Adviento 2001 "Ven, Señor, Jesús"
El tiempo sigue su marcha. Como si fuera ayer, hablábamos sobre el final del milenio con todo el debate de que si sería el final del 2000 o el 2001, hoy ya nadie se preocupa de ello. El hecho es que ya terminamos el primer año de este siglo XXI.
El Adviento, período litúrgico que precede a la celebración de la fiesta del Nacimiento de Nuestro Salvador, coincide con otro período que es el de las compras del tiempo navideño. Se han abierto las compuertas de los millones de balboas o dólares que van a estar en circulación, tanto de la Caja de Ahorros con las libretas de Ahorros de Navidad y otros bancos con los ahorros de sus cuentahabientes. Lamentablemente, como hemos estado en una desaceleración económica que la traducía el pueblo repitiendo "la calle está dura" "Me estoy comiendo un cable and wireless", al surgir mayores ventas y empleos temporales se ha notado un desbordamiento frenético por nuestras calles y avenidas que pareciera que cada año es peor. Es como un indicador colectivo de nuestra idiosincrasia, "no tengo pero lo poco que tengo a gastarlo" Como que se nos obnubila la mente y entramos en la "rats race" que se manifiesta en el excesivo volumen de vehículos que ya no caben por nuestras calles. Ni mencionar el horroroso e incalificable comportamiento de los automedones llamados "diablos rojos". Estos "nadie ni nada puede detenerlos" El martes pasado, en el espacio entre la entrada del colegio Javier en Vía España y las instalaciones del IJA del Casino, se produjo uno de los famosos tranques, no el más famoso, uno de los muchos, pues hubo dos colisiones: dos buses, cada uno por separado, habían embestido a otros vehículos. ¡Qué manera de prepararnos para la Navidad! Pareciera que estuviéramos oyendo en unos altoparlantes gigantes e inexistentes: "Corran porque se acaba" Al haber en la calle dinero, algunos dicen que $200 millones, "el dinero viene a ser como una inyección de adrenalina que impele al parroquiano a una hiperactividad casi enfermiza de consumir".
Una manera de liberarse de las presiones exógenas pre-navideñas es volver al verdadero sentido del Adviento. El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres y es, a la vez, el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos "la parusía". Por estas razones, el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre (Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario num. 39).
Durante el tiempo de Adviento, recordamos frecuentemente en la Liturgia a la Santísima Virgen María. De este modo, los fieles que trasladan de la Liturgia a la vida, el espíritu de Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen María esperó al Hijo, se sienten animados a tomarla como modelo y a prepararse, vigilantes, en la oración y jubilosos en la alabanza, para salir al encuentro del Salvador que viene.
Durante los tres meses que separan el primer domingo de Cuaresma del domingo de Pentecostés, la comunidad cristiana vive el período más intenso del año. Por importante que sea la celebración de las fiestas de la venida del Señor entre los hombres, no admite comparación con las de la Pascua. En el año cristiano hay dos polos: Pascua y Navidad. Y un punto culminante, Pascua.
Las cuatro semanas del tiempo de Adviento supusieron, al principio, una preparación para las celebraciones de la Navidad. La Liturgia del Adviento evoca alternativamente ambas venidas del Señor, haciendo notar a la vez, que Cristo no cesa de venir al mundo y de manifestarse a los hombres a través de la vida y el testimonio de los que creen en El.
Adviento, que quiere decir "venida", "llegada", es un espacio temporal, mental en el que nos preparamos a celebrar las efemérides humanas del Verbo de Dios, su Palabra, revestida de nuestra carne humana, su primera venida en humildad. Nuestra preparación para estas celebraciones hasta fiesta de Navidad. Serán días llenos de esperanza y días de una sobria penitencia simbolizada en el color morado de las vestiduras y otros adornos litúrgicos. Días de intensa escucha de la palabra de Dios que nos hará oír la voz de los profetas, especialmente de la de Isaías, y nos hará contemplar a Juan Bautista y a la Virgen María, ellos también como nosotros, volcados a la espera del Salvador. Son días de recogimiento y de oración, de una alegría contenida que nace de la espera de algo que sabemos será maravilloso para nuestras vidas. Días en los que debemos evitar los desbordamientos y los excesos a que nos incita la propaganda y la publicidad de los mercaderes, ellos que han convertido la Navidad en una feria, en parte porque nosotros, con nuestra complicidad usual, lo hemos fomentado y permitido. Por tanto, "ven Señor, Jesús"
El Adviento, período litúrgico que precede a la celebración de la fiesta del Nacimiento de Nuestro Salvador, coincide con otro período que es el de las compras del tiempo navideño. Se han abierto las compuertas de los millones de balboas o dólares que van a estar en circulación, tanto de la Caja de Ahorros con las libretas de Ahorros de Navidad y otros bancos con los ahorros de sus cuentahabientes. Lamentablemente, como hemos estado en una desaceleración económica que la traducía el pueblo repitiendo "la calle está dura" "Me estoy comiendo un cable and wireless", al surgir mayores ventas y empleos temporales se ha notado un desbordamiento frenético por nuestras calles y avenidas que pareciera que cada año es peor. Es como un indicador colectivo de nuestra idiosincrasia, "no tengo pero lo poco que tengo a gastarlo" Como que se nos obnubila la mente y entramos en la "rats race" que se manifiesta en el excesivo volumen de vehículos que ya no caben por nuestras calles. Ni mencionar el horroroso e incalificable comportamiento de los automedones llamados "diablos rojos". Estos "nadie ni nada puede detenerlos" El martes pasado, en el espacio entre la entrada del colegio Javier en Vía España y las instalaciones del IJA del Casino, se produjo uno de los famosos tranques, no el más famoso, uno de los muchos, pues hubo dos colisiones: dos buses, cada uno por separado, habían embestido a otros vehículos. ¡Qué manera de prepararnos para la Navidad! Pareciera que estuviéramos oyendo en unos altoparlantes gigantes e inexistentes: "Corran porque se acaba" Al haber en la calle dinero, algunos dicen que $200 millones, "el dinero viene a ser como una inyección de adrenalina que impele al parroquiano a una hiperactividad casi enfermiza de consumir".
Una manera de liberarse de las presiones exógenas pre-navideñas es volver al verdadero sentido del Adviento. El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres y es, a la vez, el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos "la parusía". Por estas razones, el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre (Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario num. 39).
Durante el tiempo de Adviento, recordamos frecuentemente en la Liturgia a la Santísima Virgen María. De este modo, los fieles que trasladan de la Liturgia a la vida, el espíritu de Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen María esperó al Hijo, se sienten animados a tomarla como modelo y a prepararse, vigilantes, en la oración y jubilosos en la alabanza, para salir al encuentro del Salvador que viene.
Durante los tres meses que separan el primer domingo de Cuaresma del domingo de Pentecostés, la comunidad cristiana vive el período más intenso del año. Por importante que sea la celebración de las fiestas de la venida del Señor entre los hombres, no admite comparación con las de la Pascua. En el año cristiano hay dos polos: Pascua y Navidad. Y un punto culminante, Pascua.
Las cuatro semanas del tiempo de Adviento supusieron, al principio, una preparación para las celebraciones de la Navidad. La Liturgia del Adviento evoca alternativamente ambas venidas del Señor, haciendo notar a la vez, que Cristo no cesa de venir al mundo y de manifestarse a los hombres a través de la vida y el testimonio de los que creen en El.
Adviento, que quiere decir "venida", "llegada", es un espacio temporal, mental en el que nos preparamos a celebrar las efemérides humanas del Verbo de Dios, su Palabra, revestida de nuestra carne humana, su primera venida en humildad. Nuestra preparación para estas celebraciones hasta fiesta de Navidad. Serán días llenos de esperanza y días de una sobria penitencia simbolizada en el color morado de las vestiduras y otros adornos litúrgicos. Días de intensa escucha de la palabra de Dios que nos hará oír la voz de los profetas, especialmente de la de Isaías, y nos hará contemplar a Juan Bautista y a la Virgen María, ellos también como nosotros, volcados a la espera del Salvador. Son días de recogimiento y de oración, de una alegría contenida que nace de la espera de algo que sabemos será maravilloso para nuestras vidas. Días en los que debemos evitar los desbordamientos y los excesos a que nos incita la propaganda y la publicidad de los mercaderes, ellos que han convertido la Navidad en una feria, en parte porque nosotros, con nuestra complicidad usual, lo hemos fomentado y permitido. Por tanto, "ven Señor, Jesús"