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Adiós a la Mir


Desde entonces el avance, de la investigación de la estratosfera y más allá del Sistema Solar ha sido prodigioso. Pero en esencia, las dos naciones líderes han sido Estados Unidos y la URSS, que tomaron caminos diferentes; la primera especializándose en aviones tripulados reusables tipo Discovery y la segunda en gigantescas estaciones espaciales permanentes. Cada una tiene sus pro y contra, lo que en esencia consiste en la mayor maniobrabilidad de los aviones Discovery versus la facilidad de las estaciones de permanecer más tiempo en el espacio.
Si tomamos en cuenta que el enorme costo de uno y otro programa hace imposible para país alguno desarrollar plenamente ambos conceptos simultáneamente, - esto es en el avión espacial y la estación orbital permanente -, es más que comprensible que las potencias espaciales hayan unido esfuerzo para construir una estación espacial internacional en la que laboran tripulantes de varias naciones, rusos y norteamericanos principalmente, que se alternan la jefatura de cada misión.
Hoy día, la cooperación de dichas potencias, con participación también de la Unión Europea y otras naciones con aportes relativamente menores tales como componentes electrónicos y de comunicaciones, ha hecho posible que la estación espacial internacional haya sido armada, en una labor que todavía no ha concluido, como un gigantesco rompecabezas puesto en órbita con poderosos cohetes rusos y naves Discovery, aportando cada uno, según el campo de su especialidad.
Pero fue la experiencia de la Mir la que hizo posible que se impusiera el concepto de la estación espacial internacional; y que los aviones espaciales sirvieran como punto de apoyo, que es especialidad estadounidense en asocio con las naves cohetes de carga mayor, que es particularidad rusa. En la Mir se hicieron más de 16 mil experimentos en los campos de la metalurgia, la medicina, la biología, la química y física, las comunicaciones, etc. En ella, el ruso Valiri Poliakov batió el récord de permanencia en el espacio con 437 días entre 1994 y 1995. Allí se entrenó la actual generación de cosmonautas.
Y fue ese enorme aporte lo que convenció a la comunidad internacional de la conveniencia de construir la actual estación espacial internacional lo que, en cierto sentido es el más grandioso homenaje a la Mir, que ayer se hundió gloriosa y eterna en el Océano Pacífico fragmentada en mil pedazos en majestuoso espectáculo de abrazo y fusión con la Tierra, morada del ser que le dio vida.

101 años de Panamá América

 
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