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¿Acabar con la extrema pobreza?


Algunos despistados están pidiendo "erradicar la extrema riqueza". Parece que se oponen a la guerra en contra de la pobreza, especialmente si son empresarios quienes emprenden la guerra. Puede que sea porque se les acaba el caballito de batalla, pero el fondo parece ser más turbio que eso. He decidido dirigirme al tema, porque varias personas me lo han pedido y muchas están desconcertado por estas posiciones.
Según estos grupos, "...no se trata de realizar un pacto contra la extrema pobreza...(porque)...la pobreza y la miseria no son causas sino efectos". Esta increíble falta de lógica parece fundarse en la vieja tesis que inventó Lenín y que se han tragado con señuelo, plomada y cuerda sus "tontos útiles". Dicen que "es la extrema riqueza acaparada y concentrada en pocas manos lo que hay que combatir. Esta es una de las causas del empobrecimiento". Preguntan: "¿Qué sentido tiene pensar que la pobreza puede combatirse aumentando la riqueza, mientras no construyamos nuevas y renovadas estructuras, que faciliten la justa distribución, y que acabe con la anticristiana acumulación?" Y ellos mismos se responden: "El pecado social está en los ricos que siguen acumulando casa sobre casa y tierra sobre tierra, y no en los empobrecidos carentes de empleos, tierras, casas, y salario justo".
No podemos permitir que personas intencionalmente descarrilados conduzcan a los inocentes al despeñadero. La pobreza es el efecto de una disfuncionalidad en la capacidad de las personas de producir riqueza. La riqueza es la abundancia de lo que el ser humano necesita para la vida. El ser humano es por naturaleza un consumidor: consumimos aire y alimentos, consumimos experiencias e ideas y transformamos el mundo para hacerlo más apto para dicho consumo. Esta transformación de las cosas para hacerlas más aptas para el consumo, como cuando cocinamos una yuca para poderla comer, se llama trabajo. De manera que el remedio específico para la pobreza es la creación de riqueza.
Desde antiguo, las personas dividieron su trabajo y se especializaron en las funciones para poder producir más y mejor. Estas mejorías en las técnicas de producción dieron lugar a un aumento de la capacidad productiva de quienes las usan. Los sucesivos inventos tecnológicos fueron aumentando esta capacidad. Esta producción aumentada permite producir mucho más de lo que se necesita, pero suele ser que cada uno produce pocas cosas en gran cantidad pero tiene carencias de otras. Debido a eso se da el trueque, o intercambio de bienes y servicios. Este es el medio normal de distribuir los excesos de lo que cada uno produce. Para facilitar este intercambio se inventó el dinero como instrumento de medir el valor del producto del trabajo acumulado y medio de representarlo en las transacciones.
Desgraciadamente, muchas personas no han desarrollado su capacidad productiva y carecen de lo mínimo para subsistir y necesario para intercambiar por la variedad de productos que el mundo moderno ofrece. Cuando esta incapacidad se debe a defectos físicos o mentales es justo que los que tienen compartan con ellos de su abundancia. Pero cuando se debe a defectos de carácter y desarrollo personal, no hay razón alguna para una transferencia del producto del trabajo propio.
Hoy día hay muchos que no se encuentran en ninguna de estas situaciones. Su disfuncionalidad productiva se debe a defectos en los padres, o en el Estado, o en las leyes. Estas deficiencias necesitan ser subsanadas por la sociedad en su conjunto para beneficio de todos. Pero estas carencias no se subsanan con una mera distribución de la riqueza de unos pocos que producen en abundancia para igualar con ellos a muchos que poco o nada producen. Hay que capacitarlos y motivarlos a que produzcan un excedente de cosas y servicios valiosos que puedan intercambiar por otros que les represente riqueza en abundancia y diversidad.
Pero esto no es lo que quieren los mercaderes de la envidia. Ellos quieren que los pocos que producen mucho repartan los frutos de su trabajo con los que no producen nada a cambio de nada, alegando que es algo que ellos se merecen. En cambio, San Pablo dice: "El que no trabaja que no coma". He allí la teología cristiana. No quieren que se erradique la pobreza, sino que se distribuya "equitativamente" -debíamos decir que por igual porque tal repartición no sería equitativa-.
Hoy día no se da mucha acumulación improductiva. La mayoría de las fortunas están en empresas que producen la riqueza que se requiere para remediar las carencias de muchos. Bill Gates se hizo uno de los hombres más ricos del planeta produciendo programas que facilitaban la capacidad productiva de millones de personas y de la sociedad en general. Su fortuna está en papeles que representan esa capacidad y que no es ni siquiera distribuible sin destruir esa misma capacidad, destruyendo así mismo la fortuna. Esto empobrecería a millones, pero eso parece que es la motivación de muchos codiciosos de la riqueza ajena.
El pecado social está en impedir la creación de estructuras más justas, en crear el desasosiego y promover los rencores que crean desunión. En la envidia que envenena el alma y lleva a juicios y condenas injustas. En la producción y creación de cosas que destruyen en vez de construir. En la droga, los juegos de azar, los entretenimientos alienantes y los privilegios para unos que excluyen a los otros.

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