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Adviento 2000


Dentro de menos de un mes estaremos celebrando la Navidad. Será la última del siglo y del milenio. Francamente, ninguno de nosotros sobre todo los adultos que superamos los cuarenta años jamás tuvimos entre nuestros planes que íbamos, si Dios quiere, a estar entre los que celebrarían las últimas Navidades del siglo y de paso de esta última parte del milenio en que nos tocó vivir. Externamente, todo va a ser lo mismo y es que todo lo nuestro tiene que ser así. Ya que lo que decimos son accidentes externos y circunstanciales. Interiormente nuestra identidad permanecerá la misma con sus virtudes y sus defectos.
Transitaremos hacia el dos mil como quien atraviesa un aro de un lado a otro y... Hoy es el primer domingo de Adviento. Como quien dice inauguraremos el Año Nuevo Litúrgico Católico. Nos anticipamos al año Nuevo Civil. Son cuatro semanas preparatorias para conmemorar el Nacimiento de Jesucristo Nuestro Señor, verdadero Dios y verdadero Hombre.
Es cierto que todo es producto de cálculos aproximados. No aseveramos nada como metafísicamente cierto. Excluyendo toda posibilidad de error. Obviamente son convencionalismos producto de la creatividad humana basada en ciertas premisas probables, aludo a lo cronológico.
El adviento es tiempo oportuno y privilegiado para escuchar el anuncio de la liberación de los pueblos y de las personas. En él se percibe una invitación a dirigir el ánimo hacia un porvenir que se aproxima y se hace cercano, pero todavía está por llegar.
Tiempo para descubrir que nuestra vida pende de unas promesas de libertad de justicia, de fraternidad todavía sin cumplir, tiempo de vivir la fe como esperanza y como expectación, tiempo de sentir a Dios como futuro absoluto del hombre.
Reavivemos en él y revivimos la admirable espera de Israel por el Mesías ; anticipamos el final de los tiempos aún pendiente y por venir, incrustamos en esa línea histórica nuestro presente como encarnación y un compromiso.
De la mano de los grandes profetas, de los grandes precursores y ante todo, de Jesús, el hombre para los demás, nos hacemos al camino para celebrar la llegada de una humanidad adulta, transida del Espíritu de Dios y reconciliada con el mundo transformado, con la tierra nueva.
La liturgia del Adviento se ha ido construyendo por etapas sucesivas, desde el siglo VI hasta el VIII. En sus múltiples estratos se han sedimentado las diversas capas bíblicas, teológicas y catequéticas que encierra ese tiempo litúrgico.
La conmemoración este año tiene la particularidad de realizarse en vísperas de la celebración del Jubileo del año 2000 y el inicio del tercer milenio.
En nuestro país está claro que no hay mayor interés por celebrar el Jubileo e incluso son pocos los que se interesan por celebrarlo ni por conocer qué es y cómo se come, si es que se come.
Maduraremos con la reflexión sobre esta temática del Jubileo en nuestras próximas entregas dominicales. Una seria reflexión nos llevará a tomar el Jubileo en serio, impulsándonos a nuevos compromisos para hacer presente en el mundo las transformaciones sociales que nuestra situación nos exige.
Así como luchamos contra la funesta droga que nos convierte en piltrafas humanas así debemos animarnos a no permitir que los mercaderes de la propaganda y el dinero logren que nuestras comunidades cristianas cedan dócilmente a la presión que año tras año realizan para depositar en el derroche y la opulencia la alegría de estas fiestas.

101 años de Panamá América

 
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