Acción y no reacciones
Es muy cierto que al gobierno actual le han afectado infinidad de eventualidades (inundaciones, incendios, etc.) que escapan a su responsabilidad; pero, en muchas ocasiones, frente a los acontecimientos no ha tomado en su momento medidas preventivas, ni demostrado una visión integral de los problemas con planes concretos para buscar su solución a corto y mediano plazo.
El alza del petróleo, que ha provocado una escalada de aumentos, es algo que la opinión pública comprende que está fuera de su control. Sin embargo, como gobierno está obligado tomas las acciones necesarias que alivien las penurias que están golpeando inmisericordemente a toda la población panameña, de manera especial a las clases más necesitadas.
Panamá está pasando por una época de extraordinaria bonanza económica. En los últimos tres años el Producto Interno Bruto tuvo un crecimiento promedio del 71
2%. Se espera que en el presente año, en el 2007, este aumento supere el 8%. El ingreso del Estado ha llegado a niveles superiores a los cálculos más optimistas de los economistas debido, principalmente, a las reformas fiscales, al crecimiento de los ingresos del Canal, al auge de la construcción y del turismo; sólo este último se ha incrementado en más del 12%; además, del aumento de la deuda externa.
Frente a todo lo anterior, se hace imprescindible que el presidente Torrijos tome rápidamente medidas valiente y difíciles que mejoren la capacidad del panameño de hacerle frente al altísimo costa de la vida, en especial de la "canasta básica alimenticia" que en el último año ha tenido aumentos entre los 30 y 35 balboas mensuales.
Es muy cierto que algunos de los "remedios", aunque sean temporales, pueden elevar ligeramente la inflación y otras incidir en la "políticas de libre empresa y seguridad jurídica". No obstante, el momento actual obliga a la toma de acciones heroicas. Se hace necesario que todos, absolutamente todos, nos "amarremos el cinturón" para poder hacerle frente a esta exigencia.
Considero que se deben tomar algunas medidas, y habrá, por supuesto, que también tener en cuenta otras:
1. Un aumento general de salarios del 5% al 6%, con un tope, por supuesto, y que el aumento vaya proporcional a los ingresos de la persona.
2. Congelamiento de los principales productos que componen la "canasta básica alimenticia familiar" (revisar, eso sí, previamente los costos de producción y los cargos a los mismos en la larga cadena de comercialización para que sean más equitativos los márgenes).
3. Suspensión temporal del impuesto al combustible para todos (vehículos comerciales y particulares) para evitar con ello, además, el aumento al pasaje en el transporte público.
4. Disminución del salario a los empleados públicos de altos emolumentos, para compensar en algo el sacrificio fiscal del Estado, que sólo en el ingreso de combustible representa para él un ingreso de 115 millones al año, sin los subsidios que en ocasiones le viene dando el gobierno a los transportistas y que representa una contribución de alrededor B/.80 millones.
5. Control más eficiente de muchos gastos públicos que no incidan en la inversión social, dando con ello ejemplos concretos de austeridad administrativa.
6. Revisión de las disposiciones legales del catastro para ser justo en el impuesto y lograr el cobro del mismo en las "casas de campo", que hoy en un 95% no le dan ninguna contribución al Fisco.
Sé muy bien y comprendo que estas medidas no serán de ningún agrado para muchos, en especial para algunos comerciantes, inversionistas, empresarios y del propio gobierno; pero estamos frente a una emergencia y si no actuamos con rapidez y desprendimiento y contribuimos todos a su solución, el efecto al sistema de libre empresa, en el cual creo plenamente y al cual le he dedicado mi vida entera, se afectará grandemente y sus daños serán impredecibles.
El alza del petróleo, que ha provocado una escalada de aumentos, es algo que la opinión pública comprende que está fuera de su control. Sin embargo, como gobierno está obligado tomas las acciones necesarias que alivien las penurias que están golpeando inmisericordemente a toda la población panameña, de manera especial a las clases más necesitadas.
Panamá está pasando por una época de extraordinaria bonanza económica. En los últimos tres años el Producto Interno Bruto tuvo un crecimiento promedio del 71
2%. Se espera que en el presente año, en el 2007, este aumento supere el 8%. El ingreso del Estado ha llegado a niveles superiores a los cálculos más optimistas de los economistas debido, principalmente, a las reformas fiscales, al crecimiento de los ingresos del Canal, al auge de la construcción y del turismo; sólo este último se ha incrementado en más del 12%; además, del aumento de la deuda externa.
Frente a todo lo anterior, se hace imprescindible que el presidente Torrijos tome rápidamente medidas valiente y difíciles que mejoren la capacidad del panameño de hacerle frente al altísimo costa de la vida, en especial de la "canasta básica alimenticia" que en el último año ha tenido aumentos entre los 30 y 35 balboas mensuales.
Es muy cierto que algunos de los "remedios", aunque sean temporales, pueden elevar ligeramente la inflación y otras incidir en la "políticas de libre empresa y seguridad jurídica". No obstante, el momento actual obliga a la toma de acciones heroicas. Se hace necesario que todos, absolutamente todos, nos "amarremos el cinturón" para poder hacerle frente a esta exigencia.
Considero que se deben tomar algunas medidas, y habrá, por supuesto, que también tener en cuenta otras:
1. Un aumento general de salarios del 5% al 6%, con un tope, por supuesto, y que el aumento vaya proporcional a los ingresos de la persona.
2. Congelamiento de los principales productos que componen la "canasta básica alimenticia familiar" (revisar, eso sí, previamente los costos de producción y los cargos a los mismos en la larga cadena de comercialización para que sean más equitativos los márgenes).
3. Suspensión temporal del impuesto al combustible para todos (vehículos comerciales y particulares) para evitar con ello, además, el aumento al pasaje en el transporte público.
4. Disminución del salario a los empleados públicos de altos emolumentos, para compensar en algo el sacrificio fiscal del Estado, que sólo en el ingreso de combustible representa para él un ingreso de 115 millones al año, sin los subsidios que en ocasiones le viene dando el gobierno a los transportistas y que representa una contribución de alrededor B/.80 millones.
5. Control más eficiente de muchos gastos públicos que no incidan en la inversión social, dando con ello ejemplos concretos de austeridad administrativa.
6. Revisión de las disposiciones legales del catastro para ser justo en el impuesto y lograr el cobro del mismo en las "casas de campo", que hoy en un 95% no le dan ninguna contribución al Fisco.
Sé muy bien y comprendo que estas medidas no serán de ningún agrado para muchos, en especial para algunos comerciantes, inversionistas, empresarios y del propio gobierno; pero estamos frente a una emergencia y si no actuamos con rapidez y desprendimiento y contribuimos todos a su solución, el efecto al sistema de libre empresa, en el cual creo plenamente y al cual le he dedicado mi vida entera, se afectará grandemente y sus daños serán impredecibles.