Acción y participación
LA ARREMETIDA del magistrado Winston Spadafora contra la libertad de expresión y el derecho a la información, pone en evidencia la urgencia de una profunda transformación de la justicia y de los controles ciudadanos sobre el sistema judicial.
Ante los graves problemas sociales (desempleo) y económicos (deuda) que vive Panamá, el problema de la justicia monopoliza el primer lugar y nos coloca a los ciudadanos ante el grave dilema del ya no podemos y todavía no sabemos. Ya no podemos continuar con una justicia manipulada y utilizada en beneficio de unos cuantos y que, además continua basada en la sospecha y la represión. Todavía no sabemos cómo hacer para que, parafreaseando a Alexis de Tocqueville, el poder arbitrario de los magistrados y jueces no sea mayor que el de sus equivalentes en los regímenes despóticos. Por ello es que los ciudadanos preocupados por el acontecer nacional debemos redoblar nuestros esfuerzos y capacidades de participación ciudadana, dejando a un lado nuestra actitud pasiva y de espectadores resignados. Debemos ejercer nuestras libertades y derechos con decisión para lograr los cambios urgentes que se requieren y no depender de "comisiones" que, a la postre terminan sustituyendose al poder constituyente de cada ciudadano y multiplican los soliloquios en sus refrigerados salones sin producir soluciones.
Ahora bien, ¿cómo actuar como ciudadano? ¿Cómo participar como ciudadano? Son muchas las respuestas a estas interrogantes y lo que menos puede hacerse es guardar silencio y no intentar encontrar una respuesta. Algunas de ellas podrían ser:
1. No guardar silencio cuando me entero de un acto de corrupción. Es necesario divulgarlo, comentarlo, denunciarlo. No permita el silencio de los gremios, asociaciones o partidos políticos ante lo que está sucediendo. Exíjales que se pronuncien.
2. Defienda la libertad de expresión y el derecho a la información. Participe más en los programas radiales de opinión y sea más exigente con las autoridades para que cumplan con transparencia sus obligaciones como servidores públicos, sin abusos ni extralimitaciones de funciones.
3. Exija cuentas claras y periódicas a todos los funcionarios que manejan dineros producto de nuestros impuestos, al tiempo que no debemos dejar que los diputados y sus suplentes hagan en la Asamblea lo que les da la gana y continúen manteniéndose tantos privilegios para ellos y para ortos.
4. Lea más. Un ciudadano bien informado es un buen ciudadano. No se deje hipnotizar por aquellos programas de televisión que buscan anestesiarnos. Exija programas de análisis, de debate, de opinión. En vez de ver novelas estúpidas por la tele, dedique ese tiempo a hablar con su esposo (a), hijos, amigos, vecinos.
5. Haga deporte. No viva del cuento de Alemania 2006 u otras consignas que engrosan las cuentas de algunos, a expensas de las esperanzas de otros. El deporte es sano cuando uno lo practica; no cuando lo ve por la tele.
6. Camine más. Se dará cuenta de dos cosas, por lo menos: que no hay aceras y que no se respeta al ciudadano transeúnte.
7. Maneje con cortesía. Sea educado y la gente será educada con usted. Y no permita que las autoridades irrespeten sus derechos.
8. Cuide su dinero. Invierta en cosas de necesidad, no le regale la plata al primer almacén que ve cuando va a comprar tonterías que no necesita. El endeudamiento nos restringe la libertad. Si esta loco por comprar algo, compre libros.
9. No piense que esto no puede cambiar. Ya está cambiando. El cambio depende de nosotros. Somos nosotros los que tenemos que prepararnos para ser agentes de cambio.
10. Actuemos y esperemos mucho de nosotros mismos. No espere nada bueno de los políticos que no quieren cambios, no les crea nada. El cambio vendrá de nosotros, con nosotros y por nosotros.
Y como nos dice la obra Democracia Secuestrada: "El ciudadano tiene también que recuperar valores y recursos que le han sido arrebatados por los grandes poderes o que él mismo ha perdido u olvidado. Uno de ellos es la curiosidad, que nos mantiene vivos y alerta, que nos conecta con el mundo, la ciencia, la cultura y la actualidad, que nos hace participativos y activos. Otro es la capacidad de indignarnos ante el mal, el abuso, la injusticia y el sufrimiento de los demás, un valor que nos hace dignos y nobles, que nos conecta con la obra de la creación. Otro valioso recurso perdido es la capacidad de soñar, de construir utopías y de luchar por ellas, un valor que nos sitúa en la ruta de la esperanza y que nos hace solidarios y miembros de la comunidad del bien".
Ante los graves problemas sociales (desempleo) y económicos (deuda) que vive Panamá, el problema de la justicia monopoliza el primer lugar y nos coloca a los ciudadanos ante el grave dilema del ya no podemos y todavía no sabemos. Ya no podemos continuar con una justicia manipulada y utilizada en beneficio de unos cuantos y que, además continua basada en la sospecha y la represión. Todavía no sabemos cómo hacer para que, parafreaseando a Alexis de Tocqueville, el poder arbitrario de los magistrados y jueces no sea mayor que el de sus equivalentes en los regímenes despóticos. Por ello es que los ciudadanos preocupados por el acontecer nacional debemos redoblar nuestros esfuerzos y capacidades de participación ciudadana, dejando a un lado nuestra actitud pasiva y de espectadores resignados. Debemos ejercer nuestras libertades y derechos con decisión para lograr los cambios urgentes que se requieren y no depender de "comisiones" que, a la postre terminan sustituyendose al poder constituyente de cada ciudadano y multiplican los soliloquios en sus refrigerados salones sin producir soluciones.
Ahora bien, ¿cómo actuar como ciudadano? ¿Cómo participar como ciudadano? Son muchas las respuestas a estas interrogantes y lo que menos puede hacerse es guardar silencio y no intentar encontrar una respuesta. Algunas de ellas podrían ser:
1. No guardar silencio cuando me entero de un acto de corrupción. Es necesario divulgarlo, comentarlo, denunciarlo. No permita el silencio de los gremios, asociaciones o partidos políticos ante lo que está sucediendo. Exíjales que se pronuncien.
2. Defienda la libertad de expresión y el derecho a la información. Participe más en los programas radiales de opinión y sea más exigente con las autoridades para que cumplan con transparencia sus obligaciones como servidores públicos, sin abusos ni extralimitaciones de funciones.
3. Exija cuentas claras y periódicas a todos los funcionarios que manejan dineros producto de nuestros impuestos, al tiempo que no debemos dejar que los diputados y sus suplentes hagan en la Asamblea lo que les da la gana y continúen manteniéndose tantos privilegios para ellos y para ortos.
4. Lea más. Un ciudadano bien informado es un buen ciudadano. No se deje hipnotizar por aquellos programas de televisión que buscan anestesiarnos. Exija programas de análisis, de debate, de opinión. En vez de ver novelas estúpidas por la tele, dedique ese tiempo a hablar con su esposo (a), hijos, amigos, vecinos.
5. Haga deporte. No viva del cuento de Alemania 2006 u otras consignas que engrosan las cuentas de algunos, a expensas de las esperanzas de otros. El deporte es sano cuando uno lo practica; no cuando lo ve por la tele.
6. Camine más. Se dará cuenta de dos cosas, por lo menos: que no hay aceras y que no se respeta al ciudadano transeúnte.
7. Maneje con cortesía. Sea educado y la gente será educada con usted. Y no permita que las autoridades irrespeten sus derechos.
8. Cuide su dinero. Invierta en cosas de necesidad, no le regale la plata al primer almacén que ve cuando va a comprar tonterías que no necesita. El endeudamiento nos restringe la libertad. Si esta loco por comprar algo, compre libros.
9. No piense que esto no puede cambiar. Ya está cambiando. El cambio depende de nosotros. Somos nosotros los que tenemos que prepararnos para ser agentes de cambio.
10. Actuemos y esperemos mucho de nosotros mismos. No espere nada bueno de los políticos que no quieren cambios, no les crea nada. El cambio vendrá de nosotros, con nosotros y por nosotros.
Y como nos dice la obra Democracia Secuestrada: "El ciudadano tiene también que recuperar valores y recursos que le han sido arrebatados por los grandes poderes o que él mismo ha perdido u olvidado. Uno de ellos es la curiosidad, que nos mantiene vivos y alerta, que nos conecta con el mundo, la ciencia, la cultura y la actualidad, que nos hace participativos y activos. Otro es la capacidad de indignarnos ante el mal, el abuso, la injusticia y el sufrimiento de los demás, un valor que nos hace dignos y nobles, que nos conecta con la obra de la creación. Otro valioso recurso perdido es la capacidad de soñar, de construir utopías y de luchar por ellas, un valor que nos sitúa en la ruta de la esperanza y que nos hace solidarios y miembros de la comunidad del bien".