Aceras y aceros
El título de este artículo no está equivocado, ya que me quiero referir a ambos vocablos que no guardan similitud en su significado; sin embargo, representan el dolor de cabeza permanente para los peatones nacionales y extranjeros que se arriesgan a caminar por nuestras calles. Es sabido que, de acuerdo a decretos alcaldicios, toda propiedad ubicada en áreas urbanas debe contar con aceras. Pero lo que aparentemente no se ha regulado es el ancho de las mismas, pues en algunos sectores los propietarios han construido aceras tan angostas que diera la impresión que somos un país de pigmeos o que las mismas están hechas para caminar en fila india. Si usted se encuentra de frente con alguien, tiene que tirarse a la calle para dejarlo pasar.
El desorden no termina allí. Los panameños somos especialistas en estacionar nuestros automóviles en donde se nos antoje y si encontramos una acera, mucho mejor, pues como es una costumbre "tan arraigada", las autoridades lo ven normal y nadie hace nada.
Por décadas los alcaldes de nuestras ciudades se han desgarrado las vestiduras y han gritado a los cuatro vientos que sacarán de las aceras los anaqueles, mesas, casetas y toda clase de artilugios de que se valen los comerciantes para vender sus artículos, interrumpiendo el libre paso de los peatones que tienen que caminar por la calle con las consabidas muertes registradas.
Por otra parte, las alcantarillas que rompen los automóviles al treparse en las aceras o las que se roban los llamados "piedreros", eso tampoco le importa a nadie, y si algún cristiano destruye su vida al caer en uno de estos agujeros, que se encomiende a Dios, porque ninguna autoridad se hará cargo de su desgracia.
Pero la mayor de las tragedias por la que tienen que pasar los peatones en nuestras ciudades es que a quien se le antoje, sin temor a una sanción, siembra en las aceras y áreas verdes, toda clase de anuncios, comerciales o políticos, anclados en rieles o tubos de acero, lo cual además de representar con seguridad la rotura de más de una cabeza, impide el libre tránsito de las personas. Si esto de por sí no representara una amenaza, lo peor es lo que hacen las cuadrillas de la Alcaldía, cuando al retirar estos mamotretos ilegales, cortan la pata del anuncio con segueta, dejando siempre la punta de una lanza, por lo que, si usted no se reventó la crisma con el anuncio, de seguro se romperá una pierna con el pedazo de acero sembrado en el suelo, en el mejor de los casos; y en el peor, una muerte segura si cae sobre estas "lanzas". Para muestra un botón: Hasta hace poco cortaron con acetileno a nivel del suelo, como debe ser, algunas de las "lanzas" que dejaron después de tres años de haber cortado los tubos de los estacionómetros ubicados en la estafeta de correos del Boulevard Balboa. ¿Cuántos pobres jubilados se habrán caído en al área antes de que se les prendiera el foco?
Siempre hemos aplaudido la gran labor realizada hasta la fecha por el alcalde Navarro, que le ha dado una nueva cara a nuestra ciudad, pero alguien debiera tomar cartas en el asunto y entrenar al personal encargado de estos menesteres para evitar más desgracias a los desafortunados peatones.
Ingentes esfuerzos en tiempo y dinero se han invertido a través de los años para convertir a Panamá en un punto atractivo para el turismo internacional.
Hoy nos jactamos al decir que la afluencia de turistas en nuestras ciudades se incrementa año tras año, lo cual definitivamente es beneficioso para la economía panameña; pero solamente debemos visitar lugares en Europa o América, tan cercanos como Bogotá, para palpar la importancia y el respeto que se le presta al peatón y para darnos cuenta que en este sentido tenemos mucho por hacer.
El desorden no termina allí. Los panameños somos especialistas en estacionar nuestros automóviles en donde se nos antoje y si encontramos una acera, mucho mejor, pues como es una costumbre "tan arraigada", las autoridades lo ven normal y nadie hace nada.
Por décadas los alcaldes de nuestras ciudades se han desgarrado las vestiduras y han gritado a los cuatro vientos que sacarán de las aceras los anaqueles, mesas, casetas y toda clase de artilugios de que se valen los comerciantes para vender sus artículos, interrumpiendo el libre paso de los peatones que tienen que caminar por la calle con las consabidas muertes registradas.
Por otra parte, las alcantarillas que rompen los automóviles al treparse en las aceras o las que se roban los llamados "piedreros", eso tampoco le importa a nadie, y si algún cristiano destruye su vida al caer en uno de estos agujeros, que se encomiende a Dios, porque ninguna autoridad se hará cargo de su desgracia.
Pero la mayor de las tragedias por la que tienen que pasar los peatones en nuestras ciudades es que a quien se le antoje, sin temor a una sanción, siembra en las aceras y áreas verdes, toda clase de anuncios, comerciales o políticos, anclados en rieles o tubos de acero, lo cual además de representar con seguridad la rotura de más de una cabeza, impide el libre tránsito de las personas. Si esto de por sí no representara una amenaza, lo peor es lo que hacen las cuadrillas de la Alcaldía, cuando al retirar estos mamotretos ilegales, cortan la pata del anuncio con segueta, dejando siempre la punta de una lanza, por lo que, si usted no se reventó la crisma con el anuncio, de seguro se romperá una pierna con el pedazo de acero sembrado en el suelo, en el mejor de los casos; y en el peor, una muerte segura si cae sobre estas "lanzas". Para muestra un botón: Hasta hace poco cortaron con acetileno a nivel del suelo, como debe ser, algunas de las "lanzas" que dejaron después de tres años de haber cortado los tubos de los estacionómetros ubicados en la estafeta de correos del Boulevard Balboa. ¿Cuántos pobres jubilados se habrán caído en al área antes de que se les prendiera el foco?
Siempre hemos aplaudido la gran labor realizada hasta la fecha por el alcalde Navarro, que le ha dado una nueva cara a nuestra ciudad, pero alguien debiera tomar cartas en el asunto y entrenar al personal encargado de estos menesteres para evitar más desgracias a los desafortunados peatones.
Ingentes esfuerzos en tiempo y dinero se han invertido a través de los años para convertir a Panamá en un punto atractivo para el turismo internacional.
Hoy nos jactamos al decir que la afluencia de turistas en nuestras ciudades se incrementa año tras año, lo cual definitivamente es beneficioso para la economía panameña; pero solamente debemos visitar lugares en Europa o América, tan cercanos como Bogotá, para palpar la importancia y el respeto que se le presta al peatón y para darnos cuenta que en este sentido tenemos mucho por hacer.