Además del referéndum, Chávez pierde la chaveta
No es cuestión de ironías y menos cuando se trata de algo tan serio como lo es dirigir un país. Pero cuando alguien como el presidente venezolano, Hugo Chávez, ha dado evidencias sobradas de ser compulsivo y protagónico, no es de extrañar que tras la derrota del referéndum sobre las reformas, comiencen a observarse en él peligrosas metamorfosis. Es que llama la atención el calificativo lanzado contra la derrota que le asestó la oposición el pasado domingo: “derrota de mierda” fue la expresión emotiva que lanzó, desde el fondo de su alma quizás, desmontando estrepitosamente esa imagen de hombre sereno y generoso que trató de ofertar la madrugada del 3 de diciembre, cuando ya era imposible ocultar la victoria del ¡NO!
Chávez debe sospechar, por lo menos, que en algún momento la sociedad pierde el miedo a los tiros, a las intimidaciones o las fanfarronerías. Claro que en situaciones como aquellas, las circunstancias no derivan en consejos o regaños, sino en costos políticos que, honrosamente administrados, implican reconocimientos a los espacios perdidos, porque son espacios los que ha perdido el mandatario en esa jornada.
Ojalá que la lección del ¡NO! ayude a que el presiente Chávez entienda que en cuando se dirige una nación se puede perder cualquier cosa, menos la chaveta. Por lo general, cuando ello ocurre, casi siempre se está a las puertas de la decadencia. Aquí ya lo vivimos.