Adiós, Panamá del subdesarrollo
Las economías en la gran mayoría de las familias panameñas andan muy mal. Por supuesto que las del país, que ya es asunto de todos, las cosas andan peores. Con la diferencia que, las primeras, son los resultados de nuestra propia gestión, mientras que las que corresponden al Estado, obedecen a la forma en que nos administran unos terceros que no tienen por qué sufrir (más bien gozan) los malos usos de los insuficientes recursos.
Es claro que no somos un Panamá desarrollado en términos de riquezas materiales, pero como nación queremos vivir dentro de los parámetros que disfrutan en promedio familias estadounidenses, británicas, japonesas, etc. Eso no es posible, porque somos sociedades diferentes en las que la felicidad y la comodidad de cada cual depende de otros factores que nada tiene que ver con ser más ricos o más pobres. Casi que estoy dispuesto asegurar que uno de esos factores somos nosotros mismos. Nosotros mismos elegimos a nuestros representantes y administradores para que por cinco años hagan sus tareas para enrumbar el país hacia metas que nos proporcionen a todos, ricos y pobres, las condiciones necesarias para no convertirnos en miserables, dignos de la compasión de gobiernos y organismos socorristas.
Ese privilegio de nuestra política nos ha regalado, en muy pocas ocasiones, representantes y administradores que hacen conciencia con los propósitos de sus mandantes. Son muy pocos los que cuidan el real para beneficio de todos. Son muchos los servidores del Estado que no le hacen honor, más bien se sirven. Por encima y por abajo de todas las contralorías y procuradurías. Estoy pensando en la Caja de Seguro Social, el MIVI, Van Dam, hospitales, Banco Nacional, (siga la lista). Hay mucha capacidad para estos juegos sucios y andar bien estirados por calles y lugares distinguidos, que nosotros mismos aplaudimos y lisonjeamos.
En cambio, escasea la capacidad para ejecutar bien, aún más allá de donde el recurso dinero no alcanza, pero que la inteligencia y la habilidad creativa lo suple. Una vez fui Presidente de la Comisión de Presupuesto, y otras veces miembro. Siempre recuerdo al ministro Mario Galindo en las vistas presupuestarias: "No creo que necesite más dinero. Con lo asignado por Planificación me conformo para una buena gestión". Y también al ministro Alfredo Arias: "Denme más proyectos, porque los que tengo ya termino por ejecutarlos". A fin de cuentas, la intención de esta colaboración era referirme al contenido del párrafo anterior, de lo que nunca vi una publicación. Si trabajamos todos con esa visión, adiós Panamá del subdesarrollo. Porque no es cierto que seamos un país pobre. Lo que nos hace falta es hurgar para encontrar lo bueno que tenemos e incorporarlos al servicio público porque no necesitan Carrera Administrativa.
Es claro que no somos un Panamá desarrollado en términos de riquezas materiales, pero como nación queremos vivir dentro de los parámetros que disfrutan en promedio familias estadounidenses, británicas, japonesas, etc. Eso no es posible, porque somos sociedades diferentes en las que la felicidad y la comodidad de cada cual depende de otros factores que nada tiene que ver con ser más ricos o más pobres. Casi que estoy dispuesto asegurar que uno de esos factores somos nosotros mismos. Nosotros mismos elegimos a nuestros representantes y administradores para que por cinco años hagan sus tareas para enrumbar el país hacia metas que nos proporcionen a todos, ricos y pobres, las condiciones necesarias para no convertirnos en miserables, dignos de la compasión de gobiernos y organismos socorristas.
Ese privilegio de nuestra política nos ha regalado, en muy pocas ocasiones, representantes y administradores que hacen conciencia con los propósitos de sus mandantes. Son muy pocos los que cuidan el real para beneficio de todos. Son muchos los servidores del Estado que no le hacen honor, más bien se sirven. Por encima y por abajo de todas las contralorías y procuradurías. Estoy pensando en la Caja de Seguro Social, el MIVI, Van Dam, hospitales, Banco Nacional, (siga la lista). Hay mucha capacidad para estos juegos sucios y andar bien estirados por calles y lugares distinguidos, que nosotros mismos aplaudimos y lisonjeamos.
En cambio, escasea la capacidad para ejecutar bien, aún más allá de donde el recurso dinero no alcanza, pero que la inteligencia y la habilidad creativa lo suple. Una vez fui Presidente de la Comisión de Presupuesto, y otras veces miembro. Siempre recuerdo al ministro Mario Galindo en las vistas presupuestarias: "No creo que necesite más dinero. Con lo asignado por Planificación me conformo para una buena gestión". Y también al ministro Alfredo Arias: "Denme más proyectos, porque los que tengo ya termino por ejecutarlos". A fin de cuentas, la intención de esta colaboración era referirme al contenido del párrafo anterior, de lo que nunca vi una publicación. Si trabajamos todos con esa visión, adiós Panamá del subdesarrollo. Porque no es cierto que seamos un país pobre. Lo que nos hace falta es hurgar para encontrar lo bueno que tenemos e incorporarlos al servicio público porque no necesitan Carrera Administrativa.