Adiós mi querida Renta 5
Llegué a la legendaria Renta 5 cuando tenía seis horas de nacido y viví en el colosal edificio hasta los 25 años, aunque continué visitándolo diariamente hasta 1995, fecha en la que mi padre se trasladó, con un grupo de afortunados, al Condominio Begonia. Mi madre murió, habitando en Renta 5, en 1994. Residieron en el inmueble por 50 años. A diferencia de muchos "rentacinqueros" que hemos logrado "cruzar el río de El Marañón", siempre me sentí muy orgulloso de vivir en "La Renta" y quienes me conocen pueden dar testimonio de ello, incluso varios de mis acaudalados aristócratas compañeros de la USMA, tal vez por curiosidad, degustaron en mi mesa viandas deliciosas, aunque populares y buenos tragos de seco, al mejor estilo de la gente de "La Renta".
Renta 5 fue famosa por sus amplios, cómodos y baratos apartamentos y cuartos, por sus esquinas de football, softball, baseball y basquetball, donde se destacaron, entre otros, mi hermano, ya fallecido, a quien apodaban "Negro", el polifacético "Pan Quemao", "Orito", q.d.e.p., Armandito, Edgar, Raúl, Fifo, Pachuno, que jugó a nivel internacional; en fin, una pléyade de jóvenes sanos y decentes. Igualmente las fiestas patrias eran celebradas con mucho fervor y después de los desfiles nos abocábamos, padres e hijos, a competencias deportivas y juegos bufos, patrocinados, año tras año, por el Coronel Florencio Flores; jamás hubo incidentes por asuntos políticos, el objetivo general era la diversión familiar.
El carnaval era festejado con mojaderas, con agua muy limpia y sólo hasta las 12 del día, respetando siempre a los mayores y en medio del alborozo carnestoléndico, eran muy esperados y aplaudidos los bailes de mi hermano "Negro" con "Pan Quemao", este último disfrazado de mujer con exuberantes senos y pronunciadas caderas, recorriendo toda la "Renta" y áreas adyacentes, danzando al ritmo de improvisados conjuntos, cuyos instrumentos se constituían de ollas, pailas, platones, tanques y un inmenso coro de hombres, mujeres y niños que cantaban "los muchachos de la Renta 5, son superiores a los demás, en comparsas y alegrías, siempre primero estarán".
La Navidad no podía quedarse atrás, y muy temprano en la mañana del 25 de diciembre, cerrábamos la Calle 27 y "a jugar" con una característica: todos jugábamos, ya que los que teníamos patines, bicicletas, manillas, bates, pelotas, scuter, etc., no vacilábamos en prestárselos a los que no tenían; igual situación se daba con las cenas de Pascua y Año Nuevo: todos comíamos aunque fuera en la casa del vecino, que más que vecino era familia...
Pero para lograrlo, será necesario que las partes abandonen sus intereses políticos y personales, para poner al país a la vanguardia del constitucionalismo. ¿Será eso posible?
Renta 5 fue famosa por sus amplios, cómodos y baratos apartamentos y cuartos, por sus esquinas de football, softball, baseball y basquetball, donde se destacaron, entre otros, mi hermano, ya fallecido, a quien apodaban "Negro", el polifacético "Pan Quemao", "Orito", q.d.e.p., Armandito, Edgar, Raúl, Fifo, Pachuno, que jugó a nivel internacional; en fin, una pléyade de jóvenes sanos y decentes. Igualmente las fiestas patrias eran celebradas con mucho fervor y después de los desfiles nos abocábamos, padres e hijos, a competencias deportivas y juegos bufos, patrocinados, año tras año, por el Coronel Florencio Flores; jamás hubo incidentes por asuntos políticos, el objetivo general era la diversión familiar.
El carnaval era festejado con mojaderas, con agua muy limpia y sólo hasta las 12 del día, respetando siempre a los mayores y en medio del alborozo carnestoléndico, eran muy esperados y aplaudidos los bailes de mi hermano "Negro" con "Pan Quemao", este último disfrazado de mujer con exuberantes senos y pronunciadas caderas, recorriendo toda la "Renta" y áreas adyacentes, danzando al ritmo de improvisados conjuntos, cuyos instrumentos se constituían de ollas, pailas, platones, tanques y un inmenso coro de hombres, mujeres y niños que cantaban "los muchachos de la Renta 5, son superiores a los demás, en comparsas y alegrías, siempre primero estarán".
La Navidad no podía quedarse atrás, y muy temprano en la mañana del 25 de diciembre, cerrábamos la Calle 27 y "a jugar" con una característica: todos jugábamos, ya que los que teníamos patines, bicicletas, manillas, bates, pelotas, scuter, etc., no vacilábamos en prestárselos a los que no tenían; igual situación se daba con las cenas de Pascua y Año Nuevo: todos comíamos aunque fuera en la casa del vecino, que más que vecino era familia...
Pero para lograrlo, será necesario que las partes abandonen sus intereses políticos y personales, para poner al país a la vanguardia del constitucionalismo. ¿Será eso posible?