Acercándose al final, industria camaronera
Expertos en biología marina lo venían advirtiendo desde hace años, las señales de alarma son inequívocas, la industria del camarón está llegando a su fin. El hecho ya no se discute, sino cuándo sobrevendrá y de eso no puede hablarse sin caer en el terreno altamente especulativo. Las proyecciones, esto es, el análisis de cuadros de captura y tamaño de especímenes en distintos períodos a través de varios años, permiten anticipar que, salvo que hagamos algo dramático, muy pronto dejaremos de ser exportadores para convertirnos en importadores del producto.
Este año, se hizo imperativo añadir un período de veda más. Cada vez son más prolongados y frecuentes, a más de difícil su implementación. La gente que trabaja en el sector se resiente y no quiere aceptar el triste final. La veda es más objeto de desafío, lo que no hace sino agravar la situación. Y he allí donde surgen otra vez los expertos señalando en tono grave: la merma puede hacerse irreversible, o sea, que no importa lo que se haga, el camarón se extinguirá para siempre de nuestras aguas. ¿Cómo llegamos a esta situación?
Responder la pregunta es sencilla, porque hay una sola respuesta: la sobreproducción. Esta a su vez llega por dos vías más o menos equivalentes, una es la población de barcos pesqueros industriales cuyas capturas se destinan a la exportación, que junto con el banano sigue siendo una de las principales fuentes de dólares desde el extranjero. Otra es la pesca artesanal, a través de las llamadas lanchas bolicheras que usan "redes asesinas" de tres centímetros - como las que acaba de autorizar la Autoridad Marítima en Pedregal - que terminan con las larvas.
Hay otro factor de merma que, aunque creciente, es todavía secundario, y es la degradación medio ambiental. Los camarones se reproducen y nacen en el espeso bosque de mangle de la costa del Pacífico. La tala del noble árbol que, en el interior del país, se usa para la construcción, merma la superficie disponible para la reproducción. El arrojo de desperdicios, entre basura, hidrocarburos, pesticidas y similares, tiene igual efecto. Mucho peor es el cambio climático mundial. La elevación cada vez menos gradual de la temperatura del agua por diversas causas, entre la devastación de la capa de ozono y la agravación del efecto de invernadero por el abuso de fluorocarbonos y la quema de combustibles, están haciendo también inexorable efecto.
De ese modo, abrumada por factores internos y externos, la producción nacional parece cerca de contar sus últimos años. ¿Qué hacer? En esto no hay que inventar nada y todo lo sabemos. Hay que limitar la producción y salvaguardar el medio ambiente. Otra alternativa, que ya está teniendo lugar, es el girar hacia la cría en estanques, pese a su mayor costo, riesgos y menor generación de empleos. Eso es preferible a continuar por el abismo.
Como nuestros politiqueros rehusan acabar con la caricatura de democracia de la cual viven, venal y opulentamente, y se niegan por lo menos a que se redacte una nueva constitución que les vede las "tracalerías" de que hacen gala para mantenerse pegados a la ubre gubernamental, quizás la única alternativa que nos queda es una primaria tipo "cable network FX". Esto está muy lejos de ser una opción perfecta, pero le gana por millas al imperfecto sistema "viceversa" que amenaza con acabar con nuestro país. Por supuesto, por mucho que traten, no podrán, porque Panamá es inmortal.
Este año, se hizo imperativo añadir un período de veda más. Cada vez son más prolongados y frecuentes, a más de difícil su implementación. La gente que trabaja en el sector se resiente y no quiere aceptar el triste final. La veda es más objeto de desafío, lo que no hace sino agravar la situación. Y he allí donde surgen otra vez los expertos señalando en tono grave: la merma puede hacerse irreversible, o sea, que no importa lo que se haga, el camarón se extinguirá para siempre de nuestras aguas. ¿Cómo llegamos a esta situación?
Responder la pregunta es sencilla, porque hay una sola respuesta: la sobreproducción. Esta a su vez llega por dos vías más o menos equivalentes, una es la población de barcos pesqueros industriales cuyas capturas se destinan a la exportación, que junto con el banano sigue siendo una de las principales fuentes de dólares desde el extranjero. Otra es la pesca artesanal, a través de las llamadas lanchas bolicheras que usan "redes asesinas" de tres centímetros - como las que acaba de autorizar la Autoridad Marítima en Pedregal - que terminan con las larvas.
Hay otro factor de merma que, aunque creciente, es todavía secundario, y es la degradación medio ambiental. Los camarones se reproducen y nacen en el espeso bosque de mangle de la costa del Pacífico. La tala del noble árbol que, en el interior del país, se usa para la construcción, merma la superficie disponible para la reproducción. El arrojo de desperdicios, entre basura, hidrocarburos, pesticidas y similares, tiene igual efecto. Mucho peor es el cambio climático mundial. La elevación cada vez menos gradual de la temperatura del agua por diversas causas, entre la devastación de la capa de ozono y la agravación del efecto de invernadero por el abuso de fluorocarbonos y la quema de combustibles, están haciendo también inexorable efecto.
De ese modo, abrumada por factores internos y externos, la producción nacional parece cerca de contar sus últimos años. ¿Qué hacer? En esto no hay que inventar nada y todo lo sabemos. Hay que limitar la producción y salvaguardar el medio ambiente. Otra alternativa, que ya está teniendo lugar, es el girar hacia la cría en estanques, pese a su mayor costo, riesgos y menor generación de empleos. Eso es preferible a continuar por el abismo.
Como nuestros politiqueros rehusan acabar con la caricatura de democracia de la cual viven, venal y opulentamente, y se niegan por lo menos a que se redacte una nueva constitución que les vede las "tracalerías" de que hacen gala para mantenerse pegados a la ubre gubernamental, quizás la única alternativa que nos queda es una primaria tipo "cable network FX". Esto está muy lejos de ser una opción perfecta, pero le gana por millas al imperfecto sistema "viceversa" que amenaza con acabar con nuestro país. Por supuesto, por mucho que traten, no podrán, porque Panamá es inmortal.