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Acabemos con el desorden


Las acusaciones que se vienen haciendo a tres ministros del actual gobierno, en el sentido que están a la saga de su postulación para la Presidencia de la República, en lugar de atender sus quehaceres deben sopesar mucho y sin son reales, es tiempo que sean remplazados por quienes desean que el país camine. Hemos esperado por largos 17 meses que la situación mejore y no se percibe nada positivo.
El clamor general a todos los niveles es que cada día la situación empeora, sin que se tenga la más leve esperanza de cambio. Se cierran negocios grandes y pequeños y no hay circulante. Los bienes raíces no se mueven y un artículo publicado por El Panamá América determinaba que este rubro disminuyó el año pasado en un 50% y este es un termómetro para analizar el resto del comercio.
La tasa de crecimiento ha disminuido a tal grado que las esperanzas de recuperación son ínfimas. Las tan cacareadas inversiones que pronosticó la administración anterior no se ven por ningún lado. Así pretenden dar clase de manejo público y llegar al solio presidencial nuevamente. Recibimos el Canal con todas sus propiedades y grandes cantidades de terrenos, pero no avistamos por ninguna parte que se haya logrado reponer en parte la baja que se produjo con el retiro de los norteamericanos del país y no se emprende nada nuevo. Se habla de un nuevo puente sobre el Canal y de un ferrocarril interoceánico, pero hasta la fecha nada hay concreto.
El desorden imperante a partir de 1968 no se ha podido corregir. Quienes han llegado al poder desde 1989 se han dedicado a complacer a sus seguidores, con muy raras excepciones y en muchos casos, a llegar a arreglos con sus antiguos adversarios. Total que sus cajas registradoras sigan marcando en su favor, no importa con quien se negocie.
La nación no caminará mientras los que ostenten el poder no se compenetren que fueron elegidos para servir al país, no para servirse de él. Cada día se acrecienta el hambre y hay más necesidades. Proliferan los atracos y los robos a mano armada. La seguridad de la vida y hacienda de los asociados es menor por el aumento desproporcionado de la delincuencia. No esperemos que el pueblo explote. Hemos vivido en un casi paraíso, donde todo se percibía color de rosas y esto está a punto de llegar a su fin. Conservemos nuestro Panamá para bien de todos especialmente para las futuras generaciones.

101 años de Panamá América

 
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