Admoniciones del 10 de Noviembre
La Villa de Los Santos fue consciente desde el primer momento del paso trascendental que había dado para desligar a todos los pueblos del Istmo de la coyunda Ibérica. En aquella segunda década del siglo XIX, los gestores del movimiento denominarán a la Villa "Libre Ciudad" y posteriormente "Heroica" por la total clarividencia de las repercusiones del movimiento político que anexaba Panamá a la Gran Colombia bolivariana.
Ahora que fenece la vigésima centuria y se abre esperanzador el Tercer Milenio, es saludable, impostergable y edificante detenerse en la lectura despaciosa del Acta del 10 de noviembre de 1821 y sopesar sus conceptos medulares a fin de aquilatarlos, actualizarlos en función de nuestro presente y valorar con justa medida, la actuación de nuestros prohombres hace ya 178 años.
Primeramente, el pronunciamiento libertario se produce en consulta pública, democráticamente y la comunidad responde a la convocatoria de Julián Chávez, Presidente del Ayuntamiento o célula municipal en la cual reside, no sólo el poder, sino la voluntad general. Por ello, el acta subraya que estuvieron presentes "muchos vecinos", quienes, junto a las autoridades, componen ahora un solo haz de criterios, todos tendientes a procurar mejores días para los habitantes de esta tierra. ¡Porque al pueblo hay que escucharlo!.
En el encabezamiento, notamos la presencia del Doctor José María Correoso, el cura párroco del pueblo. ¿No sería acaso alguno de esos clérigos "ilustrados", imbuído de conceptos atrevidos, de raíz francesa, que terminaron por socavar los tronos europeos y aupaban las tendencias revolucionarias americanas? Cabe indagar qué nociones aportaría el hombre de Iglesia a la conmoción que se estaba dando en aquel reducto istmeño.
Los motivos para sacudir el tutelaje español eran evidentes. Los opresores -y éstas son palabras del Acta- "no pierden un momento de subyugar cada día más la libertad del hombre", desconociendo el fuero personal, "lo más sagrado" que es la dignidad del ciudadano y sus derechos innatos. La conexión con la filosofía francesa y norteamericana salta a la vista.
Sigamos leyendo el Acta. "Deseoso de vivir bajo el sistema Republicano", por entonces imperante en Colombia y estimándolo el más conveniente para los intereses de la comunidad istmeña, los padres santeños juraron la independencia.
Luego, como fruto del consenso, se nombró Comandante de Armas a Segundo de Villarreal. El pueblo admitió la nominación y le ofreció su respaldo. Es decir, los civiles aceptaban la autoridad del militar, de ella se complacían y acuerpaban su gestión, incluso que se otorgase al sujeto el grado de Coronel.
Al final del inmortal documento, Los Santos cursaba invitación al propio Ayuntamiento de la capital y a los de la Provincia de Veraguas, Alanje y Natá para que se solidarizaran con cuanto había ocurrido ese día décimo de noviembre de 1821.
Pese a todas las críticas que se han dirigido contra la fecha: falta de ideología de fondo, vacilación en constituir un Estado Nacional, anexión inmediata a Colombia, etc., lo cierto es que en Los Santos, ciudad de españoles desde sus orígenes, se dio la primera muestra de inconformidad por el régimen imperante y se echaron los fundamentos del futuro sentimiento nacionalista que irá configurándose a lo largo del siglo XIX, mientras fuimos colombianos, pero bien especiales y distintos.
El Acta de 10 de noviembre de 1821, expedida en Los Santos, es un imperecedero monumento cuyas ideas centrales han de ser conocidas por todos los panameños. Hacer valer el punto de vista de la mayoría, supeditar las milicias a la autoridad civil, participación de la Iglesia Católica a la hora de las grandes decisiones, respeto indiscutible a los derechos ciudadanos.
¡Con cuánta lozanía vienen hasta nosotros esas ideas, nunca preteridas, pero permanentemente vigentes como admoniciones aleccionadoras! Si lo miramos por otro sesgo, el Grito Santeño es la voz del Interior que se adelanta dieciocho días a la disolución definitiva de la era colonial. En la capital, fue la imprenta, el periódico La Miscelánea que desempeñó un papel clave para difundir el ideal independentista, un periodismo combativo, veraz y liberal.
Es para siempre, para nosotros y las generaciones que nos sucedan, el mensaje pletórico de ideas y de ideales, hay que encarnarlo en nuestra coyuntura y saber que la Patria se inició a la luz de tan sólidos principios.
Ahora que fenece la vigésima centuria y se abre esperanzador el Tercer Milenio, es saludable, impostergable y edificante detenerse en la lectura despaciosa del Acta del 10 de noviembre de 1821 y sopesar sus conceptos medulares a fin de aquilatarlos, actualizarlos en función de nuestro presente y valorar con justa medida, la actuación de nuestros prohombres hace ya 178 años.
Primeramente, el pronunciamiento libertario se produce en consulta pública, democráticamente y la comunidad responde a la convocatoria de Julián Chávez, Presidente del Ayuntamiento o célula municipal en la cual reside, no sólo el poder, sino la voluntad general. Por ello, el acta subraya que estuvieron presentes "muchos vecinos", quienes, junto a las autoridades, componen ahora un solo haz de criterios, todos tendientes a procurar mejores días para los habitantes de esta tierra. ¡Porque al pueblo hay que escucharlo!.
En el encabezamiento, notamos la presencia del Doctor José María Correoso, el cura párroco del pueblo. ¿No sería acaso alguno de esos clérigos "ilustrados", imbuído de conceptos atrevidos, de raíz francesa, que terminaron por socavar los tronos europeos y aupaban las tendencias revolucionarias americanas? Cabe indagar qué nociones aportaría el hombre de Iglesia a la conmoción que se estaba dando en aquel reducto istmeño.
Los motivos para sacudir el tutelaje español eran evidentes. Los opresores -y éstas son palabras del Acta- "no pierden un momento de subyugar cada día más la libertad del hombre", desconociendo el fuero personal, "lo más sagrado" que es la dignidad del ciudadano y sus derechos innatos. La conexión con la filosofía francesa y norteamericana salta a la vista.
Sigamos leyendo el Acta. "Deseoso de vivir bajo el sistema Republicano", por entonces imperante en Colombia y estimándolo el más conveniente para los intereses de la comunidad istmeña, los padres santeños juraron la independencia.
Luego, como fruto del consenso, se nombró Comandante de Armas a Segundo de Villarreal. El pueblo admitió la nominación y le ofreció su respaldo. Es decir, los civiles aceptaban la autoridad del militar, de ella se complacían y acuerpaban su gestión, incluso que se otorgase al sujeto el grado de Coronel.
Al final del inmortal documento, Los Santos cursaba invitación al propio Ayuntamiento de la capital y a los de la Provincia de Veraguas, Alanje y Natá para que se solidarizaran con cuanto había ocurrido ese día décimo de noviembre de 1821.
Pese a todas las críticas que se han dirigido contra la fecha: falta de ideología de fondo, vacilación en constituir un Estado Nacional, anexión inmediata a Colombia, etc., lo cierto es que en Los Santos, ciudad de españoles desde sus orígenes, se dio la primera muestra de inconformidad por el régimen imperante y se echaron los fundamentos del futuro sentimiento nacionalista que irá configurándose a lo largo del siglo XIX, mientras fuimos colombianos, pero bien especiales y distintos.
El Acta de 10 de noviembre de 1821, expedida en Los Santos, es un imperecedero monumento cuyas ideas centrales han de ser conocidas por todos los panameños. Hacer valer el punto de vista de la mayoría, supeditar las milicias a la autoridad civil, participación de la Iglesia Católica a la hora de las grandes decisiones, respeto indiscutible a los derechos ciudadanos.
¡Con cuánta lozanía vienen hasta nosotros esas ideas, nunca preteridas, pero permanentemente vigentes como admoniciones aleccionadoras! Si lo miramos por otro sesgo, el Grito Santeño es la voz del Interior que se adelanta dieciocho días a la disolución definitiva de la era colonial. En la capital, fue la imprenta, el periódico La Miscelánea que desempeñó un papel clave para difundir el ideal independentista, un periodismo combativo, veraz y liberal.
Es para siempre, para nosotros y las generaciones que nos sucedan, el mensaje pletórico de ideas y de ideales, hay que encarnarlo en nuestra coyuntura y saber que la Patria se inició a la luz de tan sólidos principios.