Adiós Juan Antonio Samaranch
No basta con creer en la paz. Debe fomentarse con mecanismos alternativos que le enseñen a la humanidad que un mundo fraternal y solidario es posible; que pueden existir adversarios pero no enemigos. Competencias pero no guerras. El jueves 22 de abril el mundo despidió en Barcelona a Juan Antonio Samaranch, un español de origen catalán, fallecido a la edad de 89 años y cuyas exequias fueron encabezadas por el rey Juan Carlos. Presidente del Comité Olímpico Internacional por varios años, Samaranch fue un convencido de que el deporte, además de acercar a los pueblos, les evitaba rivalidades letales, los unía y hacía extensa la amistad que comenzaba o se consolidaba en cada encuentro deportivo. “…su presencia fértil y activa (…) ha aportado armonía, calidad y unidad al mundo olímpico ", dijo el Príncipe Felipe ante el ataúd de Samaranch. Su larga presencia en la presidencia del COI, y lo que en materia deportiva hizo en España y en Europa, revelan un esfuerzo colosal por fomentar este tipo de intercambios, y esta clase de amistad que, más allá de su nacionalidad, lo convirtió en un hombre universal, en un precursor de la fraternidad globalizada. "Hoy puedo decir que Samaranch ha sido el dirigente del COI con más influencia desde Pierre de Coubertain", dijo el actual dirigente del COI, Jacques Rogge. Las acciones de Samaranch por el deporte fue una apuesta por la vida, una ejemplar demostración de cuanto creyó en el futuro de los hombres.