, estamos haciendo patria, no dando limosna sino poniendo nuestro granito en apoyo de esas labores.
Yo pertenezco al Club Rotario de Panamá porque es una agrupación que hace obras sociales y donde encuentro la forma de proyectarme en ese campo. El día que el Rotario no cumpla con ese trabajo, lo abandonaré con tristeza.
Igualmente decimos de todos los clubes cívicos: unos hacen una obra, otros hacen otra; pero para eso vivimos. Nuestro lema es servir a los demás y lo ponemos en práctica. Por mi parte encuentro que dar es tan hermoso; que lo poco que doy me parece que nunca es suficiente.
Quien da sabe y siente lo que aquí expreso; los pocos que no lo hacen, espero despertarles el deseo de dar. Hagamos de estos días época de desprendimiento, época de compartir con los que no tienen, lo poco o mucho que poseemos.
Recuerden que ofrecer con el corazón es más hermoso que hacerlo por obligación o por apariencia. Así como Dios nos da, sobre todo oportunidades, sigamos esa misma línea hacia delante y hagamos con otros lo que el Padre hace con nosotros. Ser desprendido, dar posibilidades a los demás y enseñarles a vivir mejor es mejor que meter la mano en los bolsillos, porque los tratamos con dignidad y les damos algo permanente.
Seamos con los otros como nos gustaría que Dios fuera con nosotros y encontraremos la felicidad. ¡Feliz Navidad!

101 años de Panamá América

 
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