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Actuemos con cordura y reflexión


Con esto hago referencia al problema del ensanche del Canal de Panamá por considerarlo de suma importancia para el futuro del país. No pretendo dar opiniones técnicas porque no soy conocedora de las mismas. Tampoco hablaré a favor ni en contra porque aún no estoy preparada para tomar una determinación al respecto. Sólo haré una serie de reflexiones que puedan llevar a mis lectores a pensar antes de actuar, determinando una u otra forma de votar. Cada vez que se le pregunta al Presidente sobre la propuesta oficial, responde con evasivas que desdicen de una verdadera buena intención en ser sinceros y serios. Se hace tarde y no comprendo cómo aún no se le ha presentado oficialmente la propuesta para ser conocida por el pueblo.
Interna e internacionalmente, la administración del Canal goza de buena reputación por la seriedad con que se ha manejado el mismo. Sabemos que, tanto los usuarios como los países involucrados en la industria naviera, confían en quienes manejan el Canal. Por la seriedad que los ha caracterizado y por el bien de una situación de confrontación que se está presentando ahora, debiéramos poner las cartas sobre la mesa y dar a conocer, sin ambages, la realidad que manejan; que luego no nos arrepintamos.
Si bien es cierto que han dado cifras del posible costo de la ampliación del Canal, ha variado en diferentes ocasiones, por lo que no sabemos este detalle a ciencia cierta; ¿Son seis, siete u ocho mil millones? También se comenta que, al final subirá a algunos millones más; pero esto no está definido. Primero se decía que habría inundaciones que perjudicarían a muchos panameños que viven y trabajan en el área que sería inundada. Más adelante el Presidente aparece entregando títulos de propiedad a esos campesinos porque no habrá inundaciones.
Los panameños son suspicaces y no comprenden esa ambivalencia y contradicción, sólo por ignorancia de cómo se hará la ampliación. Van dos. Por otro lado nos presentan un panorama asolador al decirnos que, si no hay ampliación, tendremos que cerrar el Canal o utilizar las esclusas para celebrar cumpleaños de niños en piscina. Ya estamos hablando de un referendo y no logramos que el Presidente afloje la información.
Hace unos días salió un suplemento con muchos puntos de un NO a la ampliación y algunas alternativas para hacer en vez de la ampliación. También nos dicen que no habrá tal cantidad de empleos como ofrecen sino muchos menos. Yo lo leí y me pareció interesante. Sin embargo, no puedo contradecirlo porque desconozco la contraparte. Cuando me hablan del megapuerto y sus beneficios para el país, como alternativa, nos queda del agrado nuestro porque tiene lógica. Pero ¿dónde está la otra parte que me diga lo contrario con argumentos que tumben lo que dice el informe?
Si es cierto que no serán los nueve mil empleos sino tres mil y por qué será así, no lo sabemos los panameños porque aún no nos han confirmado cuánta gente se beneficiará con este o aquel número de empleos. Deben decirnos con fundamento cuántos panameños intervendrán en la obra y cuántos serán extranjeros porque no estamos preparados para ocupar ciertas posiciones. Ya no es a pico y pala que se abrirá esa zanja; ahora será con grandes maquinarias que serán compradas fuera de Panamá llevándose las divisas.
Muchos panameños no estamos capacitados para tomar una decisión seria de voto. Necesitamos la ampliación, es cierto; pero ¿hasta dónde vale la pena el endeudamiento que puede crear nuevos empleos con ese dinero? Dice el informe que cada puesto de trabajo costará 5 millones de dólares. ¿Qué dice el gobierno? ¿Será menos o más?
Señores; esta obra es decisiva para Panamá y así de seria debe ser la información que recibamos. Mucha gente se opone por voto de castigo al gobierno. ¿Y si nos hace daño esa decisión y perdemos la oportunidad del ensanche?
Es hora de que estemos preparados para dilucidar la conveniencia o no la obra, pero no por oponernos al gobierno. Seamos serios y estudiemos bien, no lo que nos han vendido y seguirán vendiendo, sino una realidad aunque duela. Ojalá sea así.
12. Más que partidos hace falta un líder decidido que resuelva los problemas.
La encuesta también expresa la idea de la participación ciudadana y que la política no sólo es privativa de los políticos, pues la mayoría afirma:
Los que no son políticos deben opinar y hablar de política. Se puede participar en política sin ser miembro de un partido político. La gente debe salir a la calle cuando no está conforme con la actuación de un gobierno, en lugar de esperar las próximas elecciones, o participar en un partido o no hacer nada.
Los entrevistados recomiendan que:
Los partidos merecen una oportunidad ciudadana para mejorar. Los partidos deberían evolucionar para fortalecerse. Los partidos deberían opinar más sobre problemas nacionales.
Pese a todo, la encuesta expresa que las personas:
Prefieren un gobierno democrático a una dictadura con empleo. No deben existir partidos que propongan sustituir el sistema democrático por otro.
En resumidas cuentas, los resultados reconfirman que nos adentramos a una crisis política en la cual los partidos están cada vez más desacreditados, pues pierden capacidad de mediación y de representación del electorado. Su función mediadora ha sido muy clientelista (agencias de empleo, conseguidor de cosas), ahora disminuido por la reducción del Estado benefactor y, por lo tanto, también de la capacidad partidista de mediación tradicional.
Es obvio que la gente percibe que los partidos no son permeables a las demandas sociales porque funcionan como maquinarias electorales eventuales, oligarquizados, sin programa político consistente y desconectado de las necesidades y aspiraciones de la población.
También vivimos una cultura política degradada que funciona como un espejo:
Un parte de la población percibe que los partidos se mueven por conveniencia y oportunismo, y por consiguiente hace lo mismo. Los partidos son, en fin de cuenta, reflejo de ese electorado que es al mismo tiempo reflejo del sistema de partidos. Así a muchas personas no les preocupa ni le da mucho valor a estar inscrito en un partido o no, pues no posee lealtad a doctrina, programa o ideología partidaria. La utilidad de inscribirse está condicionada con la posibilidad de ocupar un cargo, conseguir empleo o proteger un empleo suyo o de alguien, o tener la esperanza o posibilidad de tener trabajo, o por otras razones inmediatas (pago de recibo de luz, agua, beca, matrícula etc.). Solo una parte, generalmente minoritaria de los miembros de un partido es parte de la organización por conciencia, convicción, ideología o tradición.
Lo cierto es que la crisis de los partidos puede extender a constituirse en una crisis de la democracia, por lo que es necesario:
Atender las genuinas insatisfacciones y aspiraciones de ciudadanas. Transformación de sistemas electorales. Reforma política y democracia interna. No absorción o cooptación de organizaciones sociales por parte de los partidos. Financiamiento partidario con montos máximos, debido registro, transparencia contable, nominativo, prohibición de donaciones de extranjeros, cotización de la membresía, con un mínimo subsidio estatal programado gradualmente hasta desaparecer. Un sistema de partidos abiertos e incluyentes de distintas opciones y diversidad, sin temer su número, pues la realidad los decantará. Esfuerzo nacional sostenido de educación para una cultura política democrática.
Dibujando una imagen objetiva de lo que deberían ser los partidos políticos, podría ser esta:
Partidos políticos razonablemente creíbles y coherentes, con agendas políticas, económicas y sociales identificables, facilitan la representación de las preferencias e intereses de los ciudadanos, y hacen más probable que los candidatos electos sean responsables de sus acciones. "Actúan articulando y agregando las demandas de la ciudadanía, y encausando el comportamiento de los políticos bajo reglas democráticas" (ver Sumando Voces: Imágenes de los Partidos Políticos en Centroamérica. Bid, 2004), pues los partidos practican internamente la democracia y transparencia, promueven la gobernabilidad democrática del país. Eso sí entendiendo que no hay democracia sin partidos, pero no hay democracia ni partidos sin ciudadanía activa.
(raulleisr@hotmail.com)

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