Adopta tu hueco
Si en algo ha cumplido este gobierno para con el pueblo es que no nos deja de sorprender; el año pasado el Sr. Alcalde capitalino nos regaló una navidad entre las inmundicias de la basura; envolvió sus excusas en papel regalo y por poco gana la nominación presidencial dentro de su partido.
Nuestras autoridades hicieron, como siempre, su mejor esfuerzo y lograron volver a fastidiarnos; han permitido, con calculada precisión, que no exista avenida o calle en este sufrido país que no tenga su equitativa cuota de huecos, baches, hoyos, cráteres, rajaduras, hundimientos, o como usted quiera bautizarlos. ¿Será que esta gente no quiere que vivamos en paz?
Los huecos son como seres vivos; primero no nacen grandes, aparecen pequeños agrietamientos que luego se alimentan de los excesos de peso, la lluvia y del MOP. La desidia gubernamental en esta materia no parece tener límite. No se han puesto a pensar que nadie quiere lastimar a un hueco, evitamos caer en ellos; y si caemos, la culpa es del Sr. Ministro.
No quiero pensar que han fomentado el crecimiento desmedido de estas molestias con el fin de hacer proselitismo político con sus reparaciones.
Yo sugiero que iniciemos un inventario de los "cráteres" de cada calle, los clasifiquemos por tamaño, tiempo de vida y el impacto que causan en la circulación, y elijamos al más importante de todos y, por votación, le pongamos un nombre.
En la calle que sale del Corredor Sur a la altura de Llano Bonito existen unos huecos que creo le estamos tomando cariño; sabemos que están allí, y seguirán allí; los hemos visto crecer, sufrir con el agua, pero mantienen la majestuosidad de los que saben que son admirados, si se les admirada, a el ministro se le aborrece. Creo que los vendedores de amortiguadores los tienen como principal razón del aumento de sus ventas.
Un paliativo podría ser que pintaran los baches con pintura fluorescente y, de esa manera, avistarlos en la noche y a la distancia, pero ¿habrá suficiente pintura?
Hace unos días, para no fastidiarme de tanto tranque y lluvia, pensé en ver qué sucedía primero si escuchaba una propaganda del gobierno en la radio, o si caía en un hueco y, definitivamente, los extractos de los mensajes del Presidente transformados en cuñas superan por lejos los baches de las calles, algo que pareciera imposible, y reflexioné que el costo de cada mención comercial en la radio cuesta más que la reparación de un hueco.
Sr. presidente Torrijos, este problema del estado de nuestra red vial, principalmente en las ciudades, es grave; simplemente la inseguridad y el alto costo de la vida lo opacan. Por favor, circule un día de incógnito por las calles de su país como un ciudadano más, y estoy seguro que los huecos ya no serán los hijos favoritos de esta administración.