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Absalón Pinzón, un amigo socialcristiano


Es con el corazón pesado que como miembro del Partido Popular, el de la Estrella Verde, denominado Partido Demócrata Cristiano durante sus primeros 40 años, escribo estas líneas para dejar constancia de lo que los populares sentimos a la muerte de nuestro copartidario, compañero de ideales y lucha y amigo.
Él no fue de los hombres que proyectan su nombre en la cartelera de los teatros políticos de nuestro país, para que los aplaudan y ensalcen. Ni tampoco era de los hombres que inscriben su nombre en las vallas publicitarias de una empresa privada par que se puedan enriquecer sin trabajo ni decencia. Él fue, sin embargo, un hombre indispensable en uno y otro campo. Él fue en la política y en la empresa privada, es decir en lo secular y profano, algo así como el cristiano anónimo del que habla la teología cristiana alemana en el campo religioso. Lo conocimos como un hombre alegre. Su sonrisa prorrumpía en usa risa contagiosa que él buscaba difundir a través de sus jocosas anécdotas, porque para él la vida sin alegría no era vida humana; también como un hombre sencillo, lo cual no quiere decir simple, porque había concentrado la complejidad de su personalidad de una manera que nos hacía creer que sabíamos todo acerca de su vida, cuando en realidad conocíamos poco y el resto forma parte de su misterio personal y comunitario.
Absalón fue un hijo que cuidó de su madre, Doña Tonya de Pinzón, muy especialmente durante los últimos de sus 95 años. Hizo con Ambar Moreno de Pinzón, su esposa, una pareja extraordinariamente bien llevada en la que ambos sabían que eran el uno para el otro hasta el final de sus vidas. Le deja así a sus hijos, Carlos Eduardo y Ana Victoria, una herencia moral y afectiva que es la más valiosa de todas las herencias porque tiene que ver con lo que es más fundamental en la vida, el amor que sentimos por nuestros padres, nuestro cónyuge, nuestros hijos y también por el amor que sentimos por nuestra patria.
Quiero terminar recordándoles una imagen que muchos pueden evocar en estos momentos: en las grandes manifestaciones de la lucha por la democracia, con frecuencia se veía un pequeño automóvil, si es que se le podía llamar todavía automóvil, con dos altoparlantes que lanzaban al aire libre los gritos por la libertad y la justicia por las que clamaban alto y claro Chalito Pinzón y todos los como él fueron, son y serán un componente esencial de la sustancia misma de nuestra nación.

101 años de Panamá América

 
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