¿Acabar con la pobreza?
Pasaron las Navidades, litúrgicamente terminan el 12 de enero, es decir mañana. A quitar foquitos y guirnaldas, a deshacer lo que pretendió alegrarnos durante el fin de año. Pero con gusto, ya que el próximo año introduciremos mejoras, si es que estamos aquí. Lo externo para alegrar lo interno. O lo interno que se expresa en lo externo. Nuestra Conferencia Episcopal terminó sus sesiones con la solemne liturgia de la jornada por la paz y sus pronunciamientos oportunos en relación con la situación del país. Manera ya estilada de hacerse presente en la vida real y cotidiana del panameño creyente.
El 13 de enero, en la Arquidiócesis de Panamá, se inicia la Jornada Teológica hasta el 15, en el Gimnasio del Colegio Javier con la conducción de Monseñor Jorge Jiménez. No se puede dudar que uno de los temas que preocupa y cuya solución se ve distante, es del crecimiento de la pobreza y ver qué se puede hacer para detener tal ritmo progresivo. Me comentaba sabiamente una interlocutora sobre una propuesta electorera exagerada: “Yo voy a acabar con la pobreza de este país”, y acotaba ¿cómo puede prometer eso? Y ciertamente es insultante al buen sentir, tal afirmación. Porque tendría que decir ¿cómo?, ¿en qué tiempo? Hay muchas instituciones laicas y de orientación religiosa que hacen su trabajo y con las uñas para aliviar la pobreza. Porque aún cuando algunas reciben fondos y ayudas locales, otras reciben de afuera y se han creado muchas ONG’s que manejan fondos, no sé si cuantiosos, pero los manejan para colaborar y eso por años, en combatir diversificadamente la pobreza. La pobreza entendida cada uno a su manera. Y es tema de fácil demagogia electorera y religiosa, ya que el pobre vive de la esperanza. La esperanza de que las cosas cambien. Y se juega con esa esperanza y se irrespeta al pobre. Y se hacen viajes en nombre de los pobres, y conferencias sobre las causas y los remedios de la pobreza, y prácticamente hay muchos que viven bien y por mucho tiempo como defensores de los pobres.
Por otro lado, hay estereotipos de pobre y rico. Estereotipos que entrañan falsedad. Cuando hablas de un transportista que maneja muchos fondos, y no vive mal, sin embargo, él se llama pobre y se considera pobre porque no tiene tal o cual apellido, pero tiene el dinero incluso más que otro que tiene apellido y no tiene tanto dinero. Hay personas que aunque vivan al día y estén endeudadas a veces justificadamente, a veces por vanidad, que no se incluyen entre los pobres. Recuerdo que en una parroquia de las afueras de un supuesto barrio marginal se hizo una encuesta y se les pedía que dijeran sus ingresos y nadie o muy pocos quisieron decirlo, unos porque recibían mucho más de lo que aparentaban, otros porque recibían poco. Unos porque recibían varios cheques legítimamente, pero que no querían que se supiera.
Cuando hablamos de pobreza estamos hablando de un fenómeno social que antes que nada para poder entendernos, habría que tener definiciones comunes. Gran mayoría de nosotros ha vivido en la pobreza y un régimen de austeridad de acuerdo con los tiempos históricos pasados. El lugar de nacimiento, el lugar donde creció uno y los compañeros que tuvo en la barriada, por supuesto que al ir al colegio percibíamos porque aún no lo entendíamos que nos codeábamos con condiscípulos que lo tenían todo, que estaban mejor alimentados, que eran objetos de cuido de sus mamás que los venían a buscar en autos, cuando en Panamá, apenas había autos comparativamente con lo que ocurre 70 años después, que incluso se granjeaban un trato distinto de los profesores y que lo veíamos como lógico sin entender ni cuestionar.
La pobreza se manifestaba en la calidad de ropa con la que nos cubríamos. En las casas donde vivía todo el mundo, la diferencia era que los que tenían vivían en casa de mampostería y los que no en casas de madera que entonces abundaban y ya apenas quedan algunas para las fotos y para los fuegos que, dicho sea de paso, este año no hubo al menos notables en la comunidad. Así que la pobreza prácticamente se definía por el lugar donde vivías, por lo que comías, por el sitio donde estudiabas, por el lugar donde trabajas, por el apellido que heredaste normalmente conexo con más dinero de que disponer que otros. Hoy se ha creado el neologismo o idiotismo, de “cocotudo” que, aunque ya lo usaban los maleantes, al menos, lo escuché de parte de un interno de la cárcel Modelo, el Sr. Contralor al usarlo lo ha introducido en el lenguaje ordinario del panameño y vamos a tener que desentrañar el verdadero significado u origen dentro de la usanza popular que es la que lo creó. Al menos no aparece en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pero que lógicamente lo van a registrar como un neologismo local de Panamá para significar: persona grande por su dinero.
Tocar el tema de la realidad de la pobreza, es per se delicado. Existe, y según las estadísticas, va en aumento y existe la pobreza extrema. No es problema de fácil solución, aunque sí tema de propaganda electoral. Solucionarlo implica muchas facetas y muchos años y planes muy bien estudiados y graduales. ¿Acabar con la pobreza? Es tarea de todos comenzando por los mismos pobres.
El 13 de enero, en la Arquidiócesis de Panamá, se inicia la Jornada Teológica hasta el 15, en el Gimnasio del Colegio Javier con la conducción de Monseñor Jorge Jiménez. No se puede dudar que uno de los temas que preocupa y cuya solución se ve distante, es del crecimiento de la pobreza y ver qué se puede hacer para detener tal ritmo progresivo. Me comentaba sabiamente una interlocutora sobre una propuesta electorera exagerada: “Yo voy a acabar con la pobreza de este país”, y acotaba ¿cómo puede prometer eso? Y ciertamente es insultante al buen sentir, tal afirmación. Porque tendría que decir ¿cómo?, ¿en qué tiempo? Hay muchas instituciones laicas y de orientación religiosa que hacen su trabajo y con las uñas para aliviar la pobreza. Porque aún cuando algunas reciben fondos y ayudas locales, otras reciben de afuera y se han creado muchas ONG’s que manejan fondos, no sé si cuantiosos, pero los manejan para colaborar y eso por años, en combatir diversificadamente la pobreza. La pobreza entendida cada uno a su manera. Y es tema de fácil demagogia electorera y religiosa, ya que el pobre vive de la esperanza. La esperanza de que las cosas cambien. Y se juega con esa esperanza y se irrespeta al pobre. Y se hacen viajes en nombre de los pobres, y conferencias sobre las causas y los remedios de la pobreza, y prácticamente hay muchos que viven bien y por mucho tiempo como defensores de los pobres.
Por otro lado, hay estereotipos de pobre y rico. Estereotipos que entrañan falsedad. Cuando hablas de un transportista que maneja muchos fondos, y no vive mal, sin embargo, él se llama pobre y se considera pobre porque no tiene tal o cual apellido, pero tiene el dinero incluso más que otro que tiene apellido y no tiene tanto dinero. Hay personas que aunque vivan al día y estén endeudadas a veces justificadamente, a veces por vanidad, que no se incluyen entre los pobres. Recuerdo que en una parroquia de las afueras de un supuesto barrio marginal se hizo una encuesta y se les pedía que dijeran sus ingresos y nadie o muy pocos quisieron decirlo, unos porque recibían mucho más de lo que aparentaban, otros porque recibían poco. Unos porque recibían varios cheques legítimamente, pero que no querían que se supiera.
Cuando hablamos de pobreza estamos hablando de un fenómeno social que antes que nada para poder entendernos, habría que tener definiciones comunes. Gran mayoría de nosotros ha vivido en la pobreza y un régimen de austeridad de acuerdo con los tiempos históricos pasados. El lugar de nacimiento, el lugar donde creció uno y los compañeros que tuvo en la barriada, por supuesto que al ir al colegio percibíamos porque aún no lo entendíamos que nos codeábamos con condiscípulos que lo tenían todo, que estaban mejor alimentados, que eran objetos de cuido de sus mamás que los venían a buscar en autos, cuando en Panamá, apenas había autos comparativamente con lo que ocurre 70 años después, que incluso se granjeaban un trato distinto de los profesores y que lo veíamos como lógico sin entender ni cuestionar.
La pobreza se manifestaba en la calidad de ropa con la que nos cubríamos. En las casas donde vivía todo el mundo, la diferencia era que los que tenían vivían en casa de mampostería y los que no en casas de madera que entonces abundaban y ya apenas quedan algunas para las fotos y para los fuegos que, dicho sea de paso, este año no hubo al menos notables en la comunidad. Así que la pobreza prácticamente se definía por el lugar donde vivías, por lo que comías, por el sitio donde estudiabas, por el lugar donde trabajas, por el apellido que heredaste normalmente conexo con más dinero de que disponer que otros. Hoy se ha creado el neologismo o idiotismo, de “cocotudo” que, aunque ya lo usaban los maleantes, al menos, lo escuché de parte de un interno de la cárcel Modelo, el Sr. Contralor al usarlo lo ha introducido en el lenguaje ordinario del panameño y vamos a tener que desentrañar el verdadero significado u origen dentro de la usanza popular que es la que lo creó. Al menos no aparece en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pero que lógicamente lo van a registrar como un neologismo local de Panamá para significar: persona grande por su dinero.
Tocar el tema de la realidad de la pobreza, es per se delicado. Existe, y según las estadísticas, va en aumento y existe la pobreza extrema. No es problema de fácil solución, aunque sí tema de propaganda electoral. Solucionarlo implica muchas facetas y muchos años y planes muy bien estudiados y graduales. ¿Acabar con la pobreza? Es tarea de todos comenzando por los mismos pobres.