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Abuso de las comarcas indígenas


Cerca de la cuarta parte del territorio nacional yace dentro de comarcas indígenas en donde habitan menos del diez por ciento de la población de la República. Con razón, la legisladora darienita, Haydeé Milanés de Lay ha dado el grito al cielo, advirtiendo que si se sigue adelante con la creación de una nueva comarca en su circuito, van a acabar con la provincia, cuyo territorio se ha visto drásticamente reducido tras constituirse las comarcas Emberá-Wounaan, Wargandí y Mandugandí.
Según la legisladora Lay, la asignación de tierras con tales propósitos es "exagerada y desproporcionada", lo cual deja muy pocas posibilidades a interioranos, negros, latinos y mestizos, que también residen en el área. Sin embargo, en sentido contrario, se ha pronunciado Cristina Díaz, asesora legal de la Procuraduría de la Administración, quien considera justa la creación de las comarcas, puesto que los indígenas "han desarrollado una excelente relación con la naturaleza, la cual tienen ligada a su cultura, costumbres y tradiciones", a más de que ellos vienen ocupando esas tierras desde antes de crearse la República; apuntando que hay 46 comunidades aborígenes que se quedaron por fuera de la comarca Emberá-Wounaan que se creó en 1983.
En verano próximo, la Guardia Nacional de Estados Unidos estará ejecutando programas de servicio comunal llamados Nuevos Horizontes en áreas comarcales Ngobe Buglé de Veraguas, Chiriquí y Bocas del Toro. Son zonas misérrimas que padecen hambrunas terribles. La elección del territorio pues, no fue casual. La realidad es que tras el discurso idílico de la armonía entre el indígena y su medio ambiente se oculta un sistema intolerable de perpetuación de la pobreza y el atraso.
Cada comarca es un territorio con régimen autónomo, con frecuencia, abusivo. Hace algunos meses, en una carretera del Oriente de Chiriquí, que conduce a una comarca, los indígenas apostaron un retén en el que empezaron a cobrar peaje. Se trata de una vía pública, que a más de beneficiar a la comarca, fue pagada por todos los contribuyentes, no ciertamente indígenas.
Somos opuestos a todo tipo de discriminación y, precisamente por eso, pensamos que las comarcas son enclaves de marginación y discriminación, que no permiten integrar a los indígenas con sus compatriotas del resto del país. Y eso está perpetuando la pobreza y el atraso en esas áreas. Las comarcas deben ser permeables al progreso, a las escuelas, a las computadoras, al internet, a la autosustentación alimentaria y productiva, a la inversión turística externa, al comercio, a la cría de aves, a la agricultura, piscicultura y ganadería.
Porque estamos seguros que es posible armonizar progreso y ecología, opinamos que hay que replantear el concepto de las comarcas. Su creación no contribuye a solucionar nada a los panameños que viven en su territorio, sino todo lo contrario, a separar, discriminar y fomentar conflictos entre autóctonos y latinos, a marginar y perpetuar un imperio de la pobreza extrema y paleolítica.

101 años de Panamá América

 
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